lunes, 19 de abril de 2010

Sin aviones


Amiga,

Desde el jueves está cerrado el espacio aéreo británico porque un volcán de nombre impronunciable está echando cenizas al aire en Islandia. Ha sido un caso tan extraordinario que hasta los medios han tardado en reaccionar. Apenas hoy, cuatro días después, la prensa está comenzando a mostrar signos de alarma. Pero al menos hasta ayer no parecía haber una sola voz disidente. Todo el mundo había aceptado las medidas de cierre como válidas.

Y es que el exceso de precauciones se ha juntado en este caso con el pánico —bastante justificado— que produce la idea de que, por falta de previsión, se caigan de pronto tres o cuatro aviones. Es por eso por lo que los primeros días parecía que nadie estaba en contra de la medida de cerrar de plano el espacio aéreo. Pero hoy, de pronto, todo el mundo ha comenzado a quejarse. No es lo mismo quedarse aislado por uno o dos días, que verse obligado al aislamiento por un tiempo indefinido.

Es en casos como éste que uno recuerda que está en una isla. Aunque, en general, los primeros días todo el mundo parecía haberse tomado el asunto con calma, pensando que no pasaría de ahí, ahora la gente que se quedó varada en cualquier otro lado ha empezado a desesperarse y ha estado tratando de regresar como sea, por tren o por ferry. Así que te puedes imaginar las colas en los terminales y las estaciones. El asunto, pues, está pasando a castaño oscuro y hasta han habilitado naves de guerra para ‘rescatar’ a los británicos que no han podido volver de las costas ajenas.

Como es lógico, las primeras en quejarse han sido las líneas aéreas. Y ya han hecho entre ayer y hoy varios vuelos de reconocimiento sin pasajeros, llegando a la sorprendente conclusión de que las cenizas volcánicas, en realidad, no sólo no han dañado el fuselaje ni los motores, sino que ni siquiera han dejado un rasguño en el parabrisa de los aviones de prueba. Y entonces ¿a qué viene tanta precaución?

Pues resulta que la alarma fue disparada por un modelo simulado en una computadora. Y no me ha sorprendido para nada leer hoy en la prensa que el modelo fue desarrollado en un centro británico. Esta es la tierra de las precauciones innecesarias, como lo sabe todo el que alguna vez haya tomado aquí un curso de manejo o leído en un manual cómo se debe dar una vuelta en U en una calle.

Gracias a ese modelo simulado fue que se llegó a la brillante conclusión de que había que suspender todos los vuelos, sin que a nadie se le hubiera ocurrido antes la elemental precaución de hacer al menos una prueba en vivo y directo, es decir, utilizar el más elemental principio de realidad. Por eso el grito al cielo de las compañías y los pilotos que han atravesado entre ayer y hoy la temible lluvia de cenizas para encontrarse con que es de lo más inofensiva.

Todo indica que mañana martes se reanudarán los vuelos en casi toda Europa y tal vez también en el reino, si el exceso de precaución no apremia. Mientras tanto, los que estamos varados en tierra hemos disfrutado de cielos excepcionalmente límpidos y sin ruido alguno. Un lujo raro en este rincón del mundo en el que es casi imposible presenciar o recordar siquiera un horizonte sin aviones.

Así que, amiga, me estoy poniendo ya mis zapatos de caminar para acercarme al parque y mirar tal vez por última vez ese cielo despejado. Mañana será un día más ruidoso…

Te mando un abrazo sin cenizas,
r

No hay comentarios: