<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654</id><updated>2012-02-16T07:04:01.890Z</updated><category term='Libros'/><category term='Cuentos'/><category term='Fringe'/><category term='Memorias'/><category term='Temas'/><category term='Películas'/><category term='Literatura'/><category term='Crónicas'/><category term='Cumpleaños'/><category term='Tierruca'/><category term='Vida cotidiana'/><category term='Caminatas'/><category term='Citas'/><category term='Recordar las casas'/><category term='Traducciones'/><category term='Noticias'/><category term='Aniversario'/><category term='Poemas'/><category term='Día a día'/><category term='Comentario'/><category term='Ciudades'/><category term='Viajes'/><category term='Tiempo'/><category term='Lecturas'/><category term='Textos de Eliza'/><title type='text'>Notas para Eliza</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>268</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-4809160454508610751</id><published>2012-02-13T16:25:00.003Z</published><updated>2012-02-13T16:32:03.373Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vida cotidiana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Citas'/><title type='text'>Pavor quieto</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-bIzXWFdYg0U/Tzk6_XLXvOI/AAAAAAAAD4Q/NVy2VamjIcw/s1600/atardecer.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-bIzXWFdYg0U/Tzk6_XLXvOI/AAAAAAAAD4Q/NVy2VamjIcw/s400/atardecer.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5708658862896692450" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos días me ha estado rondando una especie de revelación. Soy de quienes piensan que uno descubre cosas lentamente y así mismo aprende y desaprende –muy, pero muy despacio. Y una de las lecciones de vida que he estado volviendo a aprender, a cámara lenta, en estos días en los que me acostumbro a ser una cincuentona es que uno debe aceptar que hay momentos en los que la voluntad no basta, en que hay que abandonarse y dejarse ir, como si se flotara en la corriente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez esta revelación –contra la que he luchado tantas veces a lo largo de mi vida– se me haya hecho evidente otra vez leyendo a Juan Gabriel Vásquez. Comencé leyendo su novela &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Los informantes&lt;/span&gt;, que me deslumbró. Después leí &lt;span style="font-style:italic;"&gt;El ruido de las cosas al caer&lt;/span&gt;, que ganó el Premio Alfaguara el año pasado, con toda razón, porque es una novela perfecta. Y ahora estoy leyendo, en mi iPod, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Historia secreta de Costaguana&lt;/span&gt;: un texto divertido y trágico a la vez, pero que no tiene una sola línea de desperdicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo para darte una idea te dejo aquí un fragmento de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;El ruido de las cosas al caer&lt;/span&gt;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;La edad adulta trae consigo la ilusión perniciosa del control, y acaso dependa de ella. Quiero decir que es ese espejismo de dominio sobre nuestra propia vida lo que nos permite sentirnos adultos, pues asociamos la adultez con la autonomía, el soberano derecho a determinar lo que vaya a sucedernos enseguida. El desengaño viene más pronto o más tarde, pero viene siempre, no falta a la cita, nunca lo ha hecho. Cuando llega lo recibimos sin demasiada sorpresa, pues nadie que viva lo suficiente puede sorprenderse de que su biografía haya sido moldeada por eventos lejanos, por voluntades ajenas, con poca o ninguna participación de sus propias decisiones. Esos largos procesos que acabarán por toparse con nuestra vida –a veces para darle el empujón que necesitaba, a veces para hacer estallar en pedazos nuestros planes más espléndidos– suelen estar ocultos como corrientes subterráneas, como meticulosos desplazamientos de las capas tectónicas, y cuando por fin se da el terremoto invocamos las palabras que hemos aprendido a usar para tranquilizarnos, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;accidente&lt;/span&gt;, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;casualidad&lt;/span&gt;, a veces &lt;span style="font-style:italic;"&gt;destino&lt;/span&gt;. Ahora mismo hay una cadena de circunstancias, de errores culpables o de afortunadas decisiones, cuyas consecuencias me esperan a la vuelta de la esquina; y aunque lo sepa, aunque tenga la incómoda certeza de que esas cosas están pasando y me afectarán, no hay manera de que pueda anticiparme a ellas. Lidiar con sus efectos es todo lo que puedo hacer: reparar los daños, sacar el mayor provecho de los beneficios. Lo sabemos, lo sabemos bien; y sin embargo siempre da algo de pavor cuando alguien nos revela esa cadena que nos ha convertido en lo que somos. Siempre desconcierta constatar, cuando es otra persona que nos trae la revelación, el poco o ningún control que tenemos sobre nuestra experiencia.&lt;br /&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí el texto de Juan Gabriel Vásquez. Igual que el personaje que narra esta historia, yo estoy en estos días aceptando la idea de que la vida no está sólo hecha de las decisiones que tomamos, de las cosas que logramos alcanzar a punta de voluntad, sino que también se construye gracias al azar, a los encuentros inesperados y a la coincidencia de dos o más acontecimientos que no podemos controlar. No se trata de resignarse, o al menos ese es el mantra que me repito una y otra vez. Se trata de aprender a esperar. Y de vivir el momento quieto en el que parece que nada pasa como si se tratara de una bendición. La vida nos regala pausas y en esas pausas crecemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que aquí estoy, amiga, aprendiendo a vivir en un pavor quieto. Sólo espero que no sea una pausa eterna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo abandonado,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-4809160454508610751?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/4809160454508610751/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/02/pavor-quieto.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4809160454508610751'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4809160454508610751'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/02/pavor-quieto.html' title='Pavor quieto'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-bIzXWFdYg0U/Tzk6_XLXvOI/AAAAAAAAD4Q/NVy2VamjIcw/s72-c/atardecer.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-764022646148875192</id><published>2012-02-03T16:56:00.005Z</published><updated>2012-02-06T14:11:56.314Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Traducciones'/><title type='text'>Corazones lavados</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-hXhNz3bHMXE/TywSUOia_gI/AAAAAAAAD4A/ZI2EpIK0QB8/s1600/rio.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-hXhNz3bHMXE/TywSUOia_gI/AAAAAAAAD4A/ZI2EpIK0QB8/s400/rio.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704954966680731138" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo semanas mirando al lado de mi computadora un recorte de prensa de una columna que me llamó la atención y guardé con ánimo de traducirla. Y ahora que escribo “recorte de prensa” me doy cuenta de lo obsoleto que se ha vuelto ya ese objeto y el concepto mismo de un papel recortado de un periódico. En estos días ya no recortamos papeles sino que guardamos archivos en carpetas virtuales. Pero, como sea, la verdad es que tengo aquí al lado mientras te escribo la tira larga del periódico en el que leí un artículo que quería comentarte. Se trata de un texto sobre el lavado de cerebros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A propósito de la muerte del líder norcoreano, Kim Jong-il, y de las demostraciones de histeria colectiva de sus deudos y –¿por qué no?– súbditos, Kathleen Taylor, se preguntaba en el periódico The Guardian si se trataba de un lavado de cerebro. La suya es una opinión autorizada, porque Taylor escribió un libro sobre el tema: &lt;a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Brainwashing:_The_Science_of_Thought_Control"&gt;Lavado de cerebro: La ciencia del control del pensamiento&lt;/a&gt; (Universidad de Oxford, 2004) y en esta breve columna que te comento hace un resumen muy apretado de las condiciones que deben cumplirse para que un lavado de cerebro colectivo o a gran escala sea posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al leer este texto no pude evitar pensar en nuestra tierruca, en las demostraciones de cariño “auténtico” que le profesan al presidente venezolano las multitudes que lo aclaman en el balcón del pueblo, en las viejitas rezando el rosario por su salud, y en otras manifestaciones de apoyo incondicional a las que estamos ya –tal vez demasiado– acostumbrados. Por eso me armé de una tijera el otro día y recorté –como ya no se hace– este texto para traducirte al menos una parte. Y aquí va ese fragmento de un texto que se llama “Corazones y mentes”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;El lavado de cerebro lleva al extremo las técnicas de persuación desarrolladas a lo largo de siglos, utilizando un ambiente altamente coercitivo y controlado. Un campo de prisioneros es el espacio ideal; una dictadura autoritaria se le parece bastante. Las intensas presiones sociales hacen que la adopción de nuevas creencias o convicciones –o su aparente aceptación– parezca el camino más fácil a seguir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cinco técnicas básicas utilizan el aislamiento, el control, la incertidumbre, la repetición y la manipulación de emociones. Estas técnicas funcionan porque nuestros cerebros no son estáticos ni autosuficientes, sino que están constantemente recibiendo nueva información acerca de lo que les rodea, construyendo opiniones y generando comportamientos. Si se cambia la información recibida y se controla el comportamiento, es posible cambiar las mentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que hay que hacer es poner a la persona en un nuevo ambiente. El aislamiento cambia de inmediato la información que el cerebro recibe, haciendo más débiles las creencias anteriores. (...) Lo segundo, controlar el nuevo ambiente, especialmente en lo que se refiere a bloquear las informaciones o estímulos que puedan volver de nuevo activas las creencias anteriores. Es necesario rodear a la persona de creyentes; prohibir la libertad de prensa y la apertura a internet o controlar lo que estos medios hacen circular. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es fundamental usar la incertidumbre. Los humanos no soportan la incertidumbre, especialmente si se sienten amenazados. La idea es desmontar las viejas creencias hasta que parezcan ridículas: cualquier idea puede parecer extraña si se la lleva hasta el límite (...).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La repetición es necesaria, porque el lavado de cerebro no se logra rápidamente, lleva tiempo y esfuerzo. (...) Y, finalmente, hay que hacer uso de emociones fuertes. Hay que usar el castigo cuando las creencias antiguas emergen y premiar el uso de las nuevas ideas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si estas técnicas se combinan a lo largo de los años, el resultado es poderosísimo. &lt;br /&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí el texto de Kathleen Taylor, que finaliza con una nota optimista, afirmando que algunas de estas técnicas son armas de doble filo. Sobre todo el uso reiterado de la incertidumbre. Porque si una población sometida a estas técnicas ve en el gobierno una fuente de incertidumbre permanente, llega un punto en que la gente simplemente no aguanta más y se rebela. De más está decir que estas técnicas están presentes, juntas o por separado, en todas las estrategias publicitarias del régimen de Chávez. Y esa es la razón por la que recorté esta columna para traducírtela aquí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperemos que la pasión del gobierno venezolano por la siembra de incertidumbre termine llevando a la gente al límite de lo soportable. Esperemos que esté cerca el día que los votos revelen que los venezolanos ya no quieren vivir en el aislamiento, con cada uno de sus movimientos controlados, bajo la más desesperante incertidumbre con respecto al futuro y sometidos a la repetición incansable de los mismos discursos que juegan con las emociones más básicas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, por encima de todo, esperemos que después de esta experiencia los venezolanos aprendan alguna lección válida para el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es demasiado esperar. Pero la esperanza es terca, amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo –¿cómo más podría ser?– esperanzado,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-764022646148875192?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/764022646148875192/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/02/corazones-lavados.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/764022646148875192'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/764022646148875192'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/02/corazones-lavados.html' title='Corazones lavados'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-hXhNz3bHMXE/TywSUOia_gI/AAAAAAAAD4A/ZI2EpIK0QB8/s72-c/rio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-6806362240223130124</id><published>2012-01-25T14:02:00.008Z</published><updated>2012-01-26T11:12:43.452Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Traducciones'/><title type='text'>Correr y escribir</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-AA2p3blDkxM/TyAPZ0quHeI/AAAAAAAAD3w/bzX15xr8OJU/s1600/campo-enero2012.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-AA2p3blDkxM/TyAPZ0quHeI/AAAAAAAAD3w/bzX15xr8OJU/s400/campo-enero2012.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5701574064560020962" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo días leyendo, entre otros libros, el texto de Joyce Carol Oates que se llama &lt;a href="http://books.google.co.uk/books/about/The_faith_of_a_writer.html?id=b3yxQgAACAAJ&amp;redir_esc=y"&gt;La fe de un escritor&lt;/a&gt;. He sentido varias veces el impulso de traducirte algunos de sus fragmentos y me he distraído después con otras lecturas. Pero hoy me senté a traducir el fragmento que se llama "Correr y escribir" porque sé que va a interesarle mucho a nuestra amiga Gina, aunque a ti no te va a hacer mucha gracia, siendo como eres enemiga jurada del ejercicio físico. Así que esta vez uso nuestro blog para hacerle llegar a otra amiga un texto que sé que le va a decir mucho más de lo que te va a revelar a ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero antes una línea sobre la traducción. No es nada fácil traducir a Joyce Carol Oates. Tal vez por eso gran parte de su obra sigue sin circular en español. La dificultad tal vez esté en que su flujo de pensamiento no se atiene a una lógica de causa-efecto. Sus ideas fluyen sin orden y el traductor tiene todo el tiempo la tentación de "ordenar" ese flujo, de darle una mayor consistencia, de hacerlo entrar en razón. No me he sentido ajena a esa tentación y he enmendado varios saltos abruptos y cambiado con frecuencia una puntuación enrevesada por una que me resulta más clara. Aún así, he tratado de respetar la carrera del texto, sus saltos y sus aparentes inconsistencias. Espero que la traición no supere el esfuerzo de ser fiel. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Correr y escribir&lt;/span&gt;, por Joyce Carol Oates&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;¡Correr! Si hay una actividad más feliz, más emocionante, más nutritiva para la imaginación no logro pensar cuál puede ser. Al correr, la mente vuela junto con el cuerpo; la misteriosa fluorescencia del lenguaje parece palpitar en el cerebro, siguiendo el ritmo que los pies y el movimiento pendular de los brazos. De manera ideal, el escritor que es también corredor recorre el territorio de sus ficciones, como un fantasma que atraviesa un paisaje real. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debe haber algún tipo de analogía entre correr y soñar. La mente que sueña no tiene cuerpo, tiene poderes especiales para moverse y, al menos en mi experiencia, con frecuencia corre o se desliza o “vuela” por la tierra o el aire. (Dejando a un lado la conocida e insatisfactoria teoría de que los sueños no son más que compensaciones: vuelas en sueños porque en la vida real apenas te arrastras; te desplazas por encima de todos mientras duermes, porque en la vida real otros están por encima de ti). Es posible que esos triunfos del desplazamiento que parecen cuentos de hadas sean residuos atávicos, memorias alucinatorias de un ancestro distante para el que el ser físico, sobrecargado de adrenalina en situaciones de emergencia, no podía distinguirse del ser espiritual o intelectual. Al correr, el “espíritu” parece impregnar el cuerpo. Del mismo modo que los músicos experimentan el extraño fenómeno de la memoria táctil en la punta de los dedos, el corredor parece experimentar en los pies, en los pulmones, en el pulso acelerado, una extensión del yo que imagina. Los problemas estructurales que me planteo al escribir en una mañana de trabajo larga, confusa, frustrante y con frecuencia deseperanzada, por ejemplo, puedo casi siempre desentrañarlos corriendo en la tarde. En los días en los que no puedo correr, no me siento yo misma, y el yo que se me revela en esos momentos me gusta mucho menos que el otro. Y la escritura continúa siendo frustrante y confusa en medio de una revisión sin fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es sabido que a muchos escritores y poetas les encanta estar en movimiento. Si no corren, suben montañas; si no suben montañas, caminan. (Como saben todos los corredores, caminar, incluso muy rápido, es apenas un sustituto de correr. Es una actividad a la que tarde o temprano todos tenemos que recurrir cuando las rodillas nos fallan, pero al menos es una opción.) Los grandes poetas románticos ingleses se inspiraron claramente en sus largas caminatas, en todos los tipos de climas: Wordsworth y Coleridge en el idílico Lake District, por ejemplo; Shelley (“Yo sigo adelante hasta que algo me detiene y nunca nada me detiene”) durante sus cuatro intensos años en Italia. Los trascendentalistas de la Nueva Inglaterra, de los cuales el más famoso fue Henry David Thoreau, eran intensos caminantes. Thoreau se jactaba de haber viajado mucho estando en una misma ciudad, y en su elocuente ensayo titulado “&lt;a href="http://www.gutenberg.org/files/1022/1022-h/1022-h.htm"&gt;Caminar&lt;/a&gt;” reconocía que necesitaba pasar más de cuatro horas al día fuera de casa, caminando; si no, se sentía “como si hubiera cometido un pecado por el que era necesario pagar un alto precio”. El texto que más me gusta sobre el tema es &lt;a href="http://books.google.co.uk/books?id=t4d12dLJNgkC&amp;printsec=frontcover&amp;hl=es&amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;cad=0#v=onepage&amp;q&amp;f=false"&gt;“Caminatas nocturnas”&lt;/a&gt; de Charles Dickens, que Dickens escribió algunos años después de haber sufrido un caso extremo de insomnio que lo impulsó a salir a las calles de Londres durante toda la noche. Escrito con la brillantez típica de Dickens, este inquietante ensayo parece apuntar más allá de lo que las palabras revelan; Dickens asocia su terrible inquietud nocturna con la sensación de no tener casa, y por lo tanto de sentirse fuera de sí mismo. Se trata de una identidad nueva e impersonal, que él califica como “callejera”, y que lo impulsa a caminar y caminar y caminar en la oscuridad y bajo la lluvia persistente. (Nadie ha captado la romántica desolación, el éxtasis de estar al borde de la locura, mejor que Dickens, quien ha sido erróneamente considerado como un dispensador de historias populares y sentimentales.) No es ninguna sorpresa que Walt Whitman haya caminado largas distancias, porque es posible sentir el pulso del caminante en sus poemas encantatorios y casi sin aliento, pero puede ser sorprendente descubrir que Henry James, cuyo estilo se parece más al ritmo de una intrincada labor de tejido que a la fluidez del movimiento, también adoraba caminar largas millas por Londres.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo también caminé (y corrí) por largas millas en Londres hace unos años. La mayoría de las veces en Hyde Park. Sin importar el clima que hiciera. Estaba acompañando a mi esposo durante su año sabático y vivíamos en una calle de Mayfair que daba a la esquina de los oradores. Sentía tanta nostalgia por América y por Detroit, que corría compulsivamente; no para descansar de la intensidad de la escritura, sino como un ejercicio que formaba parte del proceso mismo de escribir. Porque mientras corría en el Hyde Park, estaba corriendo en Detroit, imaginando los parques y las calles de la ciudad, las avenidas y las autopistas, con una claridad visual tal que al regresar a nuestro apartamento sólo tenía que transcribir lo que había visto para recrear Detroit en mi novela &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Do with me what you will&lt;/span&gt; –Has conmigo lo que quieras– de una manera tan fiel como habría sido capaz de hacerlo mientras vivía en esas mismas calles. ¡Qué experiencia tan impresionante! Sin los intervalos para correr no creo que hubiera podido escribir esa novela; y sin embargo, qué absurdo –se podría pensar– estar viviendo en Londres, una de las más hermosas ciudades del mundo, y estar soñando con Detroit, una de las más problemáticas ciudades que existen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto correr como escribir son actividades altamente adictivas, y para mí ambas están vinculadas de manera inextricable con el despertar de la conciencia. No puedo recordar un tiempo en el que yo no estuviera corriendo y no puedo recordar un tiempo en que no estuviera escribiendo. (Antes de que pudiera escribir lo que podríamos llamar palabras humanas, yo imitaba ávidamente la escritura de los adultos con mis garabatos infantiles. Mis primeras “novelas” –que me temo que mis padres todavía guardan, en un baúl o una gaveta en nuestra vieja granja en Millersport, New York– consistían en libretas llenas de garabatos con dibujos de animales como gallinas, caballos y gatos parados sobre dos patas. Porque para entonces yo no era capaz de dibujar personas y estaba muy lejos todavía de comprender la psicología humana.) Mis memorias más antiguas de caminatas por el campo tienen que ver con la sensación especial de soledad que sentía al correr o escalar en nuestra plantación de peras y manzanas, o a través de los altos sembradíos de maíz, movidos por el viento, que se levantaban sobre mi cabeza, o a lo largo de los caminos que usaban los granjeros o a las orillas del río Tonawanda. Durante toda mi infancia, corriendo o caminando, exploré incansablemente el campo: las granjas vecinas, los antiguos graneros que escondían tesoros inesperados, las casas vacías y las propiedades abandonadas de todo tipo, algunas de ellas supuestamente peligrosas, como los tanques de agua y los pozos cubiertos con precarios tablones de madera. Estas actividades están íntimamente relacionadas con el impulso de contar historias, porque siempre hay un yo fantasma, un yo “ficticio”, en ese tipo de escenarios. Por eso creo que cualquier forma de arte es una especie de exploración y transgresión. (Nunca vi un signo de NO PASAR que no fuera un reto para mi temperamento rebelde. Esas señales, ubicadas debidamente en árboles y cercas, para mí  significaban más bien, ¡PASA DE UNA VEZ!) Escribir es invadir el espacio ajeno, aunque sea para perpetuarlo; escribir es incitar a la censura más rabiosa de parte de quienes no escriben, o de quienes no escriben de la manera que uno lo hace y se sienten amenazados por un tipo de escritura diferente. El arte, por naturaleza, es un acto de transgresión y los artistas deben aceptar ser castigados por eso. El castigo será más devastador mientras más original e incómodo sea el arte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si escribir implica castigo, al menos para algunos de nosotros, el acto de correr, incluso cuando somos adultos, puede evocar recuerdos dolorosos de haber sido, hace tiempo, cuando éramos niños, perseguidos por gente que quería atormentarnos. (¿Hay algún adulto que no tenga el recuerdo de alguien que lo atormentó? ¿Hay alguna mujer adulta que no haya sido, de una u otra manera, molestada sexualmente o amenazada?) ¡Esa descarga de adrenalina que parece una inyección directa al corazón! Cuando era niña asistí a una escuela rural en la que todos los grados estaban reunidos en un mismo salón. Eran ocho grados muy diferentes a los que les daba clases la misma maestra sobrecargada de trabajo. No había manera de escapar a las bromas, los golpes, los pellizcos, las bofetadas, los rasguños, ni a las patadas o los insultos que eran comunes en el patio de la escuela, más allá del santuario del salón de clase, porque en esos años no había ninguna ley que protegiera a los niños contra semejante maltrato. Esa era la época en la que un hombre podía golpear a su mujer y a sus hijos, y la policía muy rara vez intervenía a menos que hubiera algún herido grave o un muerto. Con frecuencia, mientras estoy corriendo en los más idílicos paisajes, me acuerdo de la niña que, hace décadas, corría atacada por el pánico. Yo fui una de esas niñas sin suerte que no tenía hermanos mayores que la defendieran contra la crueldad sistemática de los compañeros de clase, así que mi única defensa válida era salir corriendo. No creo que me hubieran elegido a mí particularmente para molestarme porque yo tuviera buenas notas o algo así. Años después entendí que se trataba de un abuso de género y que no era nada personal. Es un acto que debe prevalecer a lo largo de las especies y nos permite comprender las experiencias de los otros, experimentar una sensación parecida a lo que debe ser el verdadero pánico, el auténtico sufrimiento y la real desesperación. El abuso sexual nos parece el más odioso tipo de abuso y es con seguridad el tipo de abuso que alimenta el olvido reparador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más allá de las palabras impresas, en mis libros están siempre presentes los lugares que me permitieron imaginar los libros y sin los cuales esas historias no podrían existir. En algún momento en 1985, por ejemplo, corriendo a lo largo del río Delaware, al sur de Yardley en Pennsylvania, miré hacia arriba y vi las ruinas de un puente ferroviario y recuperé en un instante el recuerdo vivo,  visceral, de haber cruzado un puente peatonal que estaba al lado de una línea de tren muy parecida a la que estaba viendo, por encima del Canal Erie, en Lockport, New York, cuando yo tenía entre doce y catorce años. En ese momento vi la posiblidad de una novela que sería después &lt;span style="font-style:italic;"&gt;You Must Remember This&lt;/span&gt; –Tienes que recordar esto– ubicada en una mítica ciudad al norte del estado de Nueva York muy parecida a la original. Pero con frecuencia ocurre lo contrario: me encuentro corriendo en un lugar tan enigmático, entre casas tan misteriosas, que estoy obligada a escribir sobre esos lugares, para hacerlos vivir en la ficción, como se dice. Soy una escritora totalmente fascinada por los lugares. Gran parte de mi escritura es una manera de aliviar la nostalgia por mi lugar de origen, y los espacios que habitan mis personajes son tan cruciales para mí como los personajes mismos. No podría escribir ni siquiera un cuento corto sin ver con total claridad lo que los personajes están viendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las historias nos llegan como expectros que exigen ser encarnados. Cuando corro, mi consciencia se expande de tal modo que puedo mirar lo que estoy escribiendo como si viera una película o un sueño. Con muy poca frecuencia invento algo frente a la máquina de escribir, lo que hago es recordar lo que he visto mientras corría. No uso computadora sino que escribo largos fragmentos a mano (Sí, ya sé, los escritores son locos). Para el momento en que me siento a tipear formalmente lo que he escrito, ya lo he visualizado varias veces. Nunca he concebido la escritura como un simple arreglo de palabras sobre la página sino como el intento de darle cuerpo a una visión, a un complejo de emociones, a una experiencia cruda. El esfuerzo del arte que perdura es el de evocar en el lector o el expectador las emociones apropiadas a ese esfuerzo. Correr es una meditación. De una manera práctica me permite hojear en mi mente las páginas que acabo de escribir, buscando errores y formas de mejorar el texto. Mi método consiste en una revisión continua. Mientras escribo una novela larga, cada día vuelvo a reescribir las primeras partes para mantener una voz consistente y fluida. Cuando escribo los últimos dos o tres capítulos de una novela, reescribo simultáneamente los primeros capítulos para que, idealmente al menos, la novela sea como un río que fluye de manera uniforme, con cada pasaje funcionando de manera simultánea con todos los demás. Los sueños pueden ser vistos como fugas temporales hacia la locura que, debido a alguna oscura ley de la neurofisiología, nos permiten mantenernos alejados de la verdadera demencia. Del mismo modo, la actividad gemela de correr/escribir conserva al escritor en un estado de razonable cordura y, aunque sea de un modo ilusorio y temporal, le hace mantener la esperanza de que tiene todo bajo control.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí el texto de Joyce Carol Oates. Aunque me resulta imposible correr, me identifico con los ejemplos de autores que necesitan caminar para poder imaginar mejor el mundo que están tratando de construir. Mis caminatas por el parque, de las que tanto te he hablado en este blog nuestro, son a veces el único momento del día en el que recobro la fe en este oficio ingrato de tratar de contar historias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te dejo aquí un abrazo andariego,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-6806362240223130124?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/6806362240223130124/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/01/correr-y-escribir.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6806362240223130124'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6806362240223130124'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/01/correr-y-escribir.html' title='Correr y escribir'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-AA2p3blDkxM/TyAPZ0quHeI/AAAAAAAAD3w/bzX15xr8OJU/s72-c/campo-enero2012.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-174762075042987096</id><published>2012-01-17T15:41:00.002Z</published><updated>2012-01-17T15:48:58.094Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Día a día'/><title type='text'>Decrepitudes anunciadas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-Ug6lGjzHsps/TxWYYWTjl0I/AAAAAAAAD3M/ZtoqamFr97c/s1600/arboles.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-Ug6lGjzHsps/TxWYYWTjl0I/AAAAAAAAD3M/ZtoqamFr97c/s400/arboles.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5698628447579117378" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este lado del mundo no hay manera de olvidarse de que uno se está poniendo viejo. No ha pasado una semana desde que cumplí medio siglo y ya han llegado por el correo tres claros indicios de que he entrado en una edad terminal. Es como si en algún panel de alguna oficina gubernamental se hubiera prendido de pronto una luz roja con mi nombre escrito en letras mayúsculas y ¡pum! a partir de este jueves yo hubiera caído en la larga lista de los que están a punto de ser desahuciados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primero fue un anuncio de seguros de vida. En este país, cuando cumples cincuenta, todas las compañías de seguros comienzan a bombardearte para que te acuerdes de que estás un paso más cerca de la tumba y que lo más sabio es comprar un seguro de vida, para no dejar a los tuyos desamparados, o un terreno en el cementerio o ir pagando de antemano y en cómodas cuotas tu propio funeral. La propaganda viene con una lista detallada de lo que cuestan aquí todos esos servicios y con distintos planes que se amoldan a lo que estés dispuesta a pagar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo indicio fue una carta recordándome que debo ir al optometrista a chequearme los ojos porque mi fórmula ya está vencida y a mi edad uno no puede descuidarse. Y la verdad es que cada vez veo peor. Ya no enfoco la vista ni de lejos ni de cerca y en la noche, cuando tengo los ojos cansados, no puedo leer ni una hora. Como te puedes imaginar eso es para mí catastrófico. Con mi insomnio crónico, si no puedo leer largo en la noche termino apagando la luz y esperando el sueño rumiando quejas, arrepintiéndome por lo que hice o no hice y un larguísimo etcétera que me hace tener terribles pesadillas en la noche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anoche, por ejemplo, soñé que me había vuelto a casar con mi primer marido y que su hija mayor me pedía permiso para hacer no sé qué celebración en el apartamento de San José de Los Altos. Era navidad otra vez y las celebraciones implicaban un desfile de gente desconocida. No recuerdo nada más, sino una horrible opresión en el pecho y unas ganas inmensas de salir corriendo y una pregunta que me resonaba en la mente como un eco hasta que logré despertarme: ¿por qué estoy volviendo a cometer los mismos errores otra vez?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el signo más ostentoso de que entré ya en las estadísticas de los que están por enfermarse –y ¿qué duda cabe? morir– es un abultado sobre que llegó ayer junto con el resto del correo. Se trata de una notificación del sistema público de salud “conminándome” a realizarme un examen de heces que le permitirá a los médicos saber si estoy a punto de sufrir de cáncer del colon o si, de hecho, ya lo he contraído. Te ahorro los detalles escatológicos. Baste decir que he aceptado la sugerencia por miedo a entrar en otras estadísticas: las de los que, por no hacerse los exámenes, no tuvieron oportunidad de descubrir que, en efecto, tenían cáncer de colon y que hubieran podido ser curados si se les diagnosticaba a tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que aquí estoy, amiga, revolviendo con un palito mis propios excrementos para cumplir con la debida obediencia los preceptos del sistema de salud británico. Por suerte, todo se arregla por correo y de la manera más civilizada. En un par de meses me llegará el resultado y sabré si puedo descansar de la angustia por dos años más, cuando volverá a llegar el abultado sobre con las mismas instrucciones a recordarme que estoy inscrita sin remedio en alguna fatal estadística. En este país en el que tantas cosas funcionan mal, hay que reconocer que en lo que se refiere a hacerte sentir al borde de la tumba son de una eficiencia alemana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo decrépito,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-174762075042987096?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/174762075042987096/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/01/decrepitudes-anunciadas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/174762075042987096'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/174762075042987096'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/01/decrepitudes-anunciadas.html' title='Decrepitudes anunciadas'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-Ug6lGjzHsps/TxWYYWTjl0I/AAAAAAAAD3M/ZtoqamFr97c/s72-c/arboles.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-1053549402200573006</id><published>2012-01-12T13:20:00.003Z</published><updated>2012-01-12T13:23:31.665Z</updated><title type='text'>¡Cincuenta!</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-Z4Xvd8J00zc/Tw7eLxik9GI/AAAAAAAAD28/LZqgmN9GG9w/s1600/cielo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-Z4Xvd8J00zc/Tw7eLxik9GI/AAAAAAAAD28/LZqgmN9GG9w/s400/cielo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5696734872528548962" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí estoy, finalmente, cumpliendo cincuenta. Iba a escribir “mis primeros cincuenta”, pero es demasiado optimismo suponer que tengo por delante otro medio siglo. No me quejo. Si lo que me queda es bastante menos de la mitad, lo vivido basta y sobra. Estoy tratando de hacer planes, de ejercitar la mente, la piel y los músculos para no convertirme en una vieja prematura. Hago el esfuerzo de disfrutar cada día. Nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que la madurez hay que aceptarla como un hecho sin demasiada trascendencia. Tal vez no tenga la entereza de no quejarme nunca de los males de la edad: se me olvidan cada vez más cosas, los huesos me crujen, tengo dolores donde no sabía que había nervios, me canso subiendo escaleras, ya no puedo perder ni un gramo de peso por más que viva a pan y agua... y un larguísimo etcétera. Pero intentaré por lo menos no hacerlo demasiado en público. Todas mis amigas –incluyéndote– pasaron ya por esta esquina con una gracia envidiable. No puedo menos que respirar hondo y seguir su ejemplo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, hoy hace un día espléndido y que haga un sol así en medio del invierno es un regalo que agradezco por encima de todo. Una amiga me acaba de recomendar que huela la sal que ponen aquí en las calles para contrarrestar los efectos letales de la nieve en las aceras -desbarrancamientos varios, entre otros. Ya voy a ponerme mis zapatos de caminar para dar una vuelta por el parque. De regreso meteré la cabeza en el pote de sal que está en la esquina y respiraré hondo, de cara al sol, para imaginarme que estoy en Los Roques. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero después voy a abrir los ojos y a aceptar con gracia que estoy en el polo, lejos de todo y de todos, cumpliendo cincuenta años por mi hermana y por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Va un abrazo cincuentero!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-1053549402200573006?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/1053549402200573006/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/01/cincuenta.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1053549402200573006'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1053549402200573006'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/01/cincuenta.html' title='¡Cincuenta!'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-Z4Xvd8J00zc/Tw7eLxik9GI/AAAAAAAAD28/LZqgmN9GG9w/s72-c/cielo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-2771607712267097485</id><published>2012-01-04T13:04:00.004Z</published><updated>2012-01-04T13:10:37.496Z</updated><title type='text'>Contra el apocalipsis</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-9dRdLY7mj8E/TwRPCKeaEiI/AAAAAAAAD1g/UKub3OVT8Hk/s1600/firth%2Bof%2Bforth.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-9dRdLY7mj8E/TwRPCKeaEiI/AAAAAAAAD1g/UKub3OVT8Hk/s400/firth%2Bof%2Bforth.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5693762727493374498" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que los mayas predijeron que 2012 sería el año en el que se acabaría el mundo. ¿Qué se puede hacer con una creencia como esa? Desde que tengo memoria alguien ha estado anunciando el fin del mundo. Y he leído una y otra vez en textos de historia, sociología o antropología, sobre este empeño del ser humano en predecir el fin de la humanidad o del planeta en el que vivimos, que a fin de cuentas es lo mismo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece que los seres humanos necesitan vislumbrar un final para poder seguir existiendo. Y por eso, tal vez, no nos bastan los finales de año, el fin de una década, el cambio de un siglo a otro. Hay quienes necesitan imaginar un final contundente, apocalíptico, que les devuelva el sentido del presente, de la urgencia de hacer ahora lo que no han hecho antes, por pensar que el tiempo sobra y que –como dicen los españoles– no corre prisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero a mí el apocalipsis no me despierta ninguna urgencia, amiga. Muy al contrario, si me aseguraran que todo va a terminar en los próximos doce meses me quedaría acostada en mi cama leyendo y no me preocuparía por nada más. El fin es el fin es el fin. No tendría sentido ningún afán de trascendencia, ningún arrepentimiento, ninguna angustia. Todo se acabaría para alivio de todos y el universo seguiría su marcha sin nosotros hacia el remoto instante de la extinción absoluta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, el alivio del fin no está entre mis fantasías. Creo más en las rupturas definitivas, en las fechas límite, en los propósitos tercos de enmienda, en el empecinamiento de la voluntad. Me gusta más pensar que, cuando se puede, cuando hay el más mínimo resquicio de posibilidad, la vida se impone. Y esa idea me gusta más para empezar este año en el que cumplo medio siglo, dándome golpes contra las paredes, haciendo planes y empeñándome en ser una cosa distinta a lo que los demás quieren o esperan de mí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este año ha comenzado con vientos huracanados en el reino. Se han desprendido las tejas de los techos, los árboles se han abandonado a la caída, el mar ha invadido las costas y convertido inmensos barcos en barajitas destartaladas. El año ha comenzado con un viento que lo arrasa todo y, como en esa vieja canción de Silvio, el huracán del tiempo nuevo parece “una gran ira que sube”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando despeje el ventarrón y los diligentes agentes del orden recojan los escombros, tendremos un horizonte despejado. Hacia ese horizonte se me antoja mirar con cierta confianza en el futuro. No pido nada más. Pero tampoco temo nada menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esos son también mis deseos para ti en este año que comienza: que tengas un horizonte despejado  que te permita mirar de frente el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando una abrazo huracanado,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-2771607712267097485?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/2771607712267097485/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/01/contra-el-apocalipsis.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2771607712267097485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2771607712267097485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2012/01/contra-el-apocalipsis.html' title='Contra el apocalipsis'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-9dRdLY7mj8E/TwRPCKeaEiI/AAAAAAAAD1g/UKub3OVT8Hk/s72-c/firth%2Bof%2Bforth.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-8005490917881196047</id><published>2011-12-29T17:52:00.003Z</published><updated>2011-12-29T18:11:01.741Z</updated><title type='text'>Vivir en guerra</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acabo de leer el informe anual que dio a conocer el Observatorio Venezolano de la Violencia con las cifras de asesinatos cometidos este año en la triste tierruca. El observatorio ha declarado este año el más violento de la historia nacional. Como suscribo enteramente el informe y creo que siempre es poco lo que se haga para dar a conocer las terribles cifras de la violencia en nuestro país y para divulgar un mínimo de sensatez, te copio abajo el texto íntegro, que también puede leerse &lt;a href="http://www.observatoriodeviolencia.org.ve/site/noticias/74-informe-homicidios-2011.html"&gt;aquí&lt;/a&gt;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;br /&gt;Con tristeza, los centros de investigación de las universidades nacionales que formamos parte del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) debemos informar al país que el 2011 concluirá como el año más violento de la historia nacional, como aquel en el cual se han cometido más homicidios, para un total de 19.336 personas asesinadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los archivos oficiales, ya para el mes de noviembre de 2011, los casos de homicidios habían llegado a 15.360, superando ampliamente los 13.080 casos que oficialmente se había reportado para todo el año 2010. Al añadir a esta cifra un estimado conservador de los asesinatos cometidos en el mes de diciembre, proyectamos que en los archivos oficiales se contabilizarán 17.336 casos de homicidios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace una década, en el año 2001, se registraron en el país en ese mismo archivo la cantidad de 7.960 homicidios; es decir, este año lo concluimos con casi 10.000 homicidios más que hace diez años. Estas cifras muestran que entre el año 2001 y el 2011 hemos tenido un incremento sostenido de 1.000 homicidios más cada año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa cifra, sin embargo, no refleja la realidad de la victimización que es todavía más cruel y dolorosa, pues en el año 2011 se registrarán más de 4.000 casos como “averiguaciones de muertes”; éstas son personas fallecidas en condiciones violentas o extrañas, pero que las limitaciones de la investigación policial y judicial no ha permitido realizar una acusación de homicidio, ni tampoco de clasificarlas y archivarlas como suicidios o accidentes. Por lo tanto, si de manera conservadora consideramos que solo la mitad de estos 4.000 muertos fueron asesinatos y sumamos apenas esa cantidad, tenemos que en Venezuela se cometieron al menos 19.336 homicidios en el año 2011.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta cifra nos indica que en Venezuela se cometen en promedio 1.611 homicidios cada mes, lo cual representa 53 asesinatos cada día. Cabe recordar que el Libertador Simón Bolívar, en su informe del 25 de junio de 1821 sobre los resultados de la Batalla de Carabobo, escribió: “nuestra pérdida no es sino dolorosa: apenas 200 muertos”. En Venezuela, en el 2011 cada 4 días tuvimos la misma cantidad de fallecidos que en la Batalla de Carabobo; cada mes, 8 veces más muertes que en dicho acontecimiento histórico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si asumimos las últimas proyecciones de población del Censo 2011 que indican que Venezuela tiene para este año 28.500.000 habitantes, y calculamos la proporción de víctimas por el número de habitantes, tenemos para Venezuela, en 2011, una tasa de 67 homicidios por cada 100.000 habitantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si realizamos el cálculo exclusivamente con las cifras incompletas del registro oficial, tenemos una tasa de 60 víctimas por cada 100.000 habitantes. Cabe recordar que de acuerdo a los estándares de los organismos de las Naciones Unidas, una tasa por encima de 10 homicidios por cada 100.000 habitantes se considera una epidemia, por lo tanto podemos concluir que Venezuela vive una muy grave epidemia de homicidios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta situación contrasta de manera radical con lo que ha sucedido en otros países con condiciones sociales similares a la nuestra. En Colombia, para el año 2001, se registraron 27.840 homicidios y en el año 2011, la cifra hasta el 24 de diciembre, era de 13.520 casos. Es decir, en Colombia se ha dado una reducción a la mitad, mientras en ese mismo periodo en Venezuela los homicidios se duplicaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para tener una idea de estas magnitudes podemos comparar lo sucedido en Venezuela con las víctimas de la guerra en Irak. Entre marzo del año 2003, cuando se iniciaron los ataques, y el final oficial de la guerra, en diciembre de 2011, murieron 4.485 soldados americanos. Es decir, que solo en el año 2011 hubo en Venezuela 4 veces más muertos que soldados americanos caídos en Irak.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un estudio realizado por la Universidad de Londres y el King’s College sobre los víctimas civiles de la guerra, se encontró que entre 2003 y 2010 los terribles ataques con bombas suicidas (en vehículos o a pie) mataron a 12.284 civiles. En Venezuela, en el año 2011, murieron 1,5 veces más personas que todas las fallecidas por bombas suicidas en Irak del 2003 al 2010.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Observatorio Venezolano de Violencia calcula, de manera conservadora, que entre los años 2001 y 2011 ocurrieron en el país 141.487 asesinatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las investigaciones científicas realizadas en distintos países han mostrado que la aparición de esos altos y sorprendentes incrementos de los homicidios y la violencia criminal coincide con situaciones cercanas a las guerras. Así ocurrió en Gran Bretaña o Alemania después de las Guerras Mundiales; en Estados Unidos después de la Guerra Civil o de la Primera Guerra Mundial. Algo similar ocurrió en América Latina donde la violencia y los homicidios se incrementaron en El Salvador después de los Acuerdos de Paz o en Colombia con la guerra entre el gobierno nacional y los dos ejércitos de guerrillas y el de los paramilitares. Lo singular es que estos incrementos en la violencia criminal ocurren así las guerras sean internas o externas, y ocurren con independencia de que en ese país o región se pierda o se gane la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en Venezuela no hemos tenido guerras. ¿Cómo explicar lo ocurrido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de no haber sufrido guerras, lo que ha sucedido en la sociedad venezolana tiene unos efectos sociales de “como si” hubiésemos padecido un conflicto bélico muy violento, tanto en sus casusas como en sus consecuencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La guerra incide y perturba dos mecanismos centrales de contención de la agresión en la sociedad. En primer lugar, la guerra legitima la violencia y el uso de la fuerza; es decir, la no-ley. La guerra destruye los mecanismos de diálogo y arreglo de conflictos por las normas y el acuerdo mutuo; se basa en la imposición de un grupo o país sobre otro y se procura la destrucción del otro, que no es considerado rival sino enemigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En segundo lugar, la guerra deslegitima los mecanismos de contención de la violencia: deja sin fundamento la censura a la violencia y a los violentos, y la creencia de que la violencia no es el mejor camino para solucionar conflictos entre las partes. La guerra deslegitima el valor del respeto a la vida y la enseñanza ancestral del “no matarás”; la guerra otorga impunidad a la matanza de otros seres humanos y le da poder a la creencia de que por las armas y la fuerza se pueden lograr las metas individuales o colectivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Venezuela, estos efectos se han dado sin haber tenido una guerra, por el continuo elogio de la violencia y de los violentos, por la impunidad creciente en el país y por los llamados continuos a la guerra. La vida social regida por normas ha sido substituida por el uso de la fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El control de la violencia y la reducción de los homicidios requieren construir una sociedad basada en el consenso y en las normas. El antiguo dilema de barbarie o civilización se repite en la actualidad en el conflicto entre la violencia y la paz. La barbarie de hoy está representada por  el homicidio, la fuerza de las armas y la impunidad; y la civilización está representada por el diálogo, las leyes, la fraternidad y el castigo a los violentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podrá existir progreso ni bienestar en la sociedad mientras se irrespete el derecho a la vida y los derechos del otro, y se viole la norma consensuada como el eje del pacto social. La civilización y el progreso se fundan en el consenso y en la coexistencia, en la fraternidad y la solidaridad, nunca en la destrucción del otro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí el informe del Observatorio Venezolano de la Violencia. Después de leerlo no queda más que concluir que los venezolanos se han acostumbrado a vivir en medio de ese clima en el que la fuerza y el atropello prevalecen. Pero, como muestran las cifras de otros países, como la vecina Colombia, no se trata de un proceso irreversible. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la cordura regrese, la violencia se irá disolviendo. No se trata de tener más policías, ni más cárceles, ni más calles cerradas con vigilantes privados. Se trata de volver a respetarnos los unos a los otros, de volver a creer en el valor de la vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se trata, por supuesto, de bregar por un Estado que promueva la paz por todos los medios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso tengo un sólo deseo para la tierruca en el 2012: que nos devuelvan la PAZ.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo alejadísimo de la violencia!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-8005490917881196047?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/8005490917881196047/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/12/vivir-en-guerra.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/8005490917881196047'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/8005490917881196047'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/12/vivir-en-guerra.html' title='Vivir en guerra'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-4496324379291487106</id><published>2011-12-28T13:18:00.002Z</published><updated>2011-12-28T13:25:24.991Z</updated><title type='text'>Balance reticente</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-cn_K95y-7mQ/TvsYtTl2PMI/AAAAAAAAD1Q/t4wHkEbDLfg/s1600/ventana%2Bdic11.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-cn_K95y-7mQ/TvsYtTl2PMI/AAAAAAAAD1Q/t4wHkEbDLfg/s400/ventana%2Bdic11.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5691169720744950978" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí estoy sufriendo después de los excesos de las fiestas decembrinas. Como todos los diciembres, cumplimos con el único ritual de fin de año que conservamos: hicimos hayacas, horneamos pan de jamón, revolvimos todos los ingredientes de la infaltable ensañada de gallina y nos comimos nuestra cena de navidad como es debido. Pero el día 25 amanecí con una gastritis que seguramente me va a acompañar hasta los primeros días del año próximo. Y no hay nada como un permanente dolor de estómago para hacer balance del año que termina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había pensado, hace ya doce meses, que éste sería el año en que que encontraría trabajo. Porque sigo en el fondo –aunque hago esfuerzos porque no sea así en la superficie– considerando que un trabajo como es debido tiene que tener sueldo a fin de mes. Pero no, amiga, el trabajo con sueldo fijo no llegó este año. Hice un par de cosas, sin embargo, que se verán en el futuro como trabajos tal vez válidos. Traduje mi primer libro completo: &lt;a href="http://prodavinci.com/2011/12/22/actualidad/cenando-con-mugabe-fragmento-por-heidi-holland/"&gt;Cenando con Mugabe&lt;/a&gt;. Recibí la buena noticia de que mi primer libro de cuentos va a ser publicado por &lt;a href="http://www.equinoccio.cultura.usb.ve/c_papiros.html"&gt;Equinoccio&lt;/a&gt; el año próximo y se va a llamar &lt;span style="font-style:italic;"&gt;El patio del vecino&lt;/span&gt;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hasta ahí me llega el lado positivo del balance de este año lento y abismado. El resto fue viajar, escribir mis cuentos semanales siempre a destiempo y seguir garabateando, sin mucho provecho, un borrador al que no termino de darle cuerpo. También di un par de charlas para mantener viva mi precaria presencia académica y recibí la buena noticia de que uno de mis artículos se va a publicar en un libro sobre el exilio y el otro en una revista en nuestra querida Mérida. Así que ahí está el resto de la suma: dos artículos que con suerte saldrán el año que viene, muy bien acompañados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el ánimo arrugado por la lluvia y la oscuridad no puedo pensar en nada más que pueda sumar a esa columna, a menos que me ponga trillada y sentimental y sume la salud, el amor, las cuentas pagadas con un dinero que yo no me he ganado, esas cosas que sólo se nombran cuando faltan. Y con ese mismo ánimo tampoco me alcanza la vista para mirar al año que se acerca. Porque he estado haciendo planes inútiles por mucho tiempo y ya no me quedan ganas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo único que sé del año que está por venir es que me agarrará cumpliendo cincuenta y sin mucho más que agregar a ese medio siglo. No voy a decirte que ha sido medio siglo mal vivido, porque tú lo has vivido casi todo conmigo y sabes que algo hicimos, que algo descubrimos y, sobre todo, que todo lo vivimos de manera intensa. Pero tal vez en este fin de año, con dolorones de estómago que me despiertan a la media noche y me obligan a saltar de la cama y terminar de dormir en el baño, la intensidad no basta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cómo imaginarme el año que comienza. No tengo planes. Ni siquiera ganas de imaginar deseos. Quisiera solamente tener ganas de seguir escribiendo, que algo sólido salga al fin de ese garabateo sin fin. Nada más. Sólo eso y que el tiempo pase sin hacerme demasiado daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque tal vez sí: tal vez una mudanza. Tal vez cambiar de casa sea un buen deseo para el año próximo. Cuando cambiamos de casa dejamos entrar una vez más el futuro. Y lo único que una cincuentona necesita, además de salud y otro par de pies calientes debajo de las sábanas cada noche, es una casa distinta de vez en cuando. Con esa idea tal vez pueda empezar el año nuevo con mejor ánimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo abierto como una casa nueva,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-4496324379291487106?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/4496324379291487106/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/12/balance-reticente.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4496324379291487106'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4496324379291487106'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/12/balance-reticente.html' title='Balance reticente'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-cn_K95y-7mQ/TvsYtTl2PMI/AAAAAAAAD1Q/t4wHkEbDLfg/s72-c/ventana%2Bdic11.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-7895126346302854241</id><published>2011-12-10T16:47:00.004Z</published><updated>2011-12-25T17:43:35.946Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Viajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vida cotidiana'/><title type='text'>Memorias urbanas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-tj1n5tq6tEk/TuONe-Csj8I/AAAAAAAAD08/FI0fnymdvgU/s1600/camden.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-tj1n5tq6tEk/TuONe-Csj8I/AAAAAAAAD08/FI0fnymdvgU/s400/camden.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5684542717861597122" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te debo un cuento más largo de mis días en Londres. Pero ya estoy otra vez en casa, con tanta comodidad, tanto silencio y tanta soledad que me cuesta recordar las multitudes, las calles atiborradas, el ruido intenso que nunca cesa. Cuando estás en la mega-ciudad no puedes pensar en ella, porque la tienes demasiado cerca. Y cuando te alejas su ruido se apaga tan rápido que parece que estuviste en medio de un espejismo y que en lo que dejas de verlo ya no existe más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo sé que Londres sigue ahí y que tengo recuerdos recientes de gente tropezando en sus calles. Recuerdo el Támesis inmenso, siempre más grande en la realidad que en la memoria: una exposición de fotos de Sicilia montada en el lado sur y tres esculturas hechas en la orilla pedregosa del río con una arena traída de quién sabe dónde. Me queda la imagen de los niños patinando sobre hielo al compás de un vals, en la pista de Sommerset House, con los viejos sentados alrededor en sillas de hierro viendo el espectáculo a la intemperie mientras se toman un vino dulce y tibio, agarrando la taza con las dos manos para calentarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conservo la visión de la larga cola de gente esperando para poder comprar entradas a la exposición de seis cuadros –¡sólo seis!– de Leonardo en la National Gallery. Mantengo la memoria de Brixton, de sus calles olorosas a comida caribeña, de su colorido mercado donde se puede escuchar hablar español con tanta soltura como cualquier otro idioma. No me olvido de Camden Town y el olor de las cachapas que comimos en el puesto de un venezolano que también vendía arepas, como las hacemos nosotros, en el horno, y no fritas como las preparan los colombianos. Siguen llegando a mi memoria ramalazos del Regents Canal, cuando caminamos tratando de recordar viejos tiempos, pero nos encontramos con más basura e inmundicia de la que hubiéramos querido ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo despertándome en las mañanas con una extraña sensación de fin de mundo, porque amanece oscuro y el sol brillante que teníamos en las mañanas ya no está y no hay gente en la calle de enfrente  andando de aquí para allá con maletas y maletines. A mitad del día me asomo a la ventana y me pregunto a dónde se ha ido todo el mundo, cuando veo la plaza desierta que tengo enfrente, con su solitario banco donde nunca nadie se sienta. Y me acuesto en la noche pensando que algo no encaja, porque el silencio aquí es tan constante y cerrado que parece mentira que hace apenas unos días estuvimos en el medio de todo aquel ruido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aparte de eso no hay nada más. La ciudad se me ha ido del ánimo y del gusto. Estoy sola otra vez con mi pueblo solo. Como si se tratara de un destino del que no puedo escapar. Sin embargo, la experiencia urbana nos terminó de convencer de intentar mudarnos a la ciudad el año que viene. Porque estamos convencidos de que es vital tener a mano todo el estímulo y el impulso que produce la ciudad. Por suerte, Edimburgo es más bien un pueblo grande y está muy lejos de alardear del ruido y la furia de una metrópolis como Londres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que, para compensar, me fui ayer al centro comercial a dar una vuelta, con la excusa de comparle al Gussi la grama que come para que no se le atoren los pelos en el estómago y que solamente venden en una tienda específica allá en Livingston. Esperé el autobús mucho más tiempo de lo necesario, estaba lleno de gente, y al llegar al centro comercial las hordas de compradores me sorprendieron. Hice mis compras y me refugié apurada en el cine, donde por suerte no era todavía hora de grandes audiencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al regresar me subí a otro autobús atestado y llegué a casa con la sensación de que ya no disfruto el exceso de gente. Y ciudades y gentío son una y la misma cosa. Así que pasará tal vez un rato largo antes de que me anime otra vez a probar la experiencia de la metrópolis. Hoy habíamos planeado acercarnos a la ciudad a ver la feria navideña que ya instalaron en el centro, como lo hacen todos los años, pero nos ganó la flojera y la falta de luz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que aquí estamos, amiga, otra vez en el pueblito. Suspendidos en un baño de nieve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo helado,&lt;br /&gt;r&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/"&gt;&lt;img alt="Licencia de Creative Commons" style="border-width:0" src="http://i.creativecommons.org/l/by-sa/3.0/88x31.png" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span xmlns:dct="http://purl.org/dc/terms/" href="http://purl.org/dc/dcmitype/Text" property="dct:title" rel="dct:type"&gt;Notas para Eliza&lt;/span&gt; by &lt;a xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://notasparaeliza.blogspot.com/" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL"&gt;Raquel Rivas Rojas&lt;/a&gt; is licensed under a &lt;a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/"&gt;Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported License&lt;/a&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-7895126346302854241?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/7895126346302854241/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/12/memorias-urbanas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7895126346302854241'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7895126346302854241'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/12/memorias-urbanas.html' title='Memorias urbanas'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-tj1n5tq6tEk/TuONe-Csj8I/AAAAAAAAD08/FI0fnymdvgU/s72-c/camden.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-9185706318690579084</id><published>2011-11-28T13:12:00.002Z</published><updated>2011-11-28T13:22:47.493Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vida cotidiana'/><title type='text'>En la república sin límites</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-4y4Q5efH1c4/TtOJB48mjaI/AAAAAAAAD0s/IbDH5m8htMk/s1600/biblioteca.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-4y4Q5efH1c4/TtOJB48mjaI/AAAAAAAAD0s/IbDH5m8htMk/s400/biblioteca.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5680034220603772322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(El viernes pasado me llevé la compu para la biblioteca y te escribí el texto que te copio abajo. Estuvimos paseando el fin de semana y es hoy que me siento a subirlo a este blog nuestro).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos queda sólo una semana en Londres y yo no te he escrito ni siquiera una línea para contarte mis impresiones de la ciudad. Así que hoy me traje la compu a la sala en la que leo en la  British Library y desde aquí te escribo con una sensación de estar en uno de los pocos lugares en los que siento que no tengo que pedir permiso para existir. Estoy sentada en el puesto 3119, en una de las zonas de la sala de Humanidades en las que el techo es más alto y por las claraboyas se puede adivinar la claridad del cielo que sigue vivo arriba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, mientras entraba a la biblioteca pensé que ninguna ciudad es una cosa única para quien la vive o la padece. La ciudad está hecha de fragmentos: el recorrido que hacemos de la casa al abasto, de la casa al lugar de trabajo, al cine o al museo. Las ciudades son recorridos, preestablecidos o inesperados, pero siempre parciales. La ciudad nunca es toda ella una experiencia que se pueda abarcar. Así que sólo puedo contarte de mi Londres particular. Este Londres que está hecho de retazos y que se centra en el barrio en el que viví antes, el muy historiado Bloomsbury, con Russell Square y el Museo Británico en el ombligo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi Londres tiene dos polos: el lado sur del Támesis, desde Waterloo Bridge hasta la Tate Modern y el puente del milenio, y la zona de la British Library, con la estación Saint Pancras dominando todo el horizonte. Podría agregar otros dos lugares para completar los puntos cardinales: la zona de los cines y las librerías en el cruce entre Shaftebury Avenue y Charing Cross Road y las callecitas laberínticas alrededor de Covent Garden y el obelisco minúsculo donde confluyen las Seven Dials. Pero está también la zona del mercado de Camden Town, al norte; y las callecitas alrededor de Spitalfields al este, en la ciudad vieja. No soy muy amiga de los espacios monumentales de Westminster, donde está el Big Ben, el parlamento y el palacio real, pero me gustan los parques –el Green Park y el St. Jame’s Park– a los que esta vez no me he acercado, pero espero poder visitar antes de irme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No he tenido tiempo de volver a ver todo, porque he estado tratando de armarme un ritmo de trabajo y lo que hago, después de flojear un poco en la mañana, es enfundarme en un abrigo y caminar las dos cuadras escasas que me separan de la British Library. Al llegar tengo siempre la sensación de estar entrando, si no en el territorio, al menos en las vecindades de la tribu a la que pertenezco. Y cuando me dieron al llegar mi pase de lector, sentí que me estaban otorgando el pasaporte que me acreditaba como ciudadano de esta república. Un país virtual al que pertenecen todos los seres, de la nacionalidad que sea, que aman los libros y todo lo que se relaciona con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me cuesta nada reconocer que los académicos son seres insoportables, sean estudiantes o profesores o aspirantes a cualquiera de las dos posiciones. Y si hay una sub-especie más insoportable que todos los demás modos de ser académico, es ésta que pulula alrededor de la British Library. Sin embargo, cuando has pasado suficiente tiempo entre ellos y conoces las virtudes y los defectos de esta tribu, y sabes cómo pasar de largo por lo que más te molesta, terminas entendiendo que la pertenencia es precisamente eso: reconocer al otro dentro de tu misma especie. Porque también se trata de aceptar que, a pesar de todo, me siento más cómoda entre los intelectuales y los académicos que se pasan el día entre libros y documentos, que rodeada de cualquier otro tipo de seres con preferencias distintas. ¡Qué le vamos a hacer!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que ésta es mi república elegida, amiga. Y cuando entro a la sala de Humanidades 2 y tomo posesión de un asiento con mi libreta y mi lápiz, casi siempre buscando una afinidad con los números que me haga sentir que algo en el universo funciona bajo una especie de orden, me siento en casa. Recuerdo los cuatro años que estuve aquí, en esta misma sala, leyendo, pensando y escribiendo mi tesis doctoral. En esos cuatro años en que la nostalgia, la oscuridad y la furia no me dejaban vivir, lo único que podía soportar era este refugio de madera y papel. Mientras estaba aquí me sentía en paz. Cuando salía, junto con el frío y la lluvia, me golpeaba el alma la certeza de no estar en el lugar en el que debía estar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora vuelvo a sentir lo mismo. Es decir, la paz de estar en un lugar que me acepta sin ningún requisito. O más bien con el único requisito de compartir la pasión por los libros, por las palabras. El otro sentimiento, el que siento al salir de aquí –esa sensación de estar en un lugar al que no me amaño– no ha desaparecido. Pero ahora es un extrañamiento que se ha vuelto parte de lo cotidiano. Me he acostumbrado a no pertenecer y me parece una sensación cada vez más natural. Es el modo de estar en el que me he instalado ya para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero debo reconocer que todo ha cambiado y ahora esta tribu se ha adaptado a los tiempos y a las nuevas tecnologías. Por todas partes hay gente con un aparato enfrente ­–computadoras, iPads, teléfonos, tabletas de diversos tipos– comunicándose con alguien que está en otro lado o navegando por un mundo virtual que está muy lejos de este. Ese cambio ha convertido a esta tribu, que antes tenía una edad promedio de –digamos– treinta y cinco años, en una multitud de postadolescentes ansiosos de ver y ser vistos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y los pasillos de la biblioteca que antes estaban casi vacíos ahora están atiborrados de una multitud de seres que no parecen pertenecer del todo, que tal vez no tengan siquiera acceso a las salas, pero viven desde los márgenes la experiencia vicaria de formar parte de esta comunidad de lectores. Y esta república generosa los acoge sin mezquindades ni exclusiones, en las decenas de sillas, bancos, banquitos y banquetas que han instalado en cada espacio disponible, y hasta en el piso cuando las sillas no alcanzan. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez por eso, y aunque la ciudad que dejo afuera cuando me encierro aquí me llama a recorrerla, a volver a ver los lugares conocidos o a explorar lo mucho que todavía no conozco, siento que es aquí donde tengo que estar y vuelvo a refugiarme todos los días en esta sala de altos techos y en los libros que descubro con una alegría tal vez digna de mejores causas. He estado leyendo sobre la literatura del exilio, sobre nuestros autores desterrados, como Teresa de la Parra. Por eso no te he contado largo de Londres. Pero ya encontraré un tiempo para escribirte sobre el par de cosas que he hecho afuera de la biblioteca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, te mando un abrazo oloroso a libros,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-9185706318690579084?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/9185706318690579084/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/11/en-la-republica-sin-limites.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/9185706318690579084'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/9185706318690579084'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/11/en-la-republica-sin-limites.html' title='En la república sin límites'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-4y4Q5efH1c4/TtOJB48mjaI/AAAAAAAAD0s/IbDH5m8htMk/s72-c/biblioteca.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-3064257229020164012</id><published>2011-11-03T14:24:00.002Z</published><updated>2011-11-03T14:25:20.687Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Viajes'/><title type='text'>A Londres</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/--5eX9X78_l4/TrKkPae-BqI/AAAAAAAAD0Q/XC-LjQm1Xiw/s1600/muro-2011.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/--5eX9X78_l4/TrKkPae-BqI/AAAAAAAAD0Q/XC-LjQm1Xiw/s400/muro-2011.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5670775465527084706" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos otra vez haciendo maletas. Te escribo desde un escritorio invadido por cerros de ropa interior y potes de cremas humectantes, con la maleta abierta al lado, despanzurrada y llena. Nos vamos a Londres a pasar un mes y aunque el viaje nos pone ahorita los pelos de punta, nos anima la idea de pasar cuatro semanas en la gran ciudad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lyo amaneció canturreando la canción de Sabina que dice que uno no debe volver al lugar donde ha sido feliz. Pero como yo no fui exactamente feliz en Londres, no creo en sus malos augurios. Creo más bien que siempre es emocionante volver a un lugar que uno conoce bien, aunque no sea el lugar al que uno pertenece. Vamos a estar apenas a unas cuadras de donde vivimos los cuatro años que estuvimos en Londres, cuando éramos más jóvenes y teníamos por delante un futuro largo que incluía volver a la tierruca y arraigarnos tal vez para siempre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez el futuro es bastante más incierto y sin duda más corto. No nos espera ninguna forma de arraigo cuando se terminen las cuatro semanas citadinas. Pero mientras estemos allá, en una de las capitales del mundo, nos esforzaremos por volver a verlo todo, por llenarnos la memoria de asfalto y los pulmones de smog. Volveremos a sentirnos en el centro del universo. Y nos quejaremos de las multitudes, de lo maleducados que son los londinenses, del tráfico, del ruido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero le daremos a la gran ciudad una nueva oportunidad de sorprendernos y atraparnos. Caminaremos por las calles como si perteneciéramos, porque sabemos que en realidad nadie pertenece aunque todos se sientan en casa en la metrópoli. Nos sentiremos ignorados, masificados, convertidos en multitud. Seremos dos más entre muchísimos y nadie nos mirará ir o venir. Nos disolveremos y la disolución nos hará libres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que aquí vamos, con todo y gato, a entregarnos a la gran ciudad. Ya te iré contando mis andares citadinos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, te mando un abrazo viajero,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-3064257229020164012?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/3064257229020164012/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/11/londres.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/3064257229020164012'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/3064257229020164012'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/11/londres.html' title='A Londres'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/--5eX9X78_l4/TrKkPae-BqI/AAAAAAAAD0Q/XC-LjQm1Xiw/s72-c/muro-2011.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-2629952845740068748</id><published>2011-10-29T12:58:00.002+01:00</published><updated>2011-10-29T13:02:25.401+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Traducciones'/><title type='text'>Entre vivos y muertos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-GVLoDvldjy4/TqvrRUK8hWI/AAAAAAAADz8/JBdYhynAORY/s1600/oton%25CC%2583o%25E2%2580%25932011.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-GVLoDvldjy4/TqvrRUK8hWI/AAAAAAAADz8/JBdYhynAORY/s400/oton%25CC%2583o%25E2%2580%25932011.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5668883238680823138" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo leyendo el abecedario de Czeslaw Milosz y una de sus entradas me pareció ideal para acompañar la conversación privada que hemos tenido en estos días sobre las desapariciones de seres queridos. El texto de Milosz aparece al final del ABC, como una especie de epílogo en el que el autor explica su deseo de recordar los nombres de las personas y los lugares que ha conocido. Traduzco del inglés un texto que a su vez fue traducido del polaco. Espero que no suene demasiado raro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Desaparición&lt;/span&gt;, de personas, de objetos. Porque vivimos en el tiempo, estamos sujetos a la ley de que nada dura para siempre. Todo pasa. La gente desaparece, como lo hacen los animales, los árboles, los paisajes y, como sabe todo el que vive el tiempo suficiente, la memoria de aquellos que una vez vivieron también desaparece. Sólo unas pocas personas conservan su recuerdo –la memoria de los familiares y los amigos más cercanos– pero incluso en su mente, las caras, los gestos, las palabras se van disolviendo gradualmente hasta desaparecer para siempre cuando ya no queda nadie que pueda dar testimonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fe en una vida más allá de la muerte, que es común a todo el género humano, dibuja una línea entre los dos mundos. La comunicación entre esos mundos es difícil. Orfeo tiene que aceptar ciertas condiciones antes de que se le permita descender al Hades en busca de Eurídice. Eneas puede cruzar gracias a ciertos encantamientos. Los que viven en el infierno, el purgatorio y el paraíso de Dante no abandonan sus lugares póstumos para informarle a los vivos lo que les ha pasado. Para saber de su suerte, el poeta debe visitar la tierra de los muertos guiado por Virgilio, un espíritu él mismo, porque murió hace años en la tierra, y luego por Beatriz, que vive en los cielos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, pero la línea que divide los dos mundos no es del todo clara entre la gente que profesa el animismo, que cree en la presencia protectora de los ancestros. Ellos continúan existiendo en alguna parte cercana al hogar o al pueblo, aunque no puedan ser vistos. Los cristianos protestantes no tienen un lugar para los muertos y nadie se vuelve hacia ellos pidiéndoles su intervención en el mundo de los vivos. Los católicos, sin embargo, al introducir la intermediación de los santos y multiplicar la cantidad de personas beatificadas, presumen que estos espíritus buenos no están separados de los vivos por un límite intransitable. Es por eso que el día de todas las almas, que se celebra en Polonia, aunque tiene un origen que se remonta al animismo pagano, recibió la bendición de la Iglesia como un gran ritual de intermediación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mickiewicz creía en los espíritus. Aunque fue un voltariano en su primera juventud y se burlaba de ellos, mientras traducía la &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Juana de Arco&lt;/span&gt; de Voltaire seleccionó precisamente la escena de la violación de Juana y el castigo al que fueron sometidos en el infierno a los perpetradores de ese crimen. Sus Baladas y su obra &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Forefathers’ Eve&lt;/span&gt; (la noche de los antepasados) podrían servir como un manual de espiritualismo. Y después, ¿no fue él quien le recomendó a la gente actuar en la vida porqie “es muy difícil para un espíritu hacer cosas sin un cuerpo”? Sin mencionar los cuentos, asumidos literalmente, de las almas que entran en los cuerpos de los animales como una forma de castigo, que Mickiewicz aparentemente recogió de la tradición popular o de las creencias cabalistas en la reencarnación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rito de los ancestros, original de Bielorrusia, ofrece el testimonio más contundente de la independencia entre los vivos y los muertos, ya que los vivos convocan a los espíritus, ofreciéndoles comida de la manera más terrenal. En la noche de los antepasados de Mickiewicz, pero no solamente allí, los dos mundos entran en contacto. No hay nada aquí que hable de la imposibilidad de regresar de la tierra de los muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a que las personas desaparecen una tras otra y las preguntas sobre su existencia más allá de la muerte se multiplican, el espacio religioso se ubica en los bordes del espacio histórico, si entendemos este último como la continuidad de la civilización. Por ejemplo, la historia de un idioma determinado se presenta como un territorio en el que nos encontramos con nuestros ancestros, aquellos que escribieron en nuestro idioma hace cien años o quinientos años. El poeta Joseph Brodsky solía incluso decir que escribía no para los que iban a venir después, sino para complacer a las sombras de los antiguos poetas. Tal vez vivir inmerso en la literatura no es más que una celebración permanente del día de los antepasados, un llamado a los espíritus con la esperanza de que por un momento se encarnen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos nombres de la literatura polaca vienen con claridad a mi mente porque su trabajo sigue vivo en el presente; otros no lo están tanto e incluso hay otros que se resisten a aparecer. Pero no me interesa solamente la literatura. Mi tiempo, mi siglo veinte, pesa sobre mí como si yo fuera el administrador de una serie de voces y de las caras de la gente que una vez conocí, o de las que escuché hablar, y que ahora ya no existen. Muchos fueron famosos por algo, esos están en las enciclopedias, pero la mayoría de ellos ya han sido olvidados y no les queda más que hacer uso de mí, del ritmo de mi sangre, de mi mano sosteniendo la pluma, para volver a estar entre los vivos por un breve instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras trabajaba en este abecedario, con frecuencia pensé que era preferible indagar en el corazón mismo de la vida y el destino de cada individuo, en lugar de limitarme a los hechos objetivos. Mis héroes aparecen como en un destello, a partir de un detalle no particularmente esencial, pero tienen que contentarse con eso, porque es preferible escapar del olvido, aunque sólo sea de esa manera. Tal vez mi ABC es un libro que escribo en vez de: en vez de una novela, en vez de un ensayo sobre el siglo veinte, en vez de mis memorias. Cada una de las personas que he recordado aquí pone en movimiento una red de alusiones entramadas y de interdependencias relacionadas con los hechos de mi siglo veinte. Si hago un balance final, no me arrepiento de haber mencionado gente importante de una manera tan despreocupada o de haber convertido en una virtud mi informalidad.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí Czeslaw Milosz. Su voz como testigo y su sentido de responsabilidad ante la memoria que guarda de los seres que conoció, en la vida real o a través de los libros, me hace pensar en el valor de dar testimonio. Puede ser verdad que a veces escribimos más para los que se han ido que para los que vendrán. Pero también es cierto que escribimos para no olvidar –creamos o no en una vida inmaterial o en el límite entre los vivos y los muertos– porque sabemos que la memoria que tenemos de los que se han ido se está gastando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, sobre todo, me gusta la idea de pensar que ese mundo de palabras e imágenes que estamos creando se proyecta hacia una forma del futuro. Como dice &lt;a href="http://letras.terra.com.br/chico-buarque/66065/"&gt;la canción de Chico Buarque&lt;/a&gt;, tal vez, algún día, dentro de milenios, en alguna ciudad sumergida –después de algún diluvio universal– alguien descubra –“un escafandrista”, dice Chico– los fragmentos que estamos dejando hoy: retratos, cartas, diarios, blogs... “vestigios de una extraña civilización”. Y tal vez entonces renazcan en la mente y en el corazón de esos futuros exploradores los miedos, las angustias, las ansiedades, pero también las alegrías que tratamos de representar en estos torpes textos mientras vamos viviendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo memorioso,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-2629952845740068748?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/2629952845740068748/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/10/entre-vivos-y-muertos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2629952845740068748'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2629952845740068748'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/10/entre-vivos-y-muertos.html' title='Entre vivos y muertos'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-GVLoDvldjy4/TqvrRUK8hWI/AAAAAAAADz8/JBdYhynAORY/s72-c/oton%25CC%2583o%25E2%2580%25932011.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-6798228684474437307</id><published>2011-10-25T17:39:00.003+01:00</published><updated>2011-10-25T17:45:12.337+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>ABCs</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-sNOfcF83j6c/TqbnSAr00-I/AAAAAAAADzs/a-Y_OsxMQLA/s1600/nubes_oct.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-sNOfcF83j6c/TqbnSAr00-I/AAAAAAAADzs/a-Y_OsxMQLA/s400/nubes_oct.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5667471477699826658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El oficio de hablar de uno mismo puede parecerle a los demás un gesto egoísta o narcisista. Mirarse el ombligo parece de ociosos. Pero para el que indaga en su propio ánimo, en sus extrañas manías y precarias inclinaciones es más bien un oficio de descubrimiento de la entera naturaleza humana. Si podemos mirarnos a nosotros mismos y explicar con palabras al menos un par de los complicados modos en que nos movemos por el mundo, tal vez estemos desentrañando un misterio humano y no sólo un capricho particular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas cosas he estado pensando desde que, por recomendación de Liliana Lara, comencé a leer dos libros extraños y por eso mismo reveladores. Son los ABC de Czeslaw Milosz y Dan Tsalka. Inspirados uno en el otro, en estos libros los autores tejen y entretejen sus recuerdos personales guiados por el abecedario. Siguiendo el caprichoso orden de las letras recuerdan personas, lugares, momentos, impresiones. Son libros fragmentarios, deshilvanados, que sin embargo le dejan al lector una impresión firme del territorio que el autor ocupa, de su manera de estar en el mundo. Y al dibujar ese espacio se revela también la cercanía con el resto de la especie humana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Liliana se inspiró en estos dos libros para escribir su propio abecedario, que comienza con la palabra “agua” y una historia estremecedora y contundente (puedes verlo &lt;a href="http://memoriasdelamamacita.blogspot.com/"&gt;aquí&lt;/a&gt;). Yo me contagié y empecé a hacer una lista de las palabras que usaría si quisiera escribir mi propio abecedario, pero llegué hasta la jota de juegos y me quedé muda. Mis recuerdos no parecen alcanzar para el abecedario completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todos modos pienso que el ejercicio es productivo y por eso quería hoy compartir contigo un fragmento de una de las entradas del ABC de Tsalka que se llama “Autorretrato a los veintisiete años”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;No resultó nada fácil, pero una noche me puse a trabajar en mi autorretrato. Para sobrellevar mejor el rechazo que sentía hacia el hecho de escribirlo, me convencí a mí mismo de que no me encontraba elaborando una autobiografía sino un autorretrato, como si ese género existiera, como si se pudiera pintar con palabras en lugar de carboncillos y pinturas.&lt;br /&gt;Mi gusto por la palabra autorretrato se remonta a mi primera juventud. Me gustaba recrearme mirando libros de arte, y en repetidas ocasiones me encontraba en esos libros con retratos hechos por los grandes de la pintura. Al pie de muchos de esos retratos aparecía escrito quién era la persona retratada, su estatus y el carácter que tenía según podía deducirse de la obra misma. (...) Inútilmente buscaba yo los rasgos representativos del orgullo, las ansias de poder, la altivez, el fanatismo o las distintas formas de idealismo que allí se indicaban. Ese hecho me producía un gran desasosiego e incluso hizo que aumentara la falta de seguridad en mí mismo. (...)&lt;br /&gt;Pero con respecto al autorretrato eso no era así. Los comentarios entonces me parecían precisos y, en ocasiones, incluso extremadamente agudos en cuanto al desciframiento de las estrategias que el pintor había empleado para mostrarse públicamente tal como era. Entrega, insolencia, elegancia, autocompasión, amor propio, horror... en todo lo tocante a los autorretratos las apreciaciones de los historiadores eran de lo más agudas y no dejaban lugar a dudas acerca de su acierto.&lt;br /&gt;Me gustaba imaginarme al pintor espiándose en el espejo y tocando el lienzo con el pincel. ¡Si yo pudiera pintar un autorretrato!&lt;br /&gt;¿Un espejo? ¿Un pincel? ¿Un lienzo? Me quedaba mirando la botella de retsina que tenía en la mesa, el plato con los dados de queso de cabra y con las espléndidas aceitunas griegas. Anda, ve tú y conócete a ti mismo...&lt;br /&gt;Tantísimas palabras.&lt;br /&gt;Unos cuantos trazos y un poco de color lo hubieran conseguido en un abrir y cerrar de ojos.&lt;br /&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí el autorretrato de Tsalka. El tono tal vez suene algo acartonado, pero es una traducción del hebreo y supongo que no debe ser fácil darle vida en otro idioma a un lenguaje literalmente resucitado de entre los muertos. Aún así, queda en pie el gesto de la memoria, el amor por las palabras, el intento de reconstruir un impulso de juventud que no se materializa. La vida, pues. Pero también una evidencia más de que cuando alguien se mira al espejo y trata de describir lo que es o pretende ser no se ve solamente a sí mismo, sino que a través de esa figura íngrima mira la historia, el largo camino de toda una especie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo como pintado,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-6798228684474437307?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/6798228684474437307/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/10/abcs.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6798228684474437307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6798228684474437307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/10/abcs.html' title='ABCs'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-sNOfcF83j6c/TqbnSAr00-I/AAAAAAAADzs/a-Y_OsxMQLA/s72-c/nubes_oct.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-6730406622888868692</id><published>2011-10-14T14:24:00.002+01:00</published><updated>2011-10-14T14:30:54.061+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>Viajar con Neuman</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-B_PunK9auNY/Tpg5hAhF6OI/AAAAAAAADzU/AtXiKYd-lyA/s1600/arbol.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-B_PunK9auNY/Tpg5hAhF6OI/AAAAAAAADzU/AtXiKYd-lyA/s400/arbol.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5663339770655664354" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta semana terminé de leer el libro de Andrés Neuman, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Cómo viajar sin ver&lt;/span&gt; (Alfaguara, 2010). Lo compré en la nueva Amazon de España, que es una joya y que me permite pedir los libros editados en la madre patria sin molestar a nadie. Con los resabios que me quedan de nacionalismo, de los que me avergüenzo como es debido, leí primero lo que Neuman tenía que decir sobre Venezuela. Pero desde ya te adelanto que ese capítulo es el menos interesante del libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo, sin embargo, dejar de citar la frase que me pareció más acertada, porque creo que es la conclusión a la que llega todo viajero que tiene la desgracia de pasar por la tierruca. Neuman, de paso por Caracas, dice: “Seas quien seas, hagas lo que hagas, pienses lo que pienses, en Venezuela no se puede no hablar de Chávez. Esa es quizá su mayor opresión y su mayor conquista” (p 123).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay otras dos frases memorables: “A lo largo de la semana, le digo, todavía no me he encontrado a ningún intelectual chavista. «No creo», me contesta, «que se pueda ser las dos cosas»” (p 129); “«Lo peor de todo», dice una amiga, «es que ni siquiera podemos apoyar a la oposición. No somos chavistas, pero aquí la oposición es nazi»” (p 122).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que en esas frases está el resumen de lo que alguien que viaja, sin necesidad de ver mucho,  puede captar en una semana de paso por la tierruca. Pero para medir realmente el impacto de estas impresiones hay que leer el libro entero y sentir la falta de peso que tiene nuestro huequito, nuestro triste lugar, en el espacio latinoamericano. En lo que llamarían aquí el “diálogo” entre los países de América Latina, Venezuela parece un loco de carretera monologando sobre un único y absurdo tema. Todos los demás están hablando de otra cosa, buscando un horizonte nuevo, peleándose entre sí por salir adelante, tal vez, pero abiertos a una discusión agitada con el mundo. Nosotros, mientras tanto, seguimos discutiendo con un fantasma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como sea, me quedo con un párrafo del final de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Cómo viajar sin ver&lt;/span&gt;. Dice Neuman:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Buena parte de mi vida ha consistido en aprender a despedirme. Así se resume el aprendizaje de cualquier vida: darles a las cosas la bienvenida que merecen, despedirlas con la debida gratitud. Desde mi infancia emigrante hasta hoy puedo reconocer una hilera de despedidas, unas mayores, otras minúsculas. En esa sucesión de adioses, cuya longitud se parece al rastro de lo andado, distingo mis transformaciones. Antes, cuando volvía a mi país natal, sentía que yo me despedía de todos. Ahora, no sé muy bien por qué, siento que los demás se despiden de mí. Quizá sea el efecto de haberme acostumbrado a irme. Uno pierde el temor a soltar su equipaje, pero también la certeza de que su contenido le pertenece. Los aeropuertos son el escenario de separaciones desgarradoras. Y me doy cuenta de que he ido pasando, por así decirlo, de despidiente a observador. De protagonista de mis propias despedidas a testigo de las ajenas. Las maneras de irse cambian tanto como los que se van. (p 245)&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí Neuman. Su texto me ha servido para mirar la tierruca desde otro lado y también para sentir, o presentir, la distancia que me separa ahora de mi lugar de origen. Creo que he pasado, aunque de otra manera, por ese mismo extraño tránsito entre el dolor de las despedidas y la distancia o la indiferencia –y, también, ¿por qué no? la nostalgia– frente a las despedidas de los otros. Ya no me conmueve demasiado ir o volver. Ya estoy definitivamente en tránsito y ese estado no es otro que el del desarraigo permanente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé qué he ganado en el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo volandero,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-6730406622888868692?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/6730406622888868692/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/10/viajar-con-neuman.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6730406622888868692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6730406622888868692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/10/viajar-con-neuman.html' title='Viajar con Neuman'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-B_PunK9auNY/Tpg5hAhF6OI/AAAAAAAADzU/AtXiKYd-lyA/s72-c/arbol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-1297823616304707368</id><published>2011-10-04T12:54:00.005+01:00</published><updated>2011-10-04T13:09:43.620+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Aniversario'/><title type='text'>Siete años</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-MqgaUEYYQfY/Tor3e18avPI/AAAAAAAADzI/TDBzcxT4Tmc/s1600/flor.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-MqgaUEYYQfY/Tor3e18avPI/AAAAAAAADzI/TDBzcxT4Tmc/s400/flor.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5659607990993075442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermana está cumpliendo hoy siete años de muerta. Los científicos dicen que las células del cuerpo se renuevan completamente cada siete años. Eso equivale a decir que cada siete años estrenamos un cuerpo nuevo. Para hacer más redonda la cuenta, este año en que tengo 49, mi cuerpo entero ha cumplido ese ciclo de renovación siete veces. A pesar del cambio, el dolor persiste y no parece responder a esos ciclos perfectos. Aunque es verdad que el tiempo hace que aprendamos a vivir con las ausencias y que los rituales nos ayudan a acomodar la tristeza en un sitio donde duela menos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que hice al levantarme hoy fue prender una vela frente al retrato de mi hermana. Es un ritual que, como sabes, sigo desde el primer aniversario de su muerte. No puedo explicar exactamente qué significa, porque no creo en la vida más allá de la muerte. Al menos no creo “racionalmente” en esa posibilidad. Y, sin embargo, cuando enciendo la vela que conmemora el aniversario de su muerte, le hablo a mi hermana y le digo que mientras  esté en el recuerdo de los que la quisimos ella va a seguir viva. Le cuento que ya entró el otoño, que hace frío afuera y que el viento resuena en las rendijas de las ventanas. Y le digo que ayer estuve escuchando en su honor las viejas canciones de Armando Manzanero, mientras cumplía con el ritual de limpieza de los lunes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque a Rebeca le gustaban, como a mí, las viejas canciones románticas y le gustaba cantarlas. Me acuerdo que una vez que me fue a visitar a Mérida, cuando yo vivía en La Mano Poderosa, ese caserío cerca de Tabay que tú conoces, fuimos a dar una vuelta por los alrededores y de regreso se nos vino encima una neblina espesa. Rebeca estaba manejando y en el asiento de atrás iban Patricia y Raúl, no tan chiquitos pero niños todavía. Se había hecho de noche de pronto y la neblina nos dejaba ver apenas medio metro delante. Si poníamos las luces altas la niebla se volvía una pantalla blanca y era imposible ver más allá de esa nube densa. No nos quedaba más que ir despacio, adivinando el camino lleno de curvas y cruzando los dedos para que nadie se nos atravesara. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces Rebeca, para calmar a los niños y tal vez para distraerse ella misma de la tensión de manejar en esas condiciones, nos dijo: vamos a cantar. Y arrancó con “Esta tarde vi llover, vi gente correr, y no estabas tú...” Tardamos tal vez una hora en llegar a la casa y en ese recorrido lentísimo pasamos revista a todas las canciones de Armando Manzanero que nos sabíamos: Somos novios, Adoro, Contigo aprendí, Mía, Esperaré, Aquel señor... Cuando se nos acabó la lista de Manzanero nos paseamos por rancheras y boleros hasta que llegamos sanas y salvas a la casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa costumbre de cantar en los viajes la aprendimos de mi papá, que en los larguísimos recorridos que hacíamos de un extremo a otro del país, cuando nos íbamos de vacaciones, insistía en que no debíamos quedarnos dormidas, porque había que ver el paisaje para conocer el país. Y para mantenernos despiertas –y mantenerse él también alerta– nos hacía jugar “veo-veo” y descubrir la respuesta a sus complicadas adivinanzas y cantar por todo el camino. Por eso, cuando Rebeca me dijo en ese viaje tenebroso en medio de la niebla merideña, “vamos a cantar”, a mí me pareció lo más natural del mundo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por eso entre ayer y hoy he estado escuchando a Armando Manzanero y resucitando los recuerdos que tengo de mi hermana para hacer que siga viviendo en mi memoria, aunque todas y cada una de las células de mi cuerpo ya no sean las mismas de siete años atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo cantado,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-1297823616304707368?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/1297823616304707368/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/10/siete-anos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1297823616304707368'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1297823616304707368'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/10/siete-anos.html' title='Siete años'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-MqgaUEYYQfY/Tor3e18avPI/AAAAAAAADzI/TDBzcxT4Tmc/s72-c/flor.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-6653320551556264579</id><published>2011-09-29T12:56:00.003+01:00</published><updated>2011-09-29T13:00:28.377+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas'/><title type='text'>Donar un libro</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-n4x2XAmrBRI/ToRdBzZjDvI/AAAAAAAADy8/Ez9mup5VghA/s1600/libro.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-n4x2XAmrBRI/ToRdBzZjDvI/AAAAAAAADy8/Ez9mup5VghA/s400/libro.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5657749317442801394" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que te había contado antes que aquí hacen una vez al año un intercambio de libros patrocinado por dos periódicos. No había participado antes, porque al final nunca estoy pendiente y el tiempo se me pasa. Pero este año decidí que quería probar suerte, no sólo regalando un libro, sino buscando entre los lugares a donde voy habitualmente a ver si encontraba un libro del que pudiera apropiarme. Pude con lo primero, pero con lo segundo no tuve suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El intercambio se llama &lt;a href="http://www.guardian.co.uk/books/2011/sep/14/guardian-and-observer-book-swap-how-to-take-part?intcmp=239"&gt;book swap&lt;/a&gt; y los periódicos que lo patrocinan son el Guardian y el Observer. Durante una semana la gente regala al menos uno de sus libros y cualquiera puede quedarse con un libro si lo encuentra en un sitio público debidamente marcado. La semana pasada, todo el que compraba alguno de esos dos periódicos recibía una calcomanía que le podía pegar a la contratapa de un libro que quisiera regalar. La calcomanía tiene dos partes, una que se pega dentro y que explica el procedimiento y tiene un recuadro en blanco donde el antiguo dueño puede hacer un comentario del libro que está donando; y otra, que se pega en una esquina, en la parte de afuera del libro, que dice: “ahora este libro te pertenece”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para incentivar el intercambio los dos periódicos dejaron en distintos espacios públicos quince mil libros de distintos géneros y diversas especialidades. Y parece que la gente respondió al llamado con entusiasmo (si entras en &lt;a href="http://www.guardian.co.uk/books/interactive/2011/sep/15/guardian-and-observer-book-swap-flickr-map?intcmp=239"&gt;el mapa aquí&lt;/a&gt;, puedes ver todos los lugares donde la gente ha dejado libros). Es de verdad una idea genial y, sobre todo, simple. Pero si quieres participar, el primer paso es elegir uno de tus libros. Como seguramente te pasaría a ti también, desprenderme de uno de mis libros es un auténtico drama. Para empezar, tenía que ser un libro que ya hubiera leído, porque  aunque sé que hay muchos que no voy a leer, no puedo siquiera imaginar en regalarlos si no le he echado por lo menos un vistazo a las primeras cincuenta páginas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que, con mi calcomanía en la mano, mi primera tarea fue recorrer mi biblioteca a ver qué libro cumplía con los requisitos exigidos en la página web del Guardian. El libro debía estar en buenas condiciones y “limpio” (traduzco literalmente) y no debía tener ningún contenido inapropiado, en el caso de que fuera encontrado por un niño. Las recomendaciones no me ayudaban mucho, porque todos mis libros están en buen estado y, que yo sepa, ninguno contiene material “inapropiado”. Así que tuve que establecer mis propias reglas: debía ser un libro que ya hubiera leído; que no quisiera volver a leer; y que estuviera en inglés (más de la mitad de mi biblioteca está en español, por supuesto). Pero, además, pensé que debía ser un libro que de alguna manera hablara de América Latina, de su cultura o su historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta última regla me pareció imprescindible para que mi donación tuviera algún sentido. Pensé que el intercambio iba a ser ya suficientemente “monolingüe” y que un mínimo de multiculturalismo no le haría daño a nadie. Así que después de acumular unos tres o cuatro candidatos terminé seleccionando el libro de Julia Álvarez, Saving the World. Es un libro que me gustó mucho cuando lo leí, pero estaba segura de que ya no iba a volver a leerlo, y cumplía con mi misión multiculturalista de contar una historia no sólo latinoamericana sino también –y tal vez sobre todo– de integración de Europa y América. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pegué la calcomanía a la contratapa del libro y le escribí un comentario alentador. Me propuse acercarme a la ciudad durante la semana para elegir un lugar donde “soltarlo”. Como el clima estaba más bien horrible, consideré la posibilidad de dejarlo en alguno de los dos cafés que hay en el pueblito, o tal vez en el pub que queda enfrente. Pero me pareció que iba a hacer trampa, porque nunca jamás voy a esos lugares y me pareció que la donación tenía que realizarse en un espacio que fuera, al menos para mí, significativo. Entonces pensé en el parque, mi querido parque al que voy a caminar todos los días. Pero el clima estaba tan infame la semana pasada, que pensé que iba a ser un desperdicio dejar a mi pobre libro a la intemperie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me quedaba otra que montarme en el autobús y acercarme hasta la ciudad. Estaba lloviendo y no parecía que el clima iba a mejorar. Me puse un sueter y un impermeable y me fui con mi libro en el bolso. De vez en cuando le hacía un cariño escondido, como si tratara de explicarle que estaba haciendo aquel acto de desprendimiento por su propio bien. Vas a conocer a otra gente, le dije, vas a viajar y a ampliar tus horizontes; te van a querer mucho y te van a guardar en una biblioteca bien bonita, más bonita que la mía, donde vas a tener nuevos amigos para conversar sobre muchos temas que ahorita no conoces. Vas a ser feliz, le dije, dándole palmaditas en el lomo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras iba en camino, tratanto de acallar mi mala conciencia por abandonar a su suerte a uno de mis queridos libros, consideré los distintos lugares en los que podía dejarlo. Pensé en lugares amables que conocía bien, en cafés y en parques, en centros comerciales y en plazas públicas. Descarté las librerías porque una de las instrucciones expresas del periódico patrocinante era precisamente “evitar las bibliotecas o librerías”, por razones más bien obvias. Y dándole vuelta a los sitios que siempre visito en la ciudad, me di cuenta de que había un lugar al que había ido desde la primera vez que estuve en Edimburgo, hace doce o trece años: la Filmhouse, que nosotros llamamos “la cinemateca”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegué al centro estaba haciendo un sol espléndido y yo estaba, como se dice aquí, sobre-abrigada. Aún así, me armé de valor, me quité el impermeable y caminé decidida por Lothian Road camino a la cinemateca. Tenía días sin ir al centro y de pronto me sorprendió la cantidad de gente y en desorden que había en las calles, porque una vez más habían cerrado Princess Street para hacer no se qué reparaciones o conexiones relacionadas con el tram que se habían hecho mal la primera vez. Uno se desacostumbra al ritmo de la ciudad y a sus repentinos cambios cuando vive encerrado en un pueblito de dos calles en el que nunca pasa nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué a la cinemateca casi a mediodía. Estaban pasando una película que había querido ver desde hacía tiempo, así que me compré una entrada y decidí que mi generoso acto de donación lo haría al salir. La película se llama Arrietty y cuenta la historia de unos seres diminutos que viven entre los humanos, pero están en peligro de extinción (puedes ver &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=aeSbQg_JwhQ"&gt;el trailer aquí&lt;/a&gt;). Me gustan las películas de dibujos animados y estoy muy lejos de creer que se trata de películas sólo para niños. De hecho, ese día que entré a ver Arrietty en la cinemateca había sólo dos niños acompañados por sus padres. El resto éramos adultos desocupados, casi todos solos, que por alguna razón teníamos dos horas libres en el medio del día para sentarnos a ver una película supuestamente infantil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí con el ánimo ligero. Me acerqué al café que nos ha servido cantidad de veces de lugar de encuentro y donde me encanta comer un plato que sólo he comido aquí: curry de garbanzos. Había poca gente, porque el clima afuera seguía de lo más decente. Consideré en qué mesa mi libro sería más visible y elegí el lugar que puedes ver en la foto: una mesa alta con taburetes donde me he sentado más de una vez a esperar a Lyo o a tomarme un tecito. Me pareció que era un homenaje válido para ese lugar que me ha servido de refugio tantas veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al salir hice un recorrido por algunos cafés y plazas a ver si me tocaba en suerte algún libro. Se suponía que la idea del intercambio era esa. Pero no tuve suerte. Nadie había dejado ningún libro en mi camino. Así que me resigné a entrar en la biblioteca nacional a pasar el resto de la tarde en compañía de otros libros, también públicos, pero que no puedo llevarme comigo a mi casa. No fue una mala tarde, la verdad. Estuve un par de horas leyendo a Saer y se me ocurrieron un par de ideas que tal vez pueda usar más adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una película que te levanta el ánimo, un libro donado, dos ideas útiles: no es un mal balance para un sólo día. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo explayado como un libro abierto,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-6653320551556264579?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/6653320551556264579/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/09/donar-un-libro.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6653320551556264579'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6653320551556264579'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/09/donar-un-libro.html' title='Donar un libro'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-n4x2XAmrBRI/ToRdBzZjDvI/AAAAAAAADy8/Ez9mup5VghA/s72-c/libro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-7895972147919172334</id><published>2011-09-21T11:36:00.004+01:00</published><updated>2011-09-21T11:55:08.659+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Recordar las casas'/><title type='text'>Recordar las casas 6</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-HY1y-LrACvo/Tnm_XMTm4CI/AAAAAAAADyw/2pLnf2cc7CQ/s1600/Siracusa_acera.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-HY1y-LrACvo/Tnm_XMTm4CI/AAAAAAAADyw/2pLnf2cc7CQ/s400/Siracusa_acera.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5654761212301729826" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acabo de darme cuenta de que en diciembre del año pasado fue la última vez que escribí sobre las casas en las que he vivido. No sé por qué uno se asombra con el paso del tiempo, pero ese susto de ir andando sin darse cuenta ni cómo es algo que siempre está ahí y se vuelve un lugar común cada vez que lo anunciamos: ¡Qué rápido pasa el tiempo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debería haberte contado hace meses sobre la sexta casa en la que viví, la penúltima que iba a compartir con mi familia. Sé que he empezado a escribir sobre ese lugar varias veces, pero por alguna razón no encuentro el archivo, así que me toca empezar de nuevo. El último lugar en el que viví en Caracas con toda mi familia era un apartamento en Terrazas del Club Hípico que quedaba frente a un colegio de monjas donde estudió mi hermana Renée. No me acuerdo cómo se llamaba el colegio ni la calle ni el edificio en el que vivíamos. El apartamento quedaba, si mal no recuerdo, en un séptimo piso. Desde el ventanal de la sala, que daba al estacionamiento, sólo se veía el enorme muro de contención que mantenía en su sitio la colina que estaba atrás, donde se alineaban las casas de la urbanización en la que vivía gente más acomodada que nosotros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa sala con su ventanal sin vista era tal vez el espacio que mejor definía ese lugar al que habíamos ido a parar por algún revés del destino, que supongo que tenía que ver con el inminente cambio de gobierno. Mi papá debe haber tenido que dejar el cargo en el Ministerio y la familia tuvo que reducir gastos, porque me imagino que ya no era posible pagar el alquiler de la casa de La California. Así que, por primera vez en nuestra existencia, tuvimos que mudarnos a un apartamento. Hoy en día puede parecer difícil de imaginar, pero vivir en un apartamento por primera vez a los 16 años no es un ejercicio cómodo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno se acostumbra a las casas, a sus amplitudes y recovecos, a la posibilidad siempre presente de apartarse de todos y meterse en un agujero donde nadie moleste. Las casas tienen patios y jardines y, si hay suerte, balcones. Las casas están pegadas de la tierra y para escapar de ellas basta abrir una puerta. Pero los apartamentos son esos espacios colgados en el medio del aire donde uno se siente como en una jaula y de los que escapar es más difícil, porque hay escaleras y ascensores y muchas llaves y rejas de por medio y se pierde el impulso de la huida en el camino. Y acostumbrarse a ese encierro y a esa falta de espacio es complicado si uno está en medio de una adolescencia más bien explosiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque puedo describir el apartamento de Terrazas, no creo que se diferencie mucho de los cientos de miles de apartamentos –o tal vez millones– que existen en Caracas. Se entraba a un pasillo que tenía la cocina a la izquierda. Pasando la cocina había un lavandero y creo que un baño de servicio, pero no estoy segura. Al final del pasillo estaba la sala comedor, con su ventanal por donde se veían las casas de gente que no tenía que pasar las apreturas de espacio por las que nosotros estábamos pasando. En medio de la sala, hacia la izquierda, se abría un pasillo donde estaban alineadas las puertas de los cuatros. Tres cuartos, dos baños, uno dentro del cuarto principal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los muebles que habíamos tenido en la casa de la California se apiñaban en este espacio mínimo, haciéndolo más incómodo y opresivo. Los inmensos materos que habíamos tenido desde que vivíamos en Guanare y que nos habían acompañado en la California habían desaparecido. Ya no había nada verde dentro de la casa y creo que no hubo nunca más un matero, ni grande ni pequeño, en las casas en las que vivieron mis padres después. El equipo de sonido todavía ocupaba un lugar en la sala, donde ya no se sentaba nadie sino para ver la tele o cuando había visitas. Mi mamá se había encargado de regalar a Nevado, no sé a qué vecino o familiar. Así que estábamos nosotras cuatro, solas y encerradas en aquel lugar minúsculo, con dos padres que parecían cada vez más furiosos el uno con el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El refugio natural era el cuarto. Como siempre, yo dormía con mi hermana Ruth, y Rebeca y Renée dormían en el otro cuarto, que estaba al fondo del pasillo. Las ventanitas de cada habitación parecían más un filo que una ventana y el aire circulaba apenas o así me parecía. Teníamos unas camas con copetes de mimbre que en un espacio más grande apenas se notaban, pero en aquel huequito resaltaban como una extravagancia descolocada. Había una mesa de noche, también de mimbre, entre las dos camas. Y creo recordar una mesita muy pequeña que servía como de escritorio, pero es posible que esté imaginando un mueble que en realidad sólo tuve más tarde, cuando vivía sola. Como sea, mi recuerdo de ese cuarto es oscuro, opresivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tengo ninguna otra memoria particular del apartamento de Terrazas. No me acuerdo de los detalles de la cocina ni del baño. Ni siquiera me acuerdo de cómo era el cuarto de mis padres ni de los colores de las paredes o de ningún detalle de la decoración, aparte de los eternos cuadros pintados por mi mamá que ocupaban todas las paredes. Para mí ese espacio es un lugar del que sólo quería salir. Yo tenía entre dieciséis y diecisiete años. Había terminado de estudiar bachillerato y había aplicado para estudiar periodismo en la Universidad Central. En esa época no existían los exámenes de admisión ni todo el drama del cupo. Uno llenaba una planilla en la que hacía un listado en orden de preferencia de las tres carreras por las que quería optar. Mandaba la planilla a lo que se llamaba el CNU –Consejo Nacional de Universidades– y esperaba a que le asignaran el cupo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me atreví a llenar una sola opción, porque yo quería ser periodista o nada. Así de arrogante y así de segura de mí misma era yo en ese entonces. ¡Qué ingenuidad! Lo increíble es que la realidad no me contradijo y cuando salieron los listados ahí estaba mi número de cédula: me habían dado un cupo para estudiar periodismo en la Central. Pero, por uno de esos típicos reajustes de la UCV, las clases iban a empezar en enero de 1979 y estábamos en septiembre de 1978. Tenía cuatro larguísimos meses por delante. Y para una adolescente con ganas de salir a la calle y comenzar a vivir su propia vida eso era muchísimo tiempo. Así que me empeñé en que quería conseguir un trabajo para hacer algo mientras comenzaban las clases.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi papá habló con un conocido suyo, que tenía una imprenta, y este señor me dio un trabajo de aprendiz de todo, en el que me pagaron el primer sueldo que gané en la vida. Sueldo mínimo: mil doscientos bolívares mensuales. Como era todavía menor de edad, mi papá tuvo que acompañarme a que abriera una cuenta en un banco que estaba en el Centro Comercial Terrazas del Club Hípico, a unas tres cuadras de la casa. Ahí depositaba regularmente lo que me pagaban cada mes y sólo gastaba en transporte, libros y discos. Yo me sentía muy orgullosa de estar ganando mi propio dinero a una edad en que las niñas de mi edad andaban disfrutando de sus últimos años de libertad mantenida por los padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que fue en el apartamento de Terrazas donde empecé lo que yo llamo mi vida productiva. Me levantaba muy temprano, agarraba el autobús en la esquina y me bajaba en la principal de Las Mercedes. Desde ahí caminaba las cinco o seis cuadras largas que había entre Las Mercedes y la casa de tres pisos donde estaba instalada la imprenta, en una callecita que subía desde la Avenida Miguel Ángel y se perdía en un recoveco de la montaña. Creo que la calle se llamaba Minerva. Años y años después, siempre que pasé por el inicio de esa calle sentí un golpe de nostalgia. Esa zona de Bello Monte es para mí el lugar en el que me adueñé definitivamente de la ciudad y me acostumbré a su ritmo, a escuchar sus ruidos y a soportar sus olores. Tal vez por eso, cuando viví en Bello Monte, casi treinta años después, sentí que había regresado a casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy consciente de que me alejo del apartamento de Terrazas del Club Hípico. Pero es que así era, amiga, mi vida en ese tiempo. Yo apenas quería estar en aquel lugar donde se respiraba un aire de encierro y resignación, donde el ambiente se hacía cada vez más insoportable. Pero la verdad es que sí tengo recuerdos del lugar, más del edificio que del apartamento. Rebeca había empezado a estudiar en la USB y se iba a la universidad en el Maverick morado de mi mamá, porque le habían sacado un permiso especial para que manejara, aunque no había cumplido los reglamentarios 18 años. Mi hermana Ruth se había empatado con un muchacho que vivía en el edificio. Se llamaba Carlos Cámara, o al menos ese es el nombre que me viene a la mente. Tenía un hermano mayor y varias hermanas menores, así que con ellos armamos una especie de grupo, que no sustituía al grupo grande y bullanguero que teníamos en la California, pero hacía las veces. Creo que mi hermana Renée se unía a veces a ese grupo porque se hizo amiga de la hermana menor de Carlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con ellos íbamos a pasear al Concresa y al Humboldt, jugábamos bowling en un sitio que se llamaba algo así como Pin 18 o 21, que quedaba en el CC Terrazas del Club Hípico, y veíamos todas las películas que podíamos. Estos nuevos amigos eran hijos de un diplomático y habían vivido en Alemania y en otros lugares. Hablaban en inglés y en alemán con sus padres y a mí me parecían el colmo de lo exótico. Nos pasábamos horas conversando en la entrada del edificio y hacíamos loqueras como si no quisiéramos que la infancia se terminara. Me acuerdo que con la patineta de alguno de ellos me lancé por la loma de la avenida que daba al Club Hípico y, por supuesto, terminé en el asfalto, con las rodillas rotas y las manos reventadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el patio de ese edificio adquirí la segunda –perdón, la tercera– cicatriz que tengo en el cuerpo (sin contar operaciones quirúrgicas). Cuando nos mudamos, por falta de mejor entretenimiento o por alguna razón que ahora se me escapa, consideramos que era divertido escalar el muro de contención del estacionamiento. Hacíamos competencias a ver quién subía más alto. Cuando dominamos el arte de llegar hasta arriba y esa meta ya no fue suficiente, el reto comenzó a ser pasar al otro lado. Al final del muro había una pared con esa fila de vidrios rotos que son tan usuales en Caracas y que se supone que sirven para mantener afuera a los intrusos. Si queríamos ir más allá del muro teníamos que superar esa trampa para bobos. Yo lo intenté, segura de que una fila de vidrios rotos no era un obstáculo suficiente. Pasé mi brazo derecho por encima de la pared para agarrarme de la reja que estaba atrás y tomar impulso. Pero hasta ahí llegó mi valor: un vidrio transparente y filoso se me clavó en el lado interior del brazo y al instante la piel se me abrió en una zanja profunda. No me acuerdo qué pasó después, no recuerdo la sangre ni el dolor, pero sé que esa fue mi última incursión en el muro. Y tal vez la última vez que jugué a ser una niña.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez que empecé a trabajar mi interés cambió radicalmente, porque me enamoré de un señor bastante mayor que yo que trabajaba en la imprenta del amigo de mi padre, y a donde me habían dejado ir a trabajar porque se suponía que estaría a salvo de los peligros del mundo exterior. La historia de ese romance llega hasta la época en la que nosotras nos conocimos, y no viene al caso contarla aquí, pero sólo te lo cuento para explicarte por qué mi lugar era ya otro cuando vivíamos en Terrazas. Yo tenía una excusa perfecta para salir de la casa: iba a trabajar. Y en efecto eso hacía de lunes a viernes. Pero trabajaba con el hombre que se iba a convertir en mi primera pareja adulta y durante esos meses yo entré aceleradamente a un mundo al que no había tenido acceso hasta entonces y me sentía dueña de mi destino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salía del trabajo a las cuatro y media, pero siempre me las arreglaba para llegar a la casa apenas antes de que oscureciera. En la familia había una regla no escrita que indicaba que todos los miembros menores de edad debían estar recogidos cuando comenzara a anochecer. Yo aprendí temprano a respetar esa regla. Pero también aprendí bastante pronto que todo lo que se puede hacer en la noche se puede hacer también durante el día. Así que mis encuentros con el compañero de trabajo se hicieron todos a la clara luz de las tardes después del trabajo, justo antes de que se hiciera de noche. Y el tráfico de Caracas sirvió de excusa perfecta para justificar las dos horas largas que pasaban entre la hora en la que yo salía del trabajo y la hora en la que llegaba. Y hay que ver lo que se puede hacer en dos horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También usaba los fines de semana para escaparme. Pero en ese caso utilizaba la excusa de que iba a visitar a mi amiga Efigenia. Ella vivía en El Marqués. Mi mamá la conocía desde que estudiamos juntas en bachillerato, así que no resultaba demasiado sospechoso que yo dijera que quería ir a pasar una mañana de sábado o una tarde de domingo con mi amiga, en su casa. Nunca me negaron el permiso y entre Efigenia y yo había un código que siempre respetamos. Yo la llamaba y le decía “no me llames hoy, que voy a ir a visitarte”. Y esa era la clave para tener una mañana entera o una tarde toda para dedicársela a mis emocionadas incursiones en el mundo “verdadero” de los adultos, al que había entrado de la mano de aquel compañero de trabajo, que era 14 años mayor que yo, periodista, argentino y casado. Nos sobraba el tiempo en esas tardes de domingo y yo llegaba siempre puntual a mi casa antes de que se ocultara el sol, sintiéndome como la heroína de una canción de Serrat.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando comenzaron mis clases en la Central, en enero de 1979, mi familia ya se había mudado a Barquisimeto. Me buscaron una residencia de señoritas en Las Acacias, donde viví un poco menos de un año, o tal vez un poco más. Mientras tanto mi familia vivía en la segunda casa que tuvimos en Barquisimeto, donde se casó mi hermana Rebeca, en la iglesia que quedaba literalmente cruzando la calle. Con esa casa, que espero que me acompañes a recorrer pronto, se cierra el primer ciclo de las casas en las que he vivido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después vienen los apartamentos, cuartos, cuarticos y cuartuchos en los que viví por mi cuenta, sola o acompañada. Pero tú conociste la mayoría de esos lugares y ya no sé si vale la pena que te siga echando el resto de ese cuento. Pero, quién sabe, tal vez resulte un buen ejercicio de memoria, ahora que todo ese mundo me resulta tan increíblemente lejano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo para el que hoy no encuentro adjetivos,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-7895972147919172334?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/7895972147919172334/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/09/recordar-las-casas-6.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7895972147919172334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7895972147919172334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/09/recordar-las-casas-6.html' title='Recordar las casas 6'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-HY1y-LrACvo/Tnm_XMTm4CI/AAAAAAAADyw/2pLnf2cc7CQ/s72-c/Siracusa_acera.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-2026471601639341146</id><published>2011-09-16T15:50:00.001+01:00</published><updated>2011-09-16T16:01:45.937+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>La escala de los mapas</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy leyendo la primera novela de Belén Gopegui, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;La escala de los mapas&lt;/span&gt; (1993) y estoy encantada. Cuando uno trata de retomar el ritmo de la escritura, después de meses ocupado en otra cosa, no hay nada como un libro que le demuestre a uno que escribir vale la pena porque con este oficio se pueden lograr cosas increíbles, que están más allá de la lógica cotidiana, de la simple supervivencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El libro empieza con una frase que ha sido muy celebrada por la crítica, por razones que entenderás de inmediato. La primera frase dice así: “Si un hombre pequeño nos besa la mano y acto seguido empieza a describirnos una manivela, ¿qué hacer?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los protagonistas de la novela de Gopegui son dos: el narrador, que se llama Sergio Prim, y la mujer que ama o que lo ama, que se llama Brezo Varela. Él la ha amado toda la vida sin que ella lo note. Ella de pronto lo acepta y se enamora. Lejos de ser los ingredientes de un final feliz, es más bien el inicio de una historia de obsesiones y desencuentros, de malentendidos y planes de fuga. Te dejo aquí dos botones de muestra para que veas por qué me tiene fascinada este libro. &lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no fueron celos, pero de pronto me sentí muy desvalido. Envidiaba la desenvoltura de aquel archivófilo para apoyar su mano. Sin duda, pertenecía a ese grupo de afortunados que, cuando se desplazan, basculan entre los cuerpos. Usan hombros o cinturas como asideros y de ese modo atenúan el desequilibrio congénito de nuestra especie. No así yo. A mí no me fue dado el don de esbozar un gesto de afecto detrás de otro, un gesto correctamente elegido, que no parezca inseguro ni tampoco forzado. Mi mano siempre divaga y se retira antes de haber conseguido alcanzar el codo del otro, su espalda o su cadera. Manos en retirada soy, cuerpo en retirada, separado en medio del tráfago de cuerpos, porque no me enseñaron a besar las mejillas ni a aferrar antebrazos ajenos. No sé abandonarme, ni siquiera en el deseo, ni siquiera desvaneciéndome en ti. Yo entro en el deseo y tal vez descanso, pero en seguida se enciende un cerco luminoso, un resplandor naranja e intermitente, que me incita a cruzar, a correr.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi primer movimiento sería una retirada en toda la regla, y diría así: «Óyeme, loca, muchacha que acaricias las tazas como si fueran gatos y a un hombre como si fuera una banda de música, óyeme: yo ya no tengo ímpetu. Han pasado los años y me he instalado en el retraimiento. Vivo como ese pequeño país autárquico que ponían de ejemplo en los colegios: soy Albania. Mi medio natural es sobrio, retazos de llanuras insalubres, mesetas desiguales y un complejo de montañas abruptas. En mi república se practica la autarquía de repliegue: producir para autoabastecerse y permanecer inmodificado, al abrigo de influencias extranjeras. Porque habitar con los otros es la guerra y me destruye, he preferido rodearme de una difusa constelación afectiva. Sus luces están lejos y aunque apenas iluminan, también me dañan poco. Vivo casi a oscuras. Vivo en mi casa breve de lecho breve y breves vistas al exterior. Y no puedo ilusionarme, porque soy un escéptico.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a Brezo se le ocurría sugerirme una odisea de vagones y equipajes, camas desconocidas, desayunos inesperados. (...) Cientos de kilómetros y al final la arena de las playas, para qué si uno vuelve siempre, para qué, si es aquí donde uno debe habérselas con el tiempo que no descansa nunca, para qué dar rodeos. Brezo pasajera, yo soy de los que un día decidieron emplear sus vacaciones en aprender a quedarse.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí los fragmentos de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;La escala de los mapas&lt;/span&gt;, de Belén Gopegui.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gusta esa voz que tiene miedo y que quiere escaparse. Esa mirada que observa los gestos y los ubica en un mapa de afectos. Me gusta la mezcla de interés e indiferencia, la desalmada falta de fe en todos y en todo. Me gusta la eficiencia de esa voz masculina inventada por una mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espero que a ti también te guste y que allá en la tierruca se consigan los libros de Gopegui.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un abrazo,&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-2026471601639341146?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/2026471601639341146/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/09/la-escala-de-los-mapas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2026471601639341146'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2026471601639341146'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/09/la-escala-de-los-mapas.html' title='La escala de los mapas'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-7339458673593640295</id><published>2011-09-13T16:01:00.002+01:00</published><updated>2011-09-13T16:11:45.304+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Viajes'/><title type='text'>Sufrir en Sicilia</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-AA8Be0nXb6A/Tm9yp052efI/AAAAAAAADyk/0qPmJNiGPjU/s1600/Sicilia_28.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-AA8Be0nXb6A/Tm9yp052efI/AAAAAAAADyk/0qPmJNiGPjU/s400/Sicilia_28.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651862120274754034" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me estoy recuperando apenas del viaje a Sicilia. La gripe que viajó conmigo para allá y para acá no se me ha quitado todavía. Siento que sigo agotada y que el calor que me atormentó durante todo el viaje se me ha quedado adentro. Me senté ayer a escribirte un recuento del viaje pero me aburrí a mitad de camino y lo dejé para hoy. Releí lo escrito y me pareció fastidiosísimo, así que decidí empezar de nuevo y contarte sólo mis impresiones generales, en vez de hacerte un recuento detenido día por día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resumen es más o menos así: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Si uno quiere visitar Sicilia como es debido, para ver las famosas ruinas greco-romanas y conocer las ciudades, hay que ir en primavera y/o en otoño, cuando el clima es más benigno. Pero a cuarenta grados a la sombra es imposible disfrutar nada que no sea la playa, y eso si tienes una buena sombrilla o -como nosotros- una super carpa playera que te proteja del sol inclemente. Si pretendías visitar los lugares importantes, lo único que logras un día tras otro, es acumular un sentimiento de culpa horroroso, porque mientras más lees las guías turísticas más reconoces que es una especie de pecado de lesa cultura estar en un lugar con tanta historia y no tener energía ni para acercarte a las ruinas que tienes a la vuelta de la esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. El mar de Sicilia es hermoso, para verlo de lejos y tomarle fotos, pero las playas son horribles. Incluso la única playa de arena en la que pudimos bañarnos –en Portopalo– era poco más que una franja de tierra rojiza llena de basura de principio a fin. Suena terrible, pero es la pura verdad. Los sicilianos no cuidan las playas, al menos no las que están entre el extremo sur-este y el estremo nor-este de la isla, que fue la zona que recorrimos. No hubo un solo lugar que visitáramos que no estuviera lleno de basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Nos quedamos en cuatro campamentos. Ninguno tenía la calidad o la limpieza de los campings de Córcega. Todos los baños estaban sucios o apenas limpios. Sólo uno de los lugares tenía unas duchas decentes. En el primero que nos quedamos el espacio para la carpa no estaba delimitado y no se podía dejar el carro adentro, lo que resultaba bastante incómodo. El segundo camping era tan malo que lo bautizamos “la poceta”. No creo que esto requiera más explicaciones. El tercer camping –en Marinello– era bastante bueno y lo mejor que tenía era el restaurant: excelente. El último camping tenía la ventaja de estar muy bien ubicado sobre una playa de arena, pero el olor de los baños era tan fuerte que hasta hoy lo tengo todavía pegado a la nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. Sólo visitamos tres ciudades: Catania, Taormina y Siracusa. Catania es una ciudad desordenada y ruidosa; sucia a más no poder; con muy pocos atractivos más allá de las plazas y uno que otro edificio imponente. Taormina es un centro comercial al aire libre, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Es una zona peatonal a la que sólo se puede llegar en autobús y tal vez eso le da un encanto particular. Siracusa es, al menos en su parte vieja, mucho más acogedora y fue el único lugar en el que sentí que la gente era genuinamente amable. Se podía caminar a pleno mediodía por las calles angostas y no había hordas de turistas como en Taormina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. La comida es excelente. No importa si te comes una pizza en el aeropuerto o una cena con tres platos en un restaurant medianamente decente, siempre se come bien. Yo me quejé un par de veces por el exceso de sal en algunos platos, pero de resto, sólo puedo decir que comimos rico. El gran descubrimiento fueron los canollis (unos dulces espectaculares que son como unas torrejas rellenas de ricotta) y el helado de pistacho, que aunque lo hacen en todas partes, el helado siciliano es la perfección en pasta. En Taormina nos comimos el tiramisú más rico que hemos probado y en un restaurancito perdido de Oliveri, el almuerzo más delicioso que es posible imaginar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Sigo pensando que hay que volver a conocer el resto de la isla y darle el beneficio de la duda. Pero no creo que quiera regresar en verano y definitivamente no quiero viajar haciendo escala en Londres. De ida nos dejaron las maletas y pasamos un día entero dando vueltas y haciendo nada porque nuestro alojamiento estaba embalado en el equipaje que llegó 24 horas después. De regreso tuvimos que dormir tres horas en un hotel cerca del aeropuerto de Gatwick y fue una tortura china.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que este es el mejor resumen que puedo hacerte del viaje. No es muy amable ni entretenido, pero refleja mi estado de ánimo. ¿Qué le vamos a hacer? Estuve toda la semana con gripe y con una diarrea que no se me quitó nunca. Dormí terriblemente mal casi todas las noches, el calor me tenía aturdida durante el día y apenas disfruté algunas horas de la mañana o de la tarde. De resto, sentí que lo único que hice fue esperar a que Lyo hiciera las miles de cosas que había ido a hacer en la isla: remar, nadar, subir al monte Etna, escalar, remar, nadar... Yo no tengo esa energía y quisiera imaginarme las vacaciones como un tiempo de descanso, de no hacer nada. Pero si estás acompañando a un deportista incansable esa idea se vuelve absurda y tus vacaciones terminan convirtiéndose en una larga e inútil espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Será la edad, amiga. Tal vez es tiempo de que admita que no estoy para esos trotes: que necesito un hotel con cama limpia y ducha cómoda cada tarde. Y, sobre todo, que necesito quedarme en sitios que no huelan mal y donde sea posible descansar a la sombra, con al menos un ventilador enfrente, cuando el calor apriete. ¿Será mucho pedir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo agotado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-7339458673593640295?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/7339458673593640295/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/09/sufrir-en-sicilia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7339458673593640295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7339458673593640295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/09/sufrir-en-sicilia.html' title='Sufrir en Sicilia'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-AA8Be0nXb6A/Tm9yp052efI/AAAAAAAADyk/0qPmJNiGPjU/s72-c/Sicilia_28.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-1313710479984492916</id><published>2011-08-24T11:17:00.006+01:00</published><updated>2011-12-28T16:26:30.820Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Citas'/><title type='text'>Gabriel con Nagasaki</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-iCS6Ev1euSk/TlTR7hQLt5I/AAAAAAAADlE/_suxR-_Y3TY/s1600/nube.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-iCS6Ev1euSk/TlTR7hQLt5I/AAAAAAAADlE/_suxR-_Y3TY/s400/nube.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5644367053470807954" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las noticias de la tierruca me llegan cada vez más tarde. Con casi un mes de atraso me estoy enterando hoy que mi amigo -y antiguo alumno- Gabriel Payares ganó el concurso de cuentos de El Nacional. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le escribo una línea para felicitarlo y después busco el cuento en la red y lo leo apurada y curiosa. Siempre leo los textos de gente conocida con una especie de susto, por no saber qué hacer si el texto no me gusta. Pero éste me gusta, y mucho. Por eso aquí va un fragmento y &lt;a href="http://lasmalasjuntas.com/2011/08/06/nagasaki-en-el-corazon/"&gt;aquí está el link&lt;/a&gt; por si quieres leerlo entero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;"Hay algo de Ulises en su cuerpo lampiño, una cierta curtimbre que me hace preguntarme si seré Calíope o Polifemo cuando llegue el final de la aventura. Aun así, escucho su recuento como a través de la portezuela de un submarino: lo he oído todo antes, en montones de rostros diferentes. Si la gente supiera lo parecidas que son nuestras vidas, lo indistintos que podemos llegar a ser al cabo de algunos años, como ondas similares sucediéndonos en un estanque, llegaría tarde o temprano a las mismas y exactas conclusiones: no existen buenas y malas iniciaciones, pero sí primeras y segundas veces, y entre una y otra puede mediar solamente el tamiz de la memoria. Es por eso que la vejez consiste en repeticiones: recuerdos de recuerdos, anécdotas contadas hasta el hartazgo. Una vida larga es como una enorme caverna: en ella todo hace eco."&lt;br /&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí unas líneas de muestra del cuento de Gabriel. Me gusta tanto que hasta le pasé por encima a los "rostros" como si fueran un pecado venial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como sigo en mi traducción, es todo lo que puedo hacer en lugar de escribir: leer a los otros y aceptar la bendición de que haya gente querida que siga escribiendo y lo haga tan bien!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un abrazo,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-1313710479984492916?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/1313710479984492916/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/08/gabriel-con-nagasaki.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1313710479984492916'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1313710479984492916'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/08/gabriel-con-nagasaki.html' title='Gabriel con Nagasaki'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-iCS6Ev1euSk/TlTR7hQLt5I/AAAAAAAADlE/_suxR-_Y3TY/s72-c/nube.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-1564775610082895265</id><published>2011-08-11T16:13:00.005+01:00</published><updated>2012-02-03T17:06:24.467Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas'/><title type='text'>El reino en llamas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-MeWcBl9AJvY/TkPxyye1JgI/AAAAAAAADk4/3hs__Tars_s/s1600/bp1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 236px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-MeWcBl9AJvY/TkPxyye1JgI/AAAAAAAADk4/3hs__Tars_s/s400/bp1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5639617013244831234" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El reino está en llamas. Desde el sábado ha habido disturbios y saqueos en Londres y otras ciudades del sur. En Escocia no se ha encendido la mecha de la protesta y con un frío que ronda los doce grados y una lluvia insistente, no parece que la ola de violencia vaya a llegar hasta aquí. Pero las reacciones frente a los saqueos que aquí son calificados como “actos de protesta ilegítimos” han disparado, como era de esperarse, un debate sostenido en todos los medios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La discusión comenzó con el asombro y con un lenguaje bastante depurado. Nadie quería hacer apología de la violencia y las palabras “delincuente” y “delito” quisieron imponerse desde el principio como la línea oficial para tratar la ola de saqueos. Pero cuatro días después ya la prensa y los demás medios habían comenzado a hablar francamente de protesta y a buscar las causas sociales y económicas de los disturbios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El debate en los medios parece ahora incluso más encarnizado que las mismas protestas callejeras. Tiene que ver con la búsqueda de las causas, pero también con la necesidad de encontrar una explicación convincente de por qué están participando en el vandalismo niños de diez y once años, que deberían estar bajo el cuidado de sus padres. Ya han salido trabajadores sociales a hacer análisis de la decadencia de la estructura familiar en las zonas marginales e incluso en las clases medias de Inglaterra. Ya han aparecido historiadores explicando el fenómeno de los disturbios callejeros como una manera de hacer política más allá de los votos. Ya hay economistas y sociólogos puntualizando que ésta no es más que una primera ola de descontento frente a medidas económicas impopulares y advirtiendo sobre la desintegración de la sociedad si se desmontan los programas sociales a los niveles que el gobierno conservador aspira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que el debate es largo y tal vez dure hasta finales del verano, que es mucho más de lo que duran aquí las preocupaciones esporádicas por casos de emergencia como éste. El parlamento, que había estado en receso, volvió a entrar en funciones. El primer ministro regresó de sus vacaciones en la Toscana. Todos los altos funcionarios que se habían ido a recibir el merecido rayito de sol más allá de las tierras húmedas del reino, tuvieron que regresar a meter el hombro para poner a los jóvenes en cintura. Y lo han hecho metiendo presos a más de mil jóvenes que en este momento están siendo juzgados por vandalismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y uno no puede evitar recordar cómo durante el caracazo, en Venezuela, guardando todas las distancias, se dieron los mismos debates y se repartieron las mismas culpas. También la clase media comenzó a mirar con asombro alrededor y a pensar en qué tipo de sociedad estaban viviendo. Los políticos del gobierno hablaron de delincuencia, los de la oposición de graves problemas sociales. Los periodistas comentaron los sucesos escogiendo con precisión las palabras, pero mostrando imágenes que hablaban por sí mismas. Todo, todo me regresa a la memoria. Porque ante la violencia generalizada de una masa anónima, los que estamos del lado de acá, mirando los toros desde la barrera, actuamos también como una masa. Una masa que se defiende y se encierra en el terror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el caracazo yo vivía en Parque Central, es decir, prácticamente en el medio de los acontecimientos. Decían que las turbas venían a saquear las tiendas y las oficinas y todo el mundo estaba encerrado, mirando por las ventanas lo que pasaba abajo. Pero yo me acuerdo haber paseado por los pasillos vacíos. Las santamarías estaban bajadas y los largos corredores parecían el escenario de una película apocalíptica, de esas en las que todo el mundo se ha ido después de un cataclismo universal. Todo estaba pasando, pero no pasaba nada. A veces llegaba una ráfaga de viento que traía el olor de los cauchos quemados que ardían a apenas un par de cuadras de distancia. Nada más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acuerdo que en esos días se desató también un debate que tenía muchas ramificaciones. En la Simón Bolívar, donde yo estaba comenzando a estudiar una Maestría en Literatura, conversábamos antes y después de clase sobre lo que estaba pasando. El sentimiento más generalizado era el asombro. El segundo, creo, era el miedo. Había gente realmente angustiada por la posibilidad de que los vándalos entraran en sus casas y les quitaran todo lo que tenían. Si tuve algún tipo de miedo en esos días, no era por las cosas que podían quitarme. Era un miedo más bien a la agresión física. Pero no me daban miedo los que protestaban, sino los que estaban tratando de reprimirlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como seguramente te acuerdas, yo había estado trabajando un año en la Televisora Andina de Mérida y durante ese tiempo cubrí como reportera más de un disturbio. En Mérida, como sabes bien, cuando hay protestas la ciudad entera se vuelve una zona de guerra. Nosotros teníamos unos chalecos que decían, por delante en letras amarillas y en mayúscula, PRENSA. Y por detrás, en una letra más pequeña: ¡no dispare! Me encantaban esos chalecos y cuando me ponía uno y salía a la calle a cubrir las protestas me sentía como un personaje de película. No sé si era por el chaleco, o por una especie de inconciencia colectiva de la que me contagiaba inmediatamente, pero el caso es que no me daba miedo estar en medio de las multitudes que rompían vidrios, lanzaban botellas, quemaban cauchos y se repartían potes de leche o latas de atún de algún camión saqueado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me asustaba mucho más estar delante de un batallón de policías, cuando disparaban sin mirar a quién balas de plástico o perdigones, o cuando lanzaban en seguidilla diez, quince, veinte bombas lacrimógenas haciendo que todo el mundo se retirara corriendo a todo lo que daban las piernas. Una vez, en la esquina de la plaza Bolívar, saliendo apenas de las oficinas de la TAM, una bomba lacrimógena me cayó en los pies. Me acuerdo que la miré por dos segundos antes de patearla con todas mis fuerzas calle abajo, hacia donde estaban los policías. Es lo más cerca que he estado de convertirme en delincuente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas esas imágenes me han vuelto a la memoria viendo en la televisión a los jóvenes británicos –ingleses, diría Lyo, porque aquí en Escocia no ha pasado nada– destrozar vidrieras y asaltar joyerías y tiendas de ropa y zapatos, enfrentando desafiantes a la policía. Dicen que se comunicaban dónde sería el próximo asalto a través de la mensajería de texto de los celulares. Y no ha faltado el incauto que ande por ahí culpando a los nuevos medios de la facilidad con que se dispararon y extendieron los disturbios. Pero en 1987, cuando yo trabajaba en Mérida, no había celulares. Y el comportamiento de los jóvenes en las calles incendiadas era exactamente el mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como era igual la reacción de los políticos que estaban en el gobierno y la de los políticos que estaban tratando de ganar puntos desde la oposición. En estos casos, sea en el primero o en el tercer mundo, parece que alguien hubiera escrito un manual para uso de la especie humana con un capítulo escrito para cada uno de los actores que participan en la contienda. Y todos parecen siempre haberse leído sólo el capítulo que les corresponde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el reino todavía en llamas, te mando un abrazo contagioso como un disturbio callejero,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-1564775610082895265?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/1564775610082895265/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/08/el-reino-en-llamas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1564775610082895265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1564775610082895265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/08/el-reino-en-llamas.html' title='El reino en llamas'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-MeWcBl9AJvY/TkPxyye1JgI/AAAAAAAADk4/3hs__Tars_s/s72-c/bp1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-2702387563652006037</id><published>2011-07-27T17:46:00.003+01:00</published><updated>2011-12-28T16:14:53.018Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Traducciones'/><title type='text'>De traiciones y odios</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-jdWqK55eAZw/TjBBQl8Pn6I/AAAAAAAADko/crwOB0aqwq8/s1600/playa_2011.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-jdWqK55eAZw/TjBBQl8Pn6I/AAAAAAAADko/crwOB0aqwq8/s400/playa_2011.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5634074887158996898" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Te tengo abandonada! He estado trabajando en una traducción que me quita ocho horas al día y por eso este blog nuestro se ha quedado huérfano. Quería escribir una nota sobre el escándalo de los teléfonos intervenidos, que estuvo semanas en todas las noticias, porque me parecía de lo más curioso que se armara semejante escándalo por una práctica que es tan vergonzosamente común en nuestros países, y especialmente en Venezuela, donde no hay un sólo dirigente, periodista o abogado de renombre que no tenga el teléfono intervenido. Pero se me pasó el momento oportuno y no lo hice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después vino la matanza en Noruega y no se me ocurrió nada que decir ante una atrocidad como esa. Aunque tuve el vertiginoso presentimiento de que algo así podía pasar en la tierruca con el primer loco que se le ocurriera llevar al extremo cualquiera de las muchas posiciones fundamentalistas que se están volviendo moneda común entre los venezolanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y casi al mismo tiempo encontraron muerta a Amy Winehouse y quise comentar el asunto porque me pareció un triste desperdicio de talento. Pero también se me pasó el impulso y aquí estoy, haciendo una pausa en mi trabajo para contarte que sigo aquí, que el fin de semana pasado fuimos a una playa hermosa y soleada –arriba está una foto de las muchas que tomé– que hay luz a chorros y que el clima está tibio en el reino, por lo que tal vez adoptemos la costumbre de pasarnos al menos un día a la semana en la playa durante lo que queda del verano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero también para compartir contigo una de esas trivialidades que hacen la vida menos amarga –más allá de las muertes y los escándalos. Como mi cerebro en estos días no es más que una máquina de pasar palabras de un idioma a otro, tal vez en las próximas semanas lo único que logre compartir contigo sean fragmentos de cosas vistas/ oídas/ leídas. Así que tenme un poquito de paciencia y permíteme este paseo por el extraño mundo de las palabras prestadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez, se trata de una lista de las veinte cosas que más “odian” los británicos cuando salen de vacaciones fuera de su país. Fue publicada por el periódico &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;i &lt;/span&gt;, el martes 19 de Julio, y es una lista basada en entrevistas hechas a dos mil británicos que estaban viajando en ese momento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los británicos de vacaciones en el extranjero odian:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. No dormir en su propia cama.&lt;br /&gt;2. Sentir que el viaje no se termina nunca.&lt;br /&gt;3. No poder tomar agua directamente del chorro.&lt;br /&gt;4. Tener que competir por espacio en las playas.&lt;br /&gt;5. No encontrar un té decente para tomar. &lt;br /&gt;6. No poder conectarse a internet.&lt;br /&gt;7. No poder tener un carro a su disposición todo el tiempo.&lt;br /&gt;8. Encontrarse con otros británicos.&lt;br /&gt;9. No tener una ducha decente o una bañera para uso particular.&lt;br /&gt;10. La falta de leche “normal”.&lt;br /&gt;11. No poder cocinar en la propia cocina.&lt;br /&gt;12. No poder llevarse a las mascotas.&lt;br /&gt;13. Gastar dinero en cosas inútiles.&lt;br /&gt;14. El costo de las llamadas internacionales.&lt;br /&gt;15. Sentir nostalgia por la familia.&lt;br /&gt;16. La comida “extraña”.&lt;br /&gt;17. El calor (!).&lt;br /&gt;18. No entender los idiomas extranjeros.&lt;br /&gt;19. No saber manejar las monedas extranjeras. &lt;br /&gt;20. No tener la rutina de todos los días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la vista de semejante listado lo único que uno puede hacer es preguntarse ¡¿por qué carrizo salen de vacaciones?! ¡Quédense en su casa y disfruten de su nicho, su idioma, su moneda y su rutina sin incordiar al resto del planeta y sin competir con nadie por un espacio bajo el sol! Sería una solución espléndida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, más allá de las bromas fáciles que se pueden hacer con un listado como éste, hay algo en ese odio por lo “raro”, lo “extraño” o lo “extranjero” que me hace parar los pelos de punta. Tal vez esa es la razón por la que guardé el periódico durante todos estos días y decidí compartirlo contigo. Porque me dio la impresión de que, entretejido en medio de esa lista de quejas, está un hilo que es primo hermano de alguno de los hilos que forman el tejido de la personalidad del hombre que mató a todos esos niños en la isla noruega. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La falta de tolerancia por lo que es distinto de nosotros puede comenzar en algo tan trivial como la incomodidad frente a un idioma que no entendemos, y luego tomar caminos inesperados. Sobre todo cuando las incomodidades simples –típicas tal vez de todo desplazamiento– comienzan por enumerarse como “hate”. Normalmente esa palabra me parece horrible y trato de traducirla con algún sinónimo más benevolente. Pero la triste verdad es que con demasiada frecuencia, cuando aquí se dice que alguien “odia” algo, lo que se quiere decir no es que no le gusta o que le molesta o que le incomoda. Lo que se quiere decir es, literalmente, que lo ¡odia! Y precisamente por ahí se empieza... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo imposible de traducir,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-2702387563652006037?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/2702387563652006037/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/07/de-traiciones-y-odios.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2702387563652006037'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2702387563652006037'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/07/de-traiciones-y-odios.html' title='De traiciones y odios'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-jdWqK55eAZw/TjBBQl8Pn6I/AAAAAAAADko/crwOB0aqwq8/s72-c/playa_2011.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-6052724838558709868</id><published>2011-07-10T20:38:00.003+01:00</published><updated>2011-12-28T16:13:04.615Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Memorias'/><title type='text'>Volver a Cabral</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/--OTz3MkpbRg/ThoAtaMhpHI/AAAAAAAADkE/VD3bx-M1x6g/s1600/Nube_2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/--OTz3MkpbRg/ThoAtaMhpHI/AAAAAAAADkE/VD3bx-M1x6g/s400/Nube_2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5627811464478827634" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, mientras navegaba por la red en busca de un dato que necesitaba para terminar un artículo que me empeño en escribir sobre la literatura del exilio venezolano, me encontré con la noticia del asesinato de Facundo Cabral. ¡Lo mataron a tiros en Guatemala!. Dicen que fue un error, que lo confundieron con otra gente. Como sea, la noticia me paralizó. Todos los que hemos perdido a algún ser querido de un modo violento sentimos una muerte así en el centro del pecho, como si fuera una bala perdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a esa tristeza repentina y aguda se sumó una nostalgia empozada por ese ser que fui, al que le gustaban las canciones de Facundo Cabral. Porque cuando me hice adolescente y perdí la fe –o una de las formas de la fe– necesité un profeta de otro tipo: un trovador que me cantara otras verdades. Y ahí estaba Cabral con su voz de trueno, con sus letras medio recitadas medio cantadas, con sus irreverencias manchadas de un machismo irredento y muy argentino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acordé del concierto “Lo Cortez no quita lo Cabral” al que asistí en el Teresa Carreño, en una época en la que mis gustos ya se habían mudado a otra parte y algunas de las fanfarronadas de Cabral me resultaban francamente cursilonas, cuando no pasadísimas de moda. Me acordé de que, a pesar de eso, lloré a moco tendido escondida en mi asiento con alguna canción que me sabía de memoria y me atreví a tararear por lo bajo, moqueando. Me acordé de que, cuando pude, compré el disco del concierto y lo escuché hasta aprendérmelo casi completo, aunque estaba lleno de larguísimas peroratas en las que Cabral parecía disfrutar más que nada del sonido de su propia voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es verdad que algunos de mis gustos de adolescente me dan un poco de vergüenza. Pero he ido aprendiendo a reconciliarme con esas penas que a estas alturas me resultan casi ajenas. Así que hoy, antes de salir a caminar al parque, me metí en iTunes y bajé algunas de las canciones que me parecieron conocidas de la larga lista que aparece bajo el nombre de Facundo Cabral. Me puse los audífonos y el impermeable y salí bajo la lluvia a hacerle un homenaje de vida y resistencia a esa voz que me acompañó tantísimas veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me sorprendí cantando –como si no hubiera pasado el tiempo– las canciones que creía que se me habían olvidado. No soy de aquí ni soy de allá, Vuele bajo, Señora de Juan Fernández, El día que yo me vaya... Y mientras oía esa canción en la que Facundo Cabral mencionaba nombres de ciudades y objetos encontrados o dejados en distintas partes del mundo –un par de botas tejanas, una cerveza en Holanda, una hoguera junto al Nilo, un poema en Casablanca, una vieja gorra griega, un turbante del Negueb, dos máscaras, una quena– descubrí que mi destino de desterrada tal vez estaba desde el principio anunciado en esas canciones recitadas que escuchaba con una devoción de peregrino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresé a mi casa, empapada y llorosa, me saludó un rayo de sol terco.Y entonces recité de memoria, como si rezara, como siempre lo hago cuando veo salir en esta tierra oscura un rayo de sol, esa parrafada que dice: “El sol, el amado sol que enciende toda la vida, esa fiesta permanente por la que mi alma camina”. Y pensé que había hecho lo justo con estas memorias. Revisitarlas, sacarlas a caminar conmigo por un lugar tan ajeno, sin sentir vergüenza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo hondo como una vieja canción,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-6052724838558709868?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/6052724838558709868/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/07/volver-cabral.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6052724838558709868'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6052724838558709868'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/07/volver-cabral.html' title='Volver a Cabral'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/--OTz3MkpbRg/ThoAtaMhpHI/AAAAAAAADkE/VD3bx-M1x6g/s72-c/Nube_2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-4640263416012394156</id><published>2011-07-06T12:58:00.002+01:00</published><updated>2011-07-06T13:01:24.441+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vida cotidiana'/><title type='text'>Impulso</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-yKLZj-PFAGE/ThROb1GYsyI/AAAAAAAADj4/ouCKgBCcbLQ/s1600/la%2Bfoto-1.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-yKLZj-PFAGE/ThROb1GYsyI/AAAAAAAADj4/ouCKgBCcbLQ/s400/la%2Bfoto-1.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5626208074509890338" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He estado tratando de sentarme a hacerte un sumario de los últimos días, de mi viaje a Washington, del regreso, de los días muertos en los que he estado intentando readaptarme al silencio y la soledad. Pero me cuesta. He perdido el ánimo de echar el cuento de los días que pasan sin novedad alguna. Y me siento culpable, porque se supone que me he impuesto el deber de hacer la crónica de este estar sin consecuencias, incluso cuando no tenga ganas. Así que aquí estoy otra vez escribiéndote, con la excusa de que tengo que adaptarme al teclado de mi nueva compu (una flamante y ultra liviana MacBook Air).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque he escrito antes en este blog que los regresos son imposibles, esta vez sentí, mientras volaba sobre el Atántico, que volvía a mi casa, a mis rutinas, a mis amores cotidianos. No sentí tristeza de volver, solamente nostalgia de despedirme de mi mamá, mis hermanas y mis sobrinos, porque no sé cuándo voy a volver a verlos. Pero he pasado por tantas despedidas que ya estoy aprendiendo a manejar esa tristeza. Sigo llorando por los rincones de los aeropuertos y a veces en medio del vuelo, aunque creo que he logrado que se me note menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé una semana mirando las fotos que tomé en la playa, deambulando solita por la casa con los oídos desacostumbrados a tanto silencio, riéndome sola en la cocina de los chistes que me contaron mis hermanas y las loqueras de mi sobrino Nicolás, que habla todo el día como un radio prendido, sin parar nunca. He mantenido hasta ahora el olor de la playa en mi baño, porque me traje un jabón que usábamos allá y que huele a sol. En las noches, cada vez que uso la crema humectante que me ha mantenido el mínimo bronceado por más días de lo que esperaba, me acuerdo de las conversaciones sobre las casas y los trabajos, los estudios, los libros y las películas. El recuerdo acompaña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero uno no puede pasarse la vida nada más recordando, sin aterrizar un día. Así que esta semana volví al trabajo y a las aspiraciones de trabajar otra vez. Envié mis papeles a otra universidad. Tal vez tenga más suerte esta vez. Le di una mirada al artículo sobre la literatura del exilio que no termina de salir. Me senté a escribir el cuento de junio que le estoy debiendo a mi otro blog. Y me estoy preparando para trabajar en la traducción del libro que ya parece que es segura. Estoy, pues, calentando motores de nuevo. Porque cuando no hay muchas ganas lo que hay que hacer es actuar como si las hubiera ...y tal vez el ánimo regrese por sí solo cuando mejor le parezca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso ando amiga, empujándome yo sola. Encontrando por mí misma un combustible que me haga seguir en pie. Porque en el limbo del exilio nadie te empuja para ningún lado. En la gravedad cero del destierro flotas sin peso ni rumbo hasta que tú misma decides anclarte o impulsarte, saltar o caer. Y no estoy con ánimos de seguir a la deriva. Tengo ganas de ver un camino enfrente: de una meta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo fuerte como un impulso,&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-4640263416012394156?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/4640263416012394156/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/07/impulso.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4640263416012394156'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4640263416012394156'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/07/impulso.html' title='Impulso'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-yKLZj-PFAGE/ThROb1GYsyI/AAAAAAAADj4/ouCKgBCcbLQ/s72-c/la%2Bfoto-1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-5530739376187488762</id><published>2011-06-11T16:00:00.023+01:00</published><updated>2011-06-11T17:15:21.212+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Caminatas'/><title type='text'>Ensayo de caminata</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-mmIijKCya30/TfOE3ekmKLI/AAAAAAAADa0/h1Q96EiRu9E/s1600/A_canal_2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-mmIijKCya30/TfOE3ekmKLI/AAAAAAAADa0/h1Q96EiRu9E/s400/A_canal_2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616979248895371442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde hace tiempo venimos planeando hacer una larga caminata, de esas que duran varios días y en las que es posible atravesar alguna parte de esta isla de costa a costa. Me encanta la idea de hacer un recorrido que tenga una especie de significado contundente. Y aquí, en esta isla que tiene por un lado un océano y por el otro un mar, la idea de cruzar de uno a otro es de lo más tentadora. Por supuesto hay unos cuantos cruces costa-a-costa. Pero aquí en Escocia tenemos la ventaja de tener una de las franjas más angostas en las que se puede caminar desde el Mar del Norte hasta el océano Atlántico en un par de días —tres como mucho.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Y ese es el primer costa-a-costa que queremos hacer. Pero primero queremos estar seguros de que yo puedo pasar dos o tres días caminando. Digo “que yo puedo” porque es obvio que Lyo podría caminar por semanas y eso no ha estado nunca en duda. Así que el sábado pasado hicimos nuestra primera prueba de caminata larga. Caminamos veinte kilómetros por el Forth and Clyde, que es un canal que va desde el estuario del río Forth, que da al Mar del Norte, hasta la desembocadura del río Clyde, más allá de Glasgow, en plena costa atlántica. Pero nuestro recorrido, esta vez fue más modesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-4U7I9gB7ed4/TfOEbf0YdTI/AAAAAAAADas/sGw98UEWiug/s1600/a_Croy.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-4U7I9gB7ed4/TfOEbf0YdTI/AAAAAAAADas/sGw98UEWiug/s400/a_Croy.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616978768193680690" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos de la casa en autobus y nos montamos en un tren en Haymarket que nos llevó a un pueblito llamado Croy. La idea era hacer el camino de regreso, de oeste a este, desde la mitad del recorrido hasta Falkirk, que está relativamente cerca del final. Es decir, queríamos hacer un pequeño ensayo con vestuario para ver cómo se veía el camino, cómo se comportaban nuestros pies —los míos, quiero decir— y si era posible, a la vista de todas esas variables, hacer el recorrido costa a costa, incluyendo quedarnos a dormir en el camino. Íbamos, pues, a reconocer el terreno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-HiT5pANXhs8/TfOEGVcI3HI/AAAAAAAADak/rXp0vN3I5YU/s1600/A_canal_1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-HiT5pANXhs8/TfOEGVcI3HI/AAAAAAAADak/rXp0vN3I5YU/s400/A_canal_1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616978404630387826" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La idea inicial había sido caminar por &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Muro_de_Antonino"&gt;el muro de Antonino&lt;/a&gt;, que construyeron los romanos en el año 142. Pasaron doce años tratando de mantener ahí el límite norte de sus dominios, antes de tirar la toalla y decidir que los encuentros con los salvajes de las tierras altas eran más de lo que podían soportar por mantener un territorio que sólo producía lluvia eterna y súbditos ingratos. No era en realidad una muralla sino una especie de talud, con una fosa al lado y una línea de pequeños fuertes que no se conservan. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-Upszk-hsiUc/TfOFa2FLh2I/AAAAAAAADa8/4QHAsVGCpu4/s1600/a_canal_piedras.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-Upszk-hsiUc/TfOFa2FLh2I/AAAAAAAADa8/4QHAsVGCpu4/s400/a_canal_piedras.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616979856501475170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo único que en realidad se ve son algunos restos de piedras que hacen una hilera discontinua. Pero aquí de todo monumento antiguo hacen una atracción turística, así que los conservacionistas se han dedicado a marcar el camino para ver si agregan un destino más a los muchos que ya existen y compiten con el muro de Adriano, que está más al sur y es mucho más conocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-qN5L5ZXZZ80/TfOGaQGWoVI/AAAAAAAADbI/8LXYAUS4qZw/s1600/A_canal_3.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-qN5L5ZXZZ80/TfOGaQGWoVI/AAAAAAAADbI/8LXYAUS4qZw/s400/A_canal_3.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616980945817477458" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo el esfuerzo que han hecho, la verdad es que el muro de Antonino es medio intransitable, porque hay que ir bajando y subiendo cuestas sin mucho propósito. Desde arriba se ve un panorama hermoso, pero también una vía más sencilla y menos complicada: el Forth and Clyde Canal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-zBDhF7hn5gc/TfOGuTGcyPI/AAAAAAAADbQ/taUQfPfbv_k/s1600/A_canal_4.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-zBDhF7hn5gc/TfOGuTGcyPI/AAAAAAAADbQ/taUQfPfbv_k/s400/A_canal_4.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616981290220570866" /&gt;&lt;/a&gt;  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los canales tienen muchas ventajas para las caminatas largas. La más importante de ellas es que están en terrenos planos y no tienes que subir y bajar montañas. La otra ventaja es que vas caminando al lado del agua y a mi me parece que no hay mejor compañía para un recorrido largo. El agua acompaña, relaja, le pone banda sonora al camino y atrae cantidad de vida silvestre, por lo que siempre hay algo que ver y no hay lugar para el aburrimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-irD49Pr08Is/TfOHCkUbdeI/AAAAAAAADbY/CmrpfevP0sE/s1600/a_canal_vacas.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-irD49Pr08Is/TfOHCkUbdeI/AAAAAAAADbY/CmrpfevP0sE/s400/a_canal_vacas.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616981638439990754" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que una vez que nos montamos sobre el lomo del canal, lo que quedaba era disfrutar del camino, saludar a los paseantes que andaban por ahí y medir la resistencia de los pies por los siguientes veinte kilómetros. Las primeras dos o tres horas son las menos pesadas. Todo es novedoso, todo huele distinto y vas comentando lo que ves sin bajar el paso. Lyo se había llevado su nuevo bote inflable —te debo ese cuento— para ver si podía hacer una parte del recorrido remando. Pero descubrimos casi desde el principio que nos esperaba una caminata en contra del viento y que el canal era mucho más ancho de lo que nos imáginábamos. Así que fuimos dejando para después la aventura del bote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-9TbR7jm8FfI/TfOHetgxYBI/AAAAAAAADbg/kEPPtbGS6NU/s1600/a_canal_vista_2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-9TbR7jm8FfI/TfOHetgxYBI/AAAAAAAADbg/kEPPtbGS6NU/s400/a_canal_vista_2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616982121944014866" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En algunos tramos el canal parece un verdadero río. Tiene hasta corriente y el fondo no se ve. A lo lejos se oye el ruido del tráfico que va por las autopistas y de vez en cuando se ve pasar el tren que sigue más o menos la misma ruta del canal, porque el canal va por un valle por donde también cruzan todas las vías que comunican el este con el oeste de esta parte de Escocia. Todo lo que va o viene de Edimburgo a Glasgow pasa por este valle. Sin embargo, por largos ratos no se oye sino el ruido de los pájaros y parece que no hay nada más que el agua y las matas. Puedes fácilmente hacerte la ilusión de que estás en medio de la pura naturaleza, aunque en realidad estés justamente en el cinturón más densamente poblado de este rincón del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-GasY_CtiswI/TfOIJ-Ue5MI/AAAAAAAADbo/7RRAWWAUHbE/s1600/A_canal_5.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-GasY_CtiswI/TfOIJ-Ue5MI/AAAAAAAADbo/7RRAWWAUHbE/s400/A_canal_5.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616982865190249666" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las dos horas y media de camino decidimos pararnos a comer algo. Habíamos llevado sanduchitos y frutas. El lugar donde nos instalamos a comer tenía una mesita y banquitos, además de un montón de árboles que nos daban un leve refugio contra el viento que habíamos venido soportando de frente todo el tiempo. Comimos, descansamos un poco, hicimos pipí escondidos entre las matas y seguimos camino. Cuando descansas y comes sientes que en realidad todavía no has caminado nada. Sin embargo, ya yo había recorrido el doble de lo que camino cada día en mi parque local. Pero hacer un alto en el camino tiene también sus desventajas. Te enfrías y comienzas a darte cuenta de que, por muy cómodos que sean los zapatos que cargas, los pies van a empezar a dolerte en un rato apenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-zCsh9Z7R7-w/TfOIhBLYB8I/AAAAAAAADbw/AWy8rsEPEnc/s1600/A_canal_6.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-zCsh9Z7R7-w/TfOIhBLYB8I/AAAAAAAADbw/AWy8rsEPEnc/s400/A_canal_6.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616983261094348738" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por suerte el camino mejora y a partir de aquí hay más movimiento, el canal tiene exclusas y casitas al lado de las exclusas que alguna vez sirvieron para alojar a los trabajadores del canal que suponemos estaban encargados de dejar pasar las barcazas que iban y venían de un mar al otro. Porque, cuando se construyó, en el siglo XIX, el Forth and Clyde pretendía ser una especie de canal de Panamá: un paso relativamente rápido y sin complicaciones entre un lado y el otro de la isla. La teoría era que transportar bienes por esta vía saldría más barato que dar toda la vuelta por el peligroso Mar del Norte. Pero justo cuando terminaron de construir el canal —éste y todos los demás— llegó la era del ferrocarril y la vida útil de los canales no pasó de veinte o treinta años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-g9YYCaez2R0/TfOJBsPESJI/AAAAAAAADb4/YqqK8l_0TP8/s1600/A_canal_7.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-g9YYCaez2R0/TfOJBsPESJI/AAAAAAAADb4/YqqK8l_0TP8/s400/A_canal_7.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616983822408370322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora los canales se usan para caminar, para pasear a los perros, para andar en bici y, en el verano, para llevar a los turistas de un lado a otro. Creo que quienes sacan más ventaja de este nuevo uso son los que caminan, porque es un modo simple de atravesar un territorio que, de otra manera, sería demasiado hostil. El peatón está siempre al final de la cadena alimenticia de los que se mueven en camiones, carros, motos o bicicletas. Todos lo atropellan. Pero en el canal, en su borde plano y ancho el peatón es el rey. Así que puedes andar por kilómetros y kilómetros sin miedo a que te lleven por delante, sin cruzar calles o avenidas peligrosas y sin tener que consultar un mapa cada tres minutos, porque sabes con certeza que la vía te lleva de A a B sin que necesites nada más que un mínimo de constancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-hY07eE_ObRQ/TfOJpKucfmI/AAAAAAAADcA/Rga2s575t-0/s1600/A_canal_letrero.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-hY07eE_ObRQ/TfOJpKucfmI/AAAAAAAADcA/Rga2s575t-0/s400/A_canal_letrero.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616984500607942242" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, cuando más los necesitas, los letreros no aparecen por ningún lado. Otras veces son inútiles y otras, como en este caso, sólo sirven para reconfirmarte que estás a seis millas y un cuarto de tu objetivo final. Este letrero nos estaba indicando que estábamos a diez kilómetros —más o menos— de nuestro punto de llegada. Es decir que íbamos por la mitad del camino. Por supuesto de la mitad para allá es cuando comienzas a sentir el dolor en los pies, la falta de aire, una especie de mareo que le atribuyes al exceso de viento o al frío. Porque nos hizo frío durante todo el camino y apenas salió el sol un par de veces. De hecho, desde este punto del camino estuvimos bajo amenaza de lluvia, viendo las nubes negras acercarse cada vez más por el noreste. Al final no llegó a llover y hay que reconocer que fue un alivio no tener el sol encima todo el tiempo. Lo único que de verdad hubiéramos preferido ahorrarnos fue el viento de frente, que sopló todo el día como queriendo hacernos renunciar a la aventura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-Cp4ncH76kvI/TfOJ_lNbSxI/AAAAAAAADcI/tzAjZCoY6vk/s1600/a_canal_rrr.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-Cp4ncH76kvI/TfOJ_lNbSxI/AAAAAAAADcI/tzAjZCoY6vk/s400/a_canal_rrr.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616984885674330898" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los últimos kilómetros antes de llegar a Falkirk los hicimos callados y concentrados en seguir a un ritmo decente, en no parar hasta llegar a la meta. Supongo que siempre es así. Hay un punto en el que sólo te quedan fuerzas o ánimo para apretar el paso y mantener la convicción de que puedes llegar hasta el final sin tirar la toalla. Te duelen los pies, el cuerpo se resiste, ya no miras el panorama ni escuchas a los pajaritos. Sólo quieres que el camino se termine de una vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-yMaRNu8eWUA/TfOKhTA4g3I/AAAAAAAADcQ/WxfR-TZxZuU/s1600/A_canal_8.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-yMaRNu8eWUA/TfOKhTA4g3I/AAAAAAAADcQ/WxfR-TZxZuU/s400/A_canal_8.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616985464905433970" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando finalmente vimos la gran rueda de Falkirk sentimos lo que debe sentir todo el que llega a una meta a partir de un esfuerzo físico: ¡alivio! …y ganas de descansar. Decidimos pararnos un rato y aprovechar que frente a la rueda hay un café de lo más cómodo, donde uno puede ir al baño, mirar la tienda que vende recuerditos y tomarse un te calentito, para recuperar fuerzas. El lugar está diseñado para que mientras estás adentro puedas ver la rueda en funcionamiento, a través del altísimo vidrio que le sirve de techo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-b8CCuw5DSsc/TfOK2jtbfHI/AAAAAAAADcY/pW4FHqtOFNI/s1600/A_canal_9.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-b8CCuw5DSsc/TfOK2jtbfHI/AAAAAAAADcY/pW4FHqtOFNI/s400/A_canal_9.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616985830164495474" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rueda de Falkirk es un asunto que hay que ver y no es fácil —ni divertido— de explicar. Es, en términos simples, una especie de ascensor que sirve para conectar el Union Canal y el Forth and Clyde Canal, por el que veníamos andando. Pero lo interesante es el mecanismo que hace que la rueda sea una atracción turística. Porque está diseñado para funcionar por gravedad y, en principio, la idea es que el agua misma debía servir como contrapeso para bajar un barco que viene desde el Union Canal y ponerlo sobre el Forth and Clyde, salvando un desnivel de 24 metros, que es como decir un edificio de unos ocho pisos de altura. Originalmente había que pasar por once exclusas para salvar ese desnivel y el proceso duraba horas. Con la rueda, en unos veinte minutos el paso está resuelto. Puedes ver &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rueda_de_Falkirk"&gt;aquí&lt;/a&gt; la rueda funcionando y toda la explicación correspondiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-uHUL5LhoUIA/TfOMd7oqelI/AAAAAAAADck/1TbfgN2vU1M/s1600/A_canal_10.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-uHUL5LhoUIA/TfOMd7oqelI/AAAAAAAADck/1TbfgN2vU1M/s400/A_canal_10.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616987606113483346" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de tomarnos un tecito y comernos una espectacular torta de manzana, subimos al Union Canal, sin necesidad de rueda, por un caminito empinado que está detrás del centro de visitantes. Lo que ves en la foto es el horizonte donde termina el Union Canal, literalmente en el aire. Esta última parte del camino nos llevaba por un canal que es para nosotros bastante más conocido, porque es el que pasa por nuestros predios y llega al centro mismo de Edimburgo. Esta vez no íbamos tan lejos, sólo hasta el pueblito de Falkirk, pero ese último kilómetro se me hizo eterno. Aún así, en medio de las quejas porque el final del camino no parecía llegar nunca, íbamos planeando nuestra siguiente caminata. Imaginamos varias rutas y, sobre todo, un tiempo mejor, con menos viento y menos frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-X5Ik3ZYKcc8/TfONNLPAOOI/AAAAAAAADcs/_XYxnWngvBo/s1600/A_canal_11.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-X5Ik3ZYKcc8/TfONNLPAOOI/AAAAAAAADcs/_XYxnWngvBo/s400/A_canal_11.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616988417754675426" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, en el Union Canal nos sentíamos ya en casa. Reconocimos un aire familiar en sus bordes, una especie de sensación de bienvenida en sus olores y en sus dimensiones, menos generosas, pero más acogedoras. Si no hubiéramos estado tan cansados, Lyo se hubiera animado a lanzarse al agua a remar un rato. Pero la verdad es que después de seis horas de camino —incluyendo los descansos— no dábamos para mucho más. Sin embargo, preferimos imaginarnos que si nos proponíamos hacer ocho horas diarias podíamos hacerlo, porque aparte del típico dolor en la planta de los pies, no había mucho más que lamentar. Estábamos enteros, podíamos mantenernos en pie y seguir andando, ¿qué más podíamos pedir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-FyckyRiKrJc/TfONi1NW7VI/AAAAAAAADc0/aBAXsWz45W0/s1600/A_canal_12.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-FyckyRiKrJc/TfONi1NW7VI/AAAAAAAADc0/aBAXsWz45W0/s400/A_canal_12.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616988789799316818" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos paramos varias veces en el camino a consultar el mapa, porque no podíamos creer que la estación de tren que estábamos buscando estuviera tan lejos. Finalmente llegamos y la entrada era tan simple como se veía en el papel. Justo antes de llegar a un larguísimo túnel había una salida a la izquierda y ahí estaba la estación. Pequeñita y discreta. Compramos los pasajes de regreso a Edimburgo, usamos el baño que estaba casi limpio y esperamos nuestro tren en medio de las carcajadas y los chistes incomprensibles de un grupo de escoceses que habían bebido como se toma aquí los sábados en la tarde: más de la cuenta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar a Haymarket caminamos decididos hasta la parada de autobús y revisamos los horarios. Justo en ese momento llegó nuestro autobus 27. Pero teníamos enfrente una tentación mucho más grande que nuestras ganas de llegar a casa: el restaurant de comida japonesa que está en la misma acera y donde nos encanta comer. No lo pensamos mucho y entramos. Cuando nos trajeron nuestros platos calientes se nos acabó el remordimiento. No nos importó llegar casi dos horas más tarde, teníamos la barriga llena y el corazón contento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor de esas caminatas largas viene siempre después, por supuesto. Pasé dos días con un dolor agudo en una pierna. Un dolor que parecía salir de la parte de atrás de la rodilla y subía hasta la cadera y bajaba hasta el tobillo. Los pies se me recuperaron al día siguiente, pero no salí a caminar al parque hasta el miércoles, por miedo a que se me agravara la lesión. Por suerte, ya volví a mis caminatas diarias y creo que estoy lista para las dos jornadas de ocho horas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero eso tendrá que esperar a que mejore el tiempo y a que yo regrese del viaje a Washington. Me voy a visitar a mis hermanas y a mis sobrinos la semana que viene. Ya te contaré…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, te dejo aquí un abrazo largo como un canal,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-5530739376187488762?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/5530739376187488762/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/06/ensayo-de-caminata.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/5530739376187488762'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/5530739376187488762'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/06/ensayo-de-caminata.html' title='Ensayo de caminata'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-mmIijKCya30/TfOE3ekmKLI/AAAAAAAADa0/h1Q96EiRu9E/s72-c/A_canal_2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-4795484242999457525</id><published>2011-06-03T11:43:00.002+01:00</published><updated>2011-06-03T11:48:22.446+01:00</updated><title type='text'>¡Viva Piglia!</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suena de lo más feo que uno se autoplagie -o autocite- pero mi amiga Gina me acaba de avisar que Piglia se ganó el Premio Rómulo Gallegos de este año y yo no puedo resistir las ganas de celebrarlo aquí contigo y con los lectores improbables de este blog nuestro. Y lo hago citando un fragmento de un post que subí en enero y donde hablaba también de muchas otras cosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El post decía así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Y hablando de pensar con los demás, te quería contar que terminé de leer hace unos días &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Blanco nocturno&lt;/span&gt;, de Piglia. Qué envidia, amiga. Es como descubrir a Onetti otra vez. Y sabes lo mucho que me gusta Onetti. Siempre que me preguntan cuál es mi escritor favorito —en medio de una de esas conversaciones medio inútiles con gente que uno apenas conoce, gente que sabe que enseñas literatura y quiere ser amable contigo— digo que Onetti, y nombro a continuación algunas de sus novelas o cuentos y hago un comentario sobre lo fácil que resultaría traducirlo, porque es universal y eterno, etcétera. Es una respuesta que fabriqué hace tiempo, sólo para evitar tomar una decisión de última hora cuando me preguntan una cosa tan abominable como esa y que para mí es simplemente imposible de responder. Bueno, pues ahora me voy a cambiar a Piglia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No que yo no haya admirado y leído a Piglia con la boca abierta antes. Es que ahora lo voy a convertir en mi respuesta por defecto a toda pregunta impertinente sobre qué autor me gusta más. Y mi libro favorito hasta nuevo aviso: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Blanco nocturno&lt;/span&gt;. Es tanta mi pasión que me leí las primeras páginas en PDF y, por no esperar, compré el libro electrónico. Lo empecé a leer varias veces pero no quería terminarlo. Así que hice lo que hago con los libros que quiero leer con calmita sin que se me acaben: lo fui leyendo dos veces, es decir, cada cincuenta páginas o así volvía para atrás y releía. La verdad es que un par de veces me salté la relectura obligada, porque quería saber qué pasaba después. Aun así, me duró más de un mes y tiene escasas doscientas páginas. Pero todo se acaba, ¿no? Es una lástima que Piglia no escriba larguísimas novelas de 700 páginas como las que escriben los gringos o los británicos. ¡Sería un lujo enorme! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asunto es que ahora necesito el libro en papel. Porque aunque leer en el lector electrónico es comodísimo y liviano, y tiene miles de ventajas de las que ya hemos conversado, cuando un libro te parece imprescindible y lo vas a andar ponderando por ahí como El-libro-que-más-te-gusta, no te queda otra que tenerlo en papel. Así que me ya me tocará comprarlo otra vez. ¿No será esa la trampa del libro electrónico? &lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me alegra haber escrito ese elogio desmedido a una novela que en verdad se lo merece antes de que fuera premiada. Sigo sin comprar el libro en papel. Pero creo que ahora tengo que hacerlo casi de urgencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo pronto, me toca releerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo pigliano!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-4795484242999457525?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/4795484242999457525/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/06/viva-piglia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4795484242999457525'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4795484242999457525'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/06/viva-piglia.html' title='¡Viva Piglia!'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-3598703762262170604</id><published>2011-05-26T18:08:00.003+01:00</published><updated>2011-05-26T18:17:18.939+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Día a día'/><title type='text'>El día inútil</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-vYlN2cfOkVU/Td6JmrmZ70I/AAAAAAAADY0/T2GczDgrswY/s1600/a_parque_may.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-vYlN2cfOkVU/Td6JmrmZ70I/AAAAAAAADY0/T2GczDgrswY/s400/a_parque_may.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5611073483382058818" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las cinco de la tarde y llevo todo el día tratando de escribir algo que no sale. Se supone que debe ser el cuento de este mes. Es una historia que creo saber cómo empieza pero que no sé cómo sigue ni cómo termina y por eso escribo tres líneas y me quedo en el aire. Tengo imágenes sueltas, tengo palabras, una cara definida y una especie de presentimiento de que ahí hay una anécdota. Pero la historia no quiere aparecer. Es como si me hubiera quedado sin los vínculos entre una cosa y otra, entre los retazos, esos vínculos que hacen que una intuición vaga, un color, el sonido lejano de un pájaro, la hora imprecisa de un día se junten para volverse un cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desisto de mi búsqueda inútil de palabras que no llegan y me voy a caminar al parque, aunque sé que me va a llover encima y que los caminos van a estar embarrialados y medio intransitables. Ha estado lloviendo por una semana o más y hace dos días hizo un viento con impulso de huracán que tumbó árboles y dejó gente sin luz por horas. Me he resignado a salir a caminar en medio de la lluvia. Tengo unos pantalones a los que no les entra el agua y un impermeable con capucha que me mantiene seca. Mis zapatos están también sellados contra la humedad, así que no tengo por qué preocuparme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy oyendo a Bob Dylan. En estos días en que se celebran sus setenta años lo he redescubierto y voy a todos lados escuchando sus canciones. Mientras camino entre ramas caídas y miles de hojas verdes que  cubren el piso como si un otoño falso se hubiera abalanzado sobre el mundo, me viene a la mente una idea que me sigue dando vueltas por toda la hora en que camino: estoy en un limbo emocional y por eso no puedo contar ninguna historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en ese estado de ataraxia del que hablaban los griegos, ahora que decidí renunciar a la nostalgia y porque prometí que no iba a quejarme más. Sin quejas y sin memoria me he quedado muda. No tengo tema, amiga, no tengo diégesis. Por eso las anécdotas se me mueren antes de terminar de nacer. Por eso sólo tengo imágenes sueltas que no hacen click por ninguna parte. Tal vez debería dedicarme a escribir poesía en vez de empeñarme en seguir contanto historias. Pero tampoco puedo hacer eso, pienso mientras decido qué rumbo tomar cuando llego a una encrucijada en el medio del parque. Me decido por el camino largo que sube entre los pinos más allá del puente colgante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque no sirvo, tal vez, o porque no creo. Me parece que ya lo escribí aquí una vez: soy un sacerdote que no cree en lo que predica. La fe que debería tener en lo que hago se me desvaneció hace mucho tiempo. Sólo sigo escribiendo porque no sé qué más hacer con mi tiempo. Cuando he limpiado la casa, lavado la ropa, hecho la compra, cocinado la cena, servido la comida y el agua al gato, no me queda nada más que sentarme frente al teclado para justificar mi existencia. Pero mientras trato de escribir siento la soledad que me rodea. El silencio. La falta de sentido que tiene todo. Y entonces me enfundo los zapatos de caminar y la ropa impermeable y me vengo al parque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras cumplo con mi ritual de una hora de marcha apurada en medio de los árboles intensamente verdes escucho ladrar unos perros allá abajo en el río. Parece que se acercan y yo me saco los audífonos y aprieto el paso. En un par de segundos entro en una especie de pánico y miro hacia atrás cada dos o tres pasos. Siento como si una fuerza invisible me persiguiera. Casi rompo a correr cuando oigo el estruendo de un avión que entra o sale del aeropuerto. Pero me doy cuenta de que estoy reaccionando como los locos. Porque uno se puede volver loco cuando pasa el día entero hablando solo y para escapar de la soledad no tiene otra salida que caminar en medio de un bosque solitario y tupido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regreso bajo la lluvia escuchando a Dylan. Una canción que me gusta mucho y de la que he encontrado en itunes veinte versiones diferentes. La canción se llama "You're gonna make me lonesome when you go" y la versión que oigo en este momento la canta &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=JcvdTOcumrY"&gt;Maria Muldaur&lt;/a&gt;. Cuando me acerco al campo sembrado que está al lado del parque veo una liebre saltar veloz para esconderse entre las ramas, con su cuerpo marrón grisáceo y su cola de reverso blanquísimo. Me paro a mirarla y ella también se para. Me mira con el rabillo del ojo un segundo antes de saltar lejos de mi vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar al callejón que está detrás de la casa la llovizna se hace densa y me apuro para no empaparme más de la cuenta. Al acercarme veo nuestro pote de basura solito. Todos los demás vecinos ya recogieron sus potes y el nuestro está huéfano en la esquina, como esperando amparo. Lo agarro con las dos manos y lo arrastro hasta su puesto. Después de estacionarlo le doy una palmadita en el lomo y le deseo buenas tardes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gussi me espera adentro con su cara de dónde estabas y por qué te tardaste tanto. Le muestro el pedacito de pino que le traje del parque. Siempre se alegra por estos regalos medio inútiles y juega a arrastrarlos por el pasillo por un minuto, como si se apiadara de mí por ser tan boba. Después entra en la sala y me muestra que vomitó una gran bola de pelo y yo me agacho a limpiarla mientras le converso para que no piense que ha hecho nada malo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me tomo un vaso de agua y subo a contarte que me estoy quedando sin anécdotas por falta de nostalgia y por carencia de quejas. Y así está por terminar este día inútil del que sólo me queda este recuento ocioso que te dejo aquí para que sepas que sigo intentando creer, aunque de otra manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo sin más,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-3598703762262170604?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/3598703762262170604/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/05/el-dia-inutil.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/3598703762262170604'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/3598703762262170604'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/05/el-dia-inutil.html' title='El día inútil'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-vYlN2cfOkVU/Td6JmrmZ70I/AAAAAAAADY0/T2GczDgrswY/s72-c/a_parque_may.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-2630785492127896402</id><published>2011-05-21T19:21:00.005+01:00</published><updated>2011-05-21T19:54:26.318+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Comentario'/><title type='text'>De una a otra plaza</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-RAVzSw5Y-U4/TdgFUsCblmI/AAAAAAAADYo/g2UY1Ubbec4/s1600/a_floresMayo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-RAVzSw5Y-U4/TdgFUsCblmI/AAAAAAAADYo/g2UY1Ubbec4/s400/a_floresMayo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5609239188866831970" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He estado una parte del día de hoy leyendo sobre el &lt;a href="http://www.elpais.com/articulo/madrid/quiere/Sol/elpepiespmad/20110520elpmad_2/Tes"&gt;Movimiento 15 de Mayo&lt;/a&gt;, como llaman a los manifestantes que se han instalado en Madrid en la Puerta del Sol a quejarse por todo y por todos. Se consideran "indignados", piden “Democracia Ya” y se han convertido en el modelo de otros grupos que se han adueñado de las plazas públicas en media España. He visto las fotos de los acampados y mirando esas carpas en la plaza no he podido evitar acordarme de la Plaza Altamira. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma emoción, las mismas caras alegres, la misma sensación de estar haciendo historia parece reflejarse en las fotos. Pero cuando leo los detalles de la protesta me doy cuenta de que las semejanzas se terminan muy pronto. Este es un movimiento de jóvenes —y no tan jóvenes— cansados de que los políticos tomen más en cuenta a los banqueros que a la gente que necesita trabajo y un salario justo y unos servicios públicos que funcionen. Este es un movimiento que no sólo exige sino que practica una democracia de base. Están organizados por comisiones, debaten largamente lo que quieren o no quieren hacer, dejan entrar y salir a todo el que quiera sumarse o restarse. En fin, este es un movimiento de civiles que discuten y cantan, pintan consignas y pegan flores en las paredes prometiéndose un futuro mejor, más igualitario y —sobre todo— más democrático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viendo este espectáculo de esperanza reconozco que el contraste con nuestra Plaza Altamira no puede ser más obvio. La Plaza Altamira fue tomada por un grupo de militares disidentes y estaba regida por un orden pseudo militar del que estaba excluida la discusión, el libre flujo de las ideas y el trato llano, horizontal, entre los que iban y venían. Lo único “democrático” parecía ser la libertad de postrarse frente a la virgen a rezar el rosario. Si había consignas libertarias en nuestra Plaza Altamira, es seguro que no estaban respaldadas por prácticas democráticas. En las noches, cuando los visitantes se retiraban a sus casas, los militares disidentes imponían su cortina de hierro y revelaban la verdadera cara de la protesta: una visión jerárquica y excluyente era lo único que se ofrecía como alternativa a un gobierno igualmente autocrático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué diferencia con estos grupos que piden en España “Democracia real ya”! Este es un movimiento espontáneo y tal vez por eso será considerado utópico y estéril en términos políticos. Porque no se ha organizado como un partido, porque no responde a jerarquías, porque tal vez no logre nunca un objetivo común y por eso no podrá avanzar ni retroceder y se quedará tal vez en ese punto ciego que es ahora la Puerta del Sol. Pero aunque no avance ni retroceda, aunque mañana se termine la protesta o se transforme en otra cosa, los que están participando en este movimiento habrán aprendido algo: a escuchar y ser escuchados. Habrán ejercido la democracia en la plaza pública, la habrán encarnado en sus cuerpos y en sus voces, la habrán hecho realidad al practicarla entre todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esa es la lección democrática que nosotros no aprendimos en Altamira y que no hemos sabido promover en nuestras miles de manifestaciones. Nunca vi en Altamira o en Chacaíto, donde se reunieron tantas veces los estudiantes tiempo después, una discusión generalizada en la que no hubiera ninguna jerarquía más allá de un derecho a la palabra que lleva un grupo de voluntarios sin imponer límite alguno. Y eso es lo que han estado haciendo, simplemente, en las plazas de España todos los indignados. Conversar, discutir, imaginar un futuro mejor entre todos. Y si soñar es lo único que consiguen, pues ya será bastante. Pero tengo la impresión de que van a lograr mucho más que eso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al menos hasta hoy han logrado poner nerviosos a los políticos y han hecho saltar por los aires cualquier predicción que puedan hacer los expertos acerca del resultado de las elecciones de mañana. Si eso no es hacer historia y ejercer en carne propia la democracia, no sé qué más puede ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me hubiera quedado contenta si en algunas de nuestras plazas se hubiera logrado al menos eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo soleado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-2630785492127896402?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/2630785492127896402/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/05/de-una-otra-plaza.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2630785492127896402'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2630785492127896402'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/05/de-una-otra-plaza.html' title='De una a otra plaza'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-RAVzSw5Y-U4/TdgFUsCblmI/AAAAAAAADYo/g2UY1Ubbec4/s72-c/a_floresMayo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-3251126452987975585</id><published>2011-05-16T18:49:00.003+01:00</published><updated>2011-05-16T18:59:16.779+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Traducciones'/><title type='text'>La tercera persona (traducción)</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te debo el tercer cuento de Ali Smith que traduje hace ya unos meses y que por lo visto no va a ser publicado en ninguna otra parte. Creo que es uno de esos cuentos a los que hay que tenerles paciencia, porque de entrada se entienden sólo a medias. O tal vez es una de esas historias que es necesario leer dos o tres veces. O más bien empezar por el final y luego leer el resto. No sé, lo cierto es que aunque no es un texto complaciente se te queda por mucho rato colgado en la cabeza. Y se supone que así deben ser todos los cuentos buenos, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;La tercera persona&lt;/span&gt; / &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Ali Smith&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Los cuentos cortos duran mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éste es sobre dos personas que acaban de irse juntas a la cama por primera vez. Es otoño. Se conocieron en el verano. Desde que se conocieron hasta ahora han ido recorriendo el camino con una sensación de inevitabilidad; más que una seducción ha sido como si se hubieran encontrado en un cuarto muy pequeño, como un desván, un cuarto suficientemente pequeño como para que con dos personas nada más ya esté repleto. Y este cuarto tiene también un piano adentro. No importa dónde han estado ni qué han estado haciendo —encontrándose por casualidad en la calle, caminando por las aceras, yendo al cine, sentándose en la mesa de un bar— es como si estuvieran en una pequeña habitación y dentro de ella, acompañándolos, enorme, omnipresente, como una chaperona anticuada, extraño y brillante, imposible de nombrar como un ataúd está el gran piano. Para hacer el más mínimo movimiento en este cuarto hay que encogerse y pasar por el mínimo espacio que queda entre la pared y el piano. El espacio que hay dentro del piano es una estructura de cuerdas y martillos que se parece al soporte de una cama o a un harpa que hubiera sido puesta de lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso es lo que han hecho, se han encogido para sacarse por fin las ropas con algo de vergüenza, se han deslizado bajo las sábanas de una pequeña cama doble, y no se sostienen ahora en otra cosa que su propia piel. Uno de ellos tiene incluso una gripe horrible y al otro no le importa. ¡Ah! el amor. Afuera, los árboles están mudos. Anochece. Son las cinco de la tarde. Pero ya hemos hablado demasiado de ellos. Es primavera. Es de mañana. En los árboles los pájaros cantan como locos. Una mujer que vive en una calle de casas con jardín, una calle en la que hay tantos carros estacionados que hace casi imposible el paso del camión de la basura, le acaba de dar en la cabeza con una pala de jardín al empleado del aseo que viene a vaciar los potes de basura cada dos martes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre está en el piso. Le sangra la frente. Está confundido y perplejo. Se toca la cara y se mira la sangre en la mano. Se vuelve a poner la mano en la frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer está recostada en la pala como si la pala, que está sobre el pavimento, estuviera enterrada apenas en la tierra y ella estuviera simplemente arreglando su jardín y se hubiera tomado un momento para contemplar el trabajo que ha hecho. Parece como de sesenta años. Parece una mujer rica. Parece demasiado vieja, demasiado decente, demasiado bien vestida para haber hecho lo que acaba de hacer. Alrededor de ella, y también alrededor de él, se están reuniendo los colegas que se han bajado del camión. Están con las bocas abiertas, dudando entre la risa y la furia. El conductor del camión está colgando, con un pie en el estribo, de la puerta de la cabina que oscila detrás de él. Todos los hombres usan el mismo overol verde de los empleados municipales. Es verano. Es de tarde. Los árboles son distintos aquí. En una de las calles secundarias de un centro vacacional en el Mediterráneo, dos mujeres están comiendo en un restaurant de destartaladas mesas de madera. La mesa en la que están sentadas se balancea a uno y otro lado cada vez que una de ellas corta algo en el plato. La calle es empinada. Una de las mujeres está bastante más arriba en la pendiente que la otra, aun cuando apenas están separadas medio metro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres están coloradas después de cuatro días de llevar sol. La que está más arriba está todavía asombrándose del modo tan distinto que saben los tomates aquí, del modo como todo sabe tan diferente aquí. Todo sabe a sol. La otra, la que está más abajo, está comenzando a preocuparse por lo que hará cuando empiece a aburrirse de comer ensalada griega, porque no hay nada más que le guste en el menú pero no hay otro restaurant en el lugar que luzca mejor que éste, no realmente, e incluso está por verse si será posible conseguir mesa aquí para esta noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos niños gitanos van de arriba a abajo de la calle, como todas las noches, pero esta noche el ruido de los acordeones que tocan para pedir limosna ha sido casi superado por el que hacen los americanos. Los americanos son militares de vacaciones. Parecen astutos y tímidos, parecen educados y buscapleitos, y como si acabaran de salir de la escuela. Parecen tan jóvenes e inmaduros que es casi un crimen. Las mujeres se han enterado, escuchándolos hablar de lejos, de que están aquí para acostumbrarse al sol y al calor antes de que los manden al Golfo. Cuando las mujeres le comentan al mesonero la cantidad de gente que hay esta noche en el restaurante, esa es la explicación que les da el joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres barcos, varios miles de soldados, llegan al puerto del centro turístico. Así que los bares de los alrededores desenvuelven sus grandes botas por la mañana y las ponen sobre las mesas y entonces todo el mundo sabe lo que está pasando, y las grandes botas atraviesan el pueblo como un fuego. Y luego los soldados se irán en dos o tres días y las botas serán envueltas de nuevo en papel y guardadas hasta que regresen los barcos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mesonero alzó los hombros. Las mujeres asintieron y se mostraron interesadas. Cuando se fue el mesonero, se miraron e hicieron gestos para dar a entender que ninguna de las dos había entendido de lo que estaba hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora hay una niña parada al lado de la mesa. Está trabajando en las mesas de este restaurante junto con un niño de unos diez años que repite una y otra vez la misma cantaleta que suena perfectamente italiana en su acordeón tamaño infantil. Parece un desinteresado hombre de negocios cuando, al final de cada toque, extiende su mano pasando por cada una de las mesas. La niña que está recostada en el borde de la mesa de las mujeres es morena, muy bonita, muy joven, tal vez tiene sólo cinco o seis años. Dice algo que ellas no entienden. La mujer que está más abajo en la pendiente sacude la cabeza y le indica con un gesto a la niña que debe irse. La mujer que está más arriba levanta de la mesa el libro de frases de la guía de viajes. Lo hojea. Ya soo, dice mientras busca en el libro. La niña sonríe. Habla en un inglés tímido. Dame plata, dice la niña sonriendo. Lo dice de una manera seductora, casi en un susurro. La mujer encuentra la página que estaba buscando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Pos se leneh&lt;/span&gt;? dice la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dinero, dice la niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se recuesta sobre la pierna de la mujer y pone la pequeña mano sobre su brazo. La mano es muy morena, quemada por el sol. ¿&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Poso khronon iseh&lt;/span&gt;? dice la mujer y luego le dice a la otra mujer, le estoy preguntando qué edad tiene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando van a pagar, la mujer que está más arriba se da cuenta de que los euros que tenía guardados en el fondo del bolsillo ya no están ahí.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No están en ninguno de sus otros bolsillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces recuerdan a la niña alejándose y llamando al niño del acordeón, y luego a los dos desapareciendo entre los cientos de soldados de vacaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un robo perfecto, una obra de arte tan bien realizada que su ejecución resultó invisible. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo el camino de regreso al hotel, la mujer que estaba sentada más abajo, la que no le robaron el dinero y que tuvo que pagar por la comida, estará molesta por haber presenciado un robo tan perfecto y sin embargo haber sido incapaz de verlo. Se va a culpar a sí misma por no haberlo visto. Siente otra vez, cuando regresan al hotel, la profunda injusticia de su propia vida, mientras la mujer que estaba sentada más arriba, caminando a su lado, discute por el celular por todo el camino de regreso a las diez de la noche con el servicio de 24 horas de su compañía de seguros. Ninguna de las dos va a notar que los bares y tabernas que dan hacia el puerto turístico por donde caminan, son lugares llenos de extraños y gigantescos vasos para tomar cerveza, vasos de medio metro de alto; en todas las barras, en todas las mesas, jarras de cerveza en forma de botas de siete leguas, con pasadores y hebillas transparentes esculpidas en el vidrio del que están hechas. Es invierno. Los árboles están desnudos. Un hombre y una mujer han ido a ver una obra de teatro. Él compró las entradas hace meses, en el verano. A ella le encantan esas cosas. Pero su tiempo como pareja de está acabando, y el hombre lo sabe, porque ha visto cómo la mujer ha comenzado a despreciarlo. Se dio cuenta el sábado en la tarde, cuando él estaba cortando calabacines en tiras para un sofrito. Lo vio atravesando su cara. Él piensa que el final de su amor tiene algo que ver con el modo como corta los vegetales. No sabe a qué más atribuírselo. Le ha hecho sentirse incómodo en su propia cocina, y esta noche, cuando comieron juntos en un restaurant cerca del teatro, no pudo tocar ninguna cosa verde que estuviera en el plato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el escenario una mujer se ha disfrazado para encontrarse con su amante en el bosque; el amante fue expulsado por el Rey, que es el padre de ella. El bosque se hace tupido. El argumento es cada vez más ilógico. Ella se toma lo que cree que es una medicina y cae en un sueño tan profundo que parece la muerte. Sus amigos del bosque la ponen en una tumba, creyendo que está muerta. Todos cantan una canción alrededor del cuerpo. La canción habla de la muerte como el lugar en el que ya no hay más temor. Cuando escucha la canción el hombre en el público comienza a llorar. No puede evitarlo. La canción es tan conmovedora. Ella le toma la mano. La sostiene. Él deja de llorar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se atreve a abrir los ojos, por si al abrir los ojos ella le suelta la mano. Alrededor de él, en la oscuridad de sus ojos cerrados y después, cuando las luces del teatro de pronto se encienden, y la claridad atraviesa sus párpados cerrados como si estuvieran abiertos, como si los párpados no ofrecieran ninguna protección, hay un aplauso repentino. Es el intervalo. La obra está justo a la mitad. Es verano. Las noches son largas e iluminadas. En este momento es la hora de breve oscuridad que hay justo antes de amanecer. Una mujer joven se despierta al lado de su nuevo amante y ve a alguien sentado en la oscuridad al borde de la cama. Es una anciana que mueve las manos, tejiendo. La mujer joven sacude despacio a su amante. No se atreve a decir nada en voz alta para no asustar a la anciana. Pero su amante está profundamente dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, durante el desayuno, ella le describe a su amante la imagen que vio en la noche. Parece mi madre, dice el amante. La madre del amante ha estado muerta por más de una década. ¿Estaba cantando? pregunta el amante. Sí, dice la joven, sí estaba, definitivamente estaba cantando. ¿Qué cantaba? pregunta el amante. No sé, dice ella, pero sonaba algo así como esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven canta una melodía, inventándola a medida que la canta. Trata de que suene como una verdadera canción. Es una mezcla de canciones que su madre escuchaba cuando la joven era una niña. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, creo que no conozco esa canción, dice el amante. Cántala otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven tararea un poquito otra vez, pero no es la misma melodía que cantó antes porque no se acuerda de lo que acaba de cantar. Ve cómo su amante arruga la cara. Canta otra canción inventada. Trata de que suene como el tipo de canción que la madre de su amante cantaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, definitivamente esa no era mi madre, dice el amante. El amante pone la taza de manera tan decidida sobre el plato que la joven sabe que el tema ha sido cerrado. La joven está desilusionada. Ahora quisiera realmente que la imagen que estaba al borde de la cama hubiera sido la madre de su amante. ¿Qué tal si era tu madre y estaba cantando una canción que tú no conoces?, dice. Debe haber algunas canciones que tu madre conocía y tú no. Es verano, pero hace frío, un frío de verdad notable. Esta noche hace un frío casi helado. Un hombre le está contando a un amigo la muerte de un soldado. El soldado que ha muerto era diez años más joven que el hombre y era un niño del barrio cuando el hombre era un adolescente. Murió en un accidente de carretera, según dice la prensa. El hombre sostiene un periódico doblado. En la página cinco hay un reportaje sobre la muerte de un soldado, pero como la familia del soldado ha pedido que se respete su privacidad, no hay nombres, aunque todo el mundo en el vecindario sabe de quién habla el artículo del periódico. Murió en una lucha heroica, dice. ¿Qué lucha heroica? dice el hombre. Alrededor de ellos la gente conversa y se ríe. Yo lo ayudé a construir una carrucha, dice el hombre. Le puse un viejo volante y le amarré un cable a las ruedas para que pudiera manejarla. Yo tenía diecisiete años. Después, cuando él creció, decidimos ignorarnos. Quiero decir, si nos encontrábamos en la calle. El amigo del hombre asiente con la cabeza. No sabe qué decir. Es tan extraño, dice. Es tan. Es. Es primavera. Es una tarde temprana de abril, la primera tarde tibia de abril. Un hombre está en el techo de su apartamento con una manguera, tratando de mojar con un chorro de agua a un gatito blanco y negro. Cuando el agua le pega al gato, el gato salta en el aire y corre un poco, y luego se devuelve, se detiene y se queda mirando al hombre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Vete! le grita el hombre. Hace señas con la mano en el aire. El gato no se mueve. El hombre le lanza otro chorro de agua. Moja al gato. El gato vuelve a saltar sorprendido, camina unos pasos, luego se para y se devuelve para mirar otra vez al hombre con sus inmensos y estúpidos ojos de gato. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Epa! dice una voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una voz bien alta, como un grito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre mira alrededor, a los techos y los jardines de las otras casas, pero no ve a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Vete! le grita otra vez al gato. Sacude un pie en el techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de perseguir al gato por todo el pasillo de atrás con el chorro de agua, el hombre atraviesa el techo recogiendo la manguera. Entra por la ventana y sacude la punta hacia afuera. En ese momento es que ve al niño, o tal vez es una niña, montado de uno de los árboles de las casas de atrás.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño o la niña tiene bajo el brazo algo que parece un libro o una caja. Tal vez son galletas. El hombre lo o la mira buscar una vía segura para bajar de lo alto del árbol, moviendo el paquete de uno a otro brazo, pasando con mucho cuidado de una rama a otra hasta que está cerca del techo del cobertizo del jardín de abajo. Entonces el niño o la niña se desliza hacia abajo y sale de su vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche el hombre no puede dormir. Da vueltas en la cama. Se sienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un niño piensa que soy un hombre cruel, se dice a sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente casi llega retrasado al trabajo, no sólo porque se levanta después de la hora habitual, sino también porque se para en el techo por varios minutos y termina saliendo más tarde que de costumbre. Regresa del trabajo en taxi, y aunque llega a la casa media hora más temprano y se va directo al techo, está lloviendo, y hace mucho frío, mucho más frío que ayer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay manera de que un niño se suba a un árbol en semejante clima. El árbol estará demasiado resbaloso. No tendría sentido sentarse en un árbol en medio de la lluvia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los árboles están ya casi sin hojas. Dentro de poco será verano. Las puntas de las ramas lucen como hinchadas contra el cielo gris, como iluminadas o como si las hubieran pintado con una pintura brillante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No parece que vaya a salir el sol. No parece que vaya a suceder nada esta tarde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre decide que va a esperar en el techo por un rato, sólo por si acaso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tercera persona es otro par de ojos. La tercera persona es el presentimiento de dios. La tercera persona es una manera de contar la historia. La tercera persona es una forma de recuperar a los muertos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un teatro de gente viva. Es un robo inocente y en miniatura. Son miles de botas hechas de vidrio. Es un total misterio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un arma que tiene la forma de una herramienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viene de la nada. Sucede sin más ni más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una caja para la música interminable que existe entre la gente, esperando a ser tocada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí el último cuento de esta serie de primeras, segundas y terceras personas de Ali Smith. Espero que te hayan gustado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un abrazo,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-3251126452987975585?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/3251126452987975585/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/05/la-tercera-persona-traduccion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/3251126452987975585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/3251126452987975585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/05/la-tercera-persona-traduccion.html' title='La tercera persona (traducción)'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-4683344356635146621</id><published>2011-05-06T12:05:00.003+01:00</published><updated>2011-05-06T12:46:21.627+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>Colocar los rostros... donde no les pegue el sol</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-dm9yQDtk4qI/TcPfhBC7XuI/AAAAAAAADX4/ux6vNRD4mw4/s1600/a_I%2Bsee%2Byou.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-dm9yQDtk4qI/TcPfhBC7XuI/AAAAAAAADX4/ux6vNRD4mw4/s400/a_I%2Bsee%2Byou.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5603568119688421090" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me traje unos libros de la tierruca para escribir un artículo que me pidieron sobre la narrativa venezolana en el exilio. Compré otros en España y vía internet que he estado leyendo en mi lector electrónico. He estado semanas tratando de entrarles y hasta he terminado algunos. Pero te confieso que si no fuera por el compromiso que tengo hubiera dejado de leer la gran mayoría de ellos en las primeras veinte páginas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trato de ser una lectora disciplinada y constante. No acostumbro abandonar un libro, como no me he salido nunca de una película. Tengo esa especie de fijación con las historias que tal vez sólo se da en las mentes que construyen ficciones. Ningún cuento me parece desaprovechable. Todas las formas de contar me parecen interesantes, aunque sea para criticarlas, para aprender cómo no se hace. Pero con cierta narrativa venezolana contemporánea me pasa algo que es ya superior a mí. Se me atraganta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo con esas largas parrafadas que simulan un tono poético en las que los personajes no tienen caras sino “rostros” (de hecho, no voltean la cara sino que ¡“giran el rostro”¡); no esperan sino que “aguardan”; no caminan como todo el mundo de aquí para allá sino que “realizan paseos”; no se pierden sino que se “extravían”; y —colmo de colmos—no ponen la mesa como es natural sino que la “colocan”. Esto último tiene horribles variantes que sé que te van a poner los pelos de punta: en apenas unas páginas de una misma novela encontré personajes “colocándose” al lado de otros y “colocando” en palabras algún pensamiento escondido. Incluso encontré unos seres “colocándose” entre la gente, lo que me parece que es el uso más extremo de tu adorado verbo “colocar”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para colmo, las cosas no pasan sino que “ocurren”; los objetos no se agarran sino que se “toman”; no se buscan sino que se “procuran”. Los niños no chupan tetas o teteros, sino que los “succionan”; no se oye el ruido del mundo porque lo que hay que hacer siempre es “escucharlo”, del mismo modo que no se mira sino que se “vislumbra”. La gente no se mete las cosas en los bolsillos sino que se las “introduce” y no usa los zapatos o la ropa sino que los “utiliza”. Y así… la lista es larguísima y desesperante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confieso que me he entretenido bastante marcando estas extrañas “florituras” que usan nuestros autores en sus textos, como si sacaran a pasear el vocabulario dominguero, como si pensaran que en un libro está prohibido decir las cosas como las dice uno todos los días. ¿De dónde vendrá esa idea de que hay que escribir como nuevos cultos? ¿Será que algunos de nuestros escritores están convencidos, sobre todo cuando salen de las fronteras patrias, de que hay que “pulir” el vocabulario para que les crean que son escritores de verdad-verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por suerte existen los Alberto Barrera, los Federico Vegas y los Francisco Suniaga, gente que echa el cuento de la mejor manera posible, que conmueve y maravilla, sin necesidad de decir “coche” o “vehículo” en vez de carro o “césped” en vez de grama. Pero pareciera que, salvando las excepciones, a los autores venezolanos les diera pena usar nuestros modismos o nuestras formas particulares de llamar las cosas. Mientras la literatura mexicana o argentina o peruana se vanagloria de sus modos y sus tonos específicos, y con ellos crece y se multiplica y se da a conocer por el mundo, oronda y orgullosa, nosotros barremos debajo de las alfombras nuestra grama y nuestros carros, nuestros cambures y nuestras chancletas. Porque tenemos el típico complejo del primo pobre que se pone los mejores zapatos cuando sale de visita, aunque le molesten y no lo dejen caminar largo y lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ningún buen lector necesita un diccionario para entender las particularidades de nuestra habla, para entender que el español tiene variantes, entre las cuales hay unos cuantos venezolanismos. Y no se trata de ponernos vernáculos como si fuéramos trasnochados Gallegos y anduviéramos por ahí rescatando modismos propios de campesinos analfabetos. Se trata de reconocer, simple y llanamente, el modo como nosotros mismos nos contamos las historias que nos gustan o nos molestan. El modo cotidiano que tenemos de llamar las cosas que nos rodean. Es tan simple como eso. ¿Qué tan difícil puede ser? Basta con poner el oído y repetir en voz alta una frase que no suena bien, para darse cuenta de cómo lo diríamos nosotros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien debería escribir un manifiesto de esos que se hacían antes, cuando era necesario hacer borrón y cuenta nueva. Un documento en el que, entre otras cosas, se haga un listado de las palabras rimbombantes, altisonantes o solemnes que no deberían usarse nunca en un cuento o en una novela si quien escribe nació en Caracas o en Barquisimeto. Una carta abierta que circulara en las revistas electrónicas y en Facebook y a la que se pudieran ir sumando adeptos por los siglos de los siglos. Un manifiesto que terminara diciendo: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡No más bananas! ¡No más césped! &lt;br /&gt;¡No más coches! ¡No más rostros! &lt;br /&gt;¡Queremos caras y las queremos YA!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te abraza atormentada,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-4683344356635146621?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/4683344356635146621/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/05/colocar-los-rostros-donde-no-les-pegue.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4683344356635146621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4683344356635146621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/05/colocar-los-rostros-donde-no-les-pegue.html' title='Colocar los rostros... donde no les pegue el sol'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-dm9yQDtk4qI/TcPfhBC7XuI/AAAAAAAADX4/ux6vNRD4mw4/s72-c/a_I%2Bsee%2Byou.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-5452341281089682693</id><published>2011-05-05T13:26:00.005+01:00</published><updated>2012-02-07T16:53:59.724Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Traducciones'/><title type='text'>La segunda persona (traducción)</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como mis pobres traducciones siguen en cola en una revista literaria que todavía no se digna a darles curso, aquí va la segunda traducción sin demoras de ningún tipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;La segunda persona&lt;/span&gt; / Ali Smith &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú sí que eres bien especial. De verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éste es el tipo de cosas que tú harías. Imagínate que estuvieras frente a una tienda de instrumentos musicales. Entrarías y sólo comprarías un acordeón.  Comprarías un acordeón que costara cientos de libras, uno de los inmensamente grandes. Sería gigantesco. Sería una cosa casi imposible de levantar o de cargar por una habitación, ni qué decir lo difícil que resultaría tocarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comprarías ese acordeón precisamente porque no puedes tocar el acordeón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entrarías a la tienda. Irías directamente a donde están los acordeones. Te pararías delante y los mirarías a través del vidrio. Cuando la vendedora, que se ha dado cuenta de tu presencia desde que entraste —en parte porque pareces (siempre pareces) una persona decidida y en parte porque resulta que eres, lo admito, una persona muy atractiva— viniera directamente a atenderte, señalarías el que quieres. Probablemente en la tienda no habría muchas variedades de acordeón, tal vez cinco o seis. Señalarías al que tiene el nombre que mejor te suena. Te gusta más el sonido de palabras como Stephanelli que el de palabras como Hohner. También sería el que tuviera la forma que más te gusta, con el marco (si es así como eso se llama) hecho de una madera de color claro, un color más bien ordinario; los otros acordeones te parecerían demasiado laqueados, demasiado brillantes y lisos para enfrentar el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si la vendedora te preguntara si quieres probar el Stephanelli antes de comprarlo, simplemente le entregarías tu tarjeta de crédito. Te llevarías el pesado acordeón a casa. Te sentarías aquí en el sofá, lo levantarías de la caja y te lo pondrías en las rodillas. Apretarías el botón o desengancharías el pestillo o lo que sea que desata los pliegues. Lo dejarías abrirse todo pesadamente como una inmensa y solitaria ala. Lo dejarías llenarse de aire como un inmenso y solitario pulmón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero entonces, esa idea de que un acordeón se parece a una sola ala o a un pulmón solo te haría sentir angustia. Entonces esto es lo que harías. Irías de nuevo a la tienda. Y aunque en realidad no te puedes dar ese lujo, aunque no puedes ni siquiera tocar un acordeón, ni qué hablar de más de uno, y aunque tocar más de un acordeón es de hecho humanamente imposible, llamarás la atención de la misma vendedora y señalarás de nuevo a la vitrina al acordeón que está al lado del espacio que dejó vacío el acordeón que acabas de comprar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese también, por favor, dirías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así es como tú eres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no es así, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siento que te molesta estar aquí conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no me parezco en nada a eso, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mueves a mi lado en el sofá. Mueves tu brazo, que ha estado entre nosotros a mi lado como si me sostuviera. Pretendes que lo haces porque necesitas agarrar tu taza de café.&lt;br /&gt;No quise decirlo como algo horrible, te digo. Lo dije como un elogio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya te sientas hacia adelante, sin mirarme, mirando al frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que me sorprende de ti, dices mirando al frente, es que después de todos estos años, todos los años en los que hemos estado conversando, piensas que tienes el derecho de decidir, como si fueras Dios, quién soy y quién no soy, y cómo soy y cómo no soy, y qué haría y qué no haría. Pues te diré que no tienes ese derecho. Sólo porque tienes una nueva vida y un nuevo amor y todo un nuevo día con su amanecer y su crepúsculo y todo es nuevo y brillante como en una famosa canción pop, eso no me convierte en una ficción con la que puedes jugar o en una canción vieja y muy usada que puedes elegir no escuchar o que puedes decidir seguir repitiendo en tus oídos cada vez que quieras para que puedas sentirte mejor contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no necesito sentirme bien conmigo, te digo. Y no estoy jugando con nada. No estoy eligiendo repetir nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero justo cuando lo digo me doy cuenta de que en lo que solía ser el borde de nuestra ventana hay algo diferente. Hay algo como una pieza de madera que nunca había visto antes. Es nueva, como el espejo nuevo que hay en el baño, los pañitos que están en la cocina al lado del fregadero que no son realmente tu estilo, el leve olor en el aire de lo que fue nuestra casa de algo o alguien más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pones el brazo donde estaba antes. Así que yo también me muevo. Lo hago como si buscara una posición más cómoda, para recostarme en el otro extremo del sofá. Miro el lugar en el apoyabrazos del sofá donde está la vieja mancha de café. Ha estado ahí por años, la hicimos justo después de comprar el sofá. No se quitaba con nada, ni con la aspiradora. Si la frotábamos con un cepillo y algún tipo de líquido limpiador lo único que lográbamos era hacer que se viera más. No me acuerdo cuál de nosotros dejó la mancha, cuál de los dos puso la taza que dejó la mancha en primer lugar. Podría afirmar que no fui yo, pero no me acuerdo con claridad. Sigo la mancha circular con mi dedo y luego sigo el cuadrado que se formó cuando tratamos de limpiarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora me dices, así es como tú eres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo dices en una voz que se supone que suena como mi voz, aunque en realidad no se parece en nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así es como tú eres, te digo. Te lo digo en la misma voz falsa que tú has usado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De verdad has cambiado, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no he cambiado, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eres tan inflexible, me dices. Eres tan increíble que si hubieras sido tú quien hubiera entrado en esa tienda que inventaste para mí para hacerme lucir botarate, inconsistente y arrogante en…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo nunca dije que eras arrogante, te digo, o inconsistente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí lo dijiste, me dices. Sugeriste que soy arrogante e inestable. Sugeriste, en tu historia en la que compro instrumentos que no puedo tocar, que soy totalmente idiota y risible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no lo hice, te digo. De hecho estaba tratando de sugerir…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me interrumpas, me dices. Tú siempre…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, yo no, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo sé cómo serías tú en esa tienda, me dices. Sé cómo sucedería todo tan pronto cruzaras la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo?, te digo. ¿Cómo sería? ¿cómo exactamente? ¿cómo sería yo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé exactamente cómo te comportarías en un lugar así, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dime, termina de decírmelo, te digo. Quiero saber exactamente lo que piensas de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrirías la puerta, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te apuesto a que sé lo que vas a decir, te digo. Te apuesto a que abro la puerta y voy directamente al mostrador y pido ver todos los instrumentos de cuerda que hay en la tienda, y luego me siento a esperar que la vendedora me traiga el primer instrumento, es una guitarra, y la pone delante de mí. Y cuando la chica se va a buscar el siguiente instrumento saco de mi bolso un alicate. Entonces agarro la primera cuerda de la guitarra con la parte más afilada del alicate y la estiro hasta que se rompe. Y luego corto la siguiente cuerda y la siguiente y la siguiente hasta que corto todas las cuerdas y entonces espero la próxima guitarra. ¿Es eso lo que pasa? ¿Y luego corto todas las cuerdas de todos los instrumentos de cuerda que hay en la tienda? ¿Y me produce un gusto especial cortar las muchas cuerdas de la hermosa arpa que estaba en la vitrina? ¿Es eso lo que pasa? ¿Es así como soy?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me miras con absoluta sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso es lo que te gustaría pensar, sin embargo, ¿no?, te digo. Eso es lo que te gustaría pensar sobre mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora me miras con unos ojos precavidos y doloridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que iba a decir es esto, me dices. ¿Quieres escuchar lo que te iba a decir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú abres la puerta, me dices, y es como si entraras en un musical de Hollywood.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah! Ya veo, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay una banda sonora brillante, me dices, que empieza a sonar justo cuando abres la puerta y la campanita que está sobre la puerta hace un sonido como ¡plin! Y vas al lugar donde están todos los pianos y hay un hombre sentado tocando los primeros acordes de una canción como “Taking a Chance on Love” o “Almost like being in love” o no, no, ya sé, la canción es “A Tisket a Tasket, I Lost my Yellow Basket”. Y no lo puedes evitar, te recuestas del piano para hablar con el hombre y le dices, ¿sabes que esa canción fue un enorme éxito para Ella Fitzgerald, justo un año después de que Billie Holiday cantara “Strange fruit”? Y si pones las dos canciones juntas y las comparas obtienes un cuadro bastante real de la política racial y de lo que era aceptable y lo que era considerado cierto en ese momento particular de la historia reciente?. Piénsalo, le dices al hombre. Las dos canciones son sobre colores, pero una es acerca de lo que realmente está pasando en el mundo y la otra es más bien una pieza absurda y sin sentido, como una negación de que las palabras puedan significar alguna vez algo, sobre una chica que pierde una cesta amarilla y no sabe si podrá encontrarla. Y ¿adivina cuál de las dos fue un éxito total y se mantuvo de número uno por diecisiete semanas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que yo soy arrogante y sabelotodo, te digo. Ya veo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el hombre se ríe y sigue tocando, me dices. Y luego alguien más comienza a tocar, desde otro piano, uniéndose a la melodía; y luego se une un tercero, hasta que el sitio entero se llena de notas de piano, y tú te vas a la otra habitación donde están los violines y otros instrumentos, todavía puedes oír los pianos al fondo, y entonces tres chicas más bien bonitas se unen a la melodía con sus violines, y es todo de lo más romántico, la canción se ha convertido en una muy romántica versión de sí misma. Y entonces le dices a las chicas al pasar, ¿sabían que hay una segunda parte de esa canción, mucho menos famosa, en la que Ella Fitzgerald encuentra finalmente la cesta amarilla? Es casi tan buena como la original, bueno, yo la prefiero, aunque no tuvo tanto éxito en el momento. Y las lindas violinistas asienten y sonríen, y de pronto, como para complacerte, alrededor de ti todo el mundo comienza a tocar la canción de la que estás hablando y ahora toda la tienda resuena con la melodía. El departamento de instrumentos de viento está lleno de gente tocando trompetas y saxofones y clarinetes que brillan en la luz que baja del techo de la tienda y el sonido que hacen, completando el de los pianos y los violines, es tan ancho como el cielo. El trompetista que está al frente te guiña un ojo y también lo hace una de las chicas que toca saxo. Entonces pasas a la sala siguiente y la sala está llena de niños con instrumentos de viento y de percusión —kazoos, ocarinas, xilófonos, marimbas, castañuelas— y ellos también se unen a la misma melodía, de hecho en todas partes a donde vas en la tienda, en cada departamento, subiendo y bajando pisos, la gente está tocando la misma melodía feliz en cada uno de los instrumentos de esa tienda, es como si toda la tienda estuviera viva, hasta las paredes se mueven al ritmo de la música y la melodía crece y crece, amenazando sólo con llegar al final y disolverse cuando caminas hacia la puerta y estiras la mano para abrirla. Entonces la melodía va disminuyendo, cada vez se escucha más baja, pero de pronto, sólo para ver qué pasa, sueltas la perilla de la puerta y retrocedes tres pasos y como si fuera una broma la música vuelve a sonar altísimo. Y luego, a un ritmo perfecto, siguiendo con total precisión las últimas tres notas de la melodía, abres la puerta, la atraviesas y la cierras y todo el asunto se termina en el simple ¡ping! de la campanita de la puerta que resuena detrás de ti. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí tienes, me dices. Así es como tú eres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora estoy de pie. Estoy al borde de la furia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, te digo. Entonces ¿soy una persona exagerada y dramática, que se las da de sabelotodo y que va por el mundo pensando que es de lo más especial? ¿y a donde quiera que voy doy por descontado que el mundo todo no es más que una orquesta dispuesta a tocar para mí? ¿sólo para complacerme? ¿como si el mundo entero pudiera ser controlado? ¿como si el mundo entero sólo estuviera ahí para servir como mi soundtrack particular?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabes que no quise decir eso, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pareces a punto de dar tu brazo a torcer. De pronto siento que tengo toda la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Así que tú piensas que yo soy el tipo de persona que habla tonterías, en una situación en la que es totalmente inapropiado, sobre cómo una canción es más importante que otra por razones políticas, cuando en realidad, verdaderamente, lo que quisiera es regodearme en cursilerías sin sentido que alimenten mis delirios de grandeza?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué?, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tu cara se nota la sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Así de arrogante? ¿así de solipsista?, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca dije nada de solipsista, me dices. Ni siquiera sé lo que eso significa. Nunca dije nada de eso. No me estás entendiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Piensas que soy pedante e irresponsable!, te grito. ¿No?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora también tú estás de pie. También estás gritando. Gritas algo sobre ser tan inútil como la envoltura de una cesta. Gritas que tú no eres tan superficial o ignorante o botarate o el tipo de gente que compraría un acordeón por la marca. Entonces, en una lista de adjetivos que suenan de lo más inteligentes me dices lo que soy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que soy es alguien que se va por la puerta de enfrente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que hago es cerrarla detrás de mí con un golpe que enfatiza mi propia posición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el tiempo que camino por la calle, con el portazo que acabo de dar todavía resonando detrás de mí, tengo en los oídos el sonido enloquecedor de esa canción acerca de una chica que pierde su cesta amarilla. Cuando llego al apartamento no hay nadie y me siento en el escalón entre la cocina y la sala y trato de pensar en adjetivos para describirte, adjetivos que pueda lanzarte como si fueran pequeñas piedras afiladas, pero todo lo que puedo escuchar en mi cabeza es la discusión que tiene Ella Fitzgerald con los de la banda:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Era verde?&lt;br /&gt;¡No no no no!&lt;br /&gt;¿Era roja?&lt;br /&gt;¡No no no no!&lt;br /&gt;¿Era azul?&lt;br /&gt;¡No no no no!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que recuerdo la voz de Ella Fitzgerald volviéndose cada vez más molesta, aunque de una manera cómica, al escuchar a los chicos de la banda que no dan con el color de la cesta, de manera que para el momento en el que canta la última hilera de noes suena casi furiosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces comienzo a preguntarme si recuerdo bien el orden de los colores como es en realidad.&lt;br /&gt;Voy a donde están los CDs. Son mis CDs; no fue difícil traérmelos, porque tú no escuchas mucho jazz. Encuentro el disco. Busco en la lista por el título ‘A Tisket, A Tasket’. Meto el CD en el aparato y mantengo apretado el botón hasta que llega a la canción número ocho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La canción es una pieza de encanto puro, por el modo como parece coquetear con la tristeza pero se aleja de ella revelando una pérdida que resulta no ser en realidad una pérdida, o que es una pérdida que pretende no serlo, y la leve ronquera de esa Ella Fitzgerald más joven y más brusca, es tan despreocupada cuando canta que parece como si no estuviera consciente de las modulaciones de las que su propia voz será capaz cuando sea más vieja y más sabia. Pero, a fin de cuentas, ¿a qué se refiere esa canción? ¿qué es esa misteriosa cesta? ¿quién es la misteriosa niña que se la roba? ¿por qué Ella Fitzgerald se va a morir si no la recupera? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la canción se termina estoy riéndome a carcajadas en el escalón de la cocina recordando que dijiste que yo era tan inútil como el envoltorio de una cesta; me muero de la risa y es tanto lo que me río que estoy ya casi al borde del llanto y la siguiente canción, la canción casi melliza de la otra, ‘I Found my Yellow Basket’, me sorprende.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los chicos de la banda que cantan con Ella Fitzgerald en esta segunda canción son de lo más considerados. Le ofrecen cubrir el costo de la cesta original que perdió en la otra canción. &lt;br /&gt;Oh, no, no es necesario, les dice ella, les tengo buenas noticias, y entonces me doy cuenta, al escuchar la ligereza de su voz cuando canta cómo se siente contenta y aliviada, lo tranquilizador que es que exista una canción en el mundo en la que Ella Fitzgerald logra localizar a la misteriosa niña y encontrar la cesta amarilla. Ella canta sobre lo feliz que es. Luego canta la palabra ‘ahora’ por última vez. Suena tan inocente, tan parecido al sonido alegre de una campana, que me da vergüenza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suena el timbre de la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera hay una gran caja negra. Se ve muy elegante y cara. Se ve nueva. Es tan grande que casi me llega a la cintura. El hombre que la subió por las escaleras está todo rojo y cansado. &lt;br /&gt;Firmo y la arrastro hacia adentro. Es muy pesada. Al principio no tengo idea de qué puede ser.&lt;br /&gt;Entonces entiendo lo que está adentro, por supuesto que es eso, con sus teclas negras y blancas en la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que ninguno de nosotros tiene la más remota idea de cómo tocarlo, ni siquiera de cómo abrirlo y cerrarlo como es debido. Es algo que hay que aprender. En lugar de abrir la caja, abro la nota que vino con ella. Me imagino, antes de abrirla, que dice que éste es parte de un par y que si necesito el otro lo voy a encontrar en tu casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto es lo que dice la nota:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú sí que eres bien especial. De verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;Hasta aquí el segundo cuento de Ali Smith. Espero que te haya gustado tanto como a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un abrazo,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-5452341281089682693?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/5452341281089682693/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/05/la-segunda-persona.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/5452341281089682693'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/5452341281089682693'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/05/la-segunda-persona.html' title='La segunda persona (traducción)'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-3951996066497808550</id><published>2011-04-26T16:11:00.004+01:00</published><updated>2011-04-26T16:21:04.707+01:00</updated><title type='text'>Permiso indefinido</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-xllWeTFPuKs/Tbbg3s36LCI/AAAAAAAADBw/vpZz0US9ze8/s1600/a_botones.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-xllWeTFPuKs/Tbbg3s36LCI/AAAAAAAADBw/vpZz0US9ze8/s400/a_botones.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599910434224876578" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La semana pasada nos estamparon en nuestros pasaportes el permiso de residencia permanente en el Reino Unido. Es la primera vez que tengo permiso indefinido de vivir en un país que no sea el mío y la verdad es que lo que se siente, más que nada, es un inmenso alivio. De ahora en adelante, mientras estemos aquí, no vamos a necesitar ningún otro trámite de visado. El único trámite pendiente va a ser, más bien pronto, sacar el pasaporte británico y dejar atrás nuestra preocupación eterna con el pasaporte de la tierruca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se trató, sin embargo, de un trámite simple. Pero para alguien que estuvo un año atrapada entre los límites geográficos de su lugar de origen, en espera de un pasaporte, todo fue más bien expedito. Sabíamos que el requisito indispensable era que Lyo cumpliera cinco años como residente con permiso de trabajo. Esos cinco años se cumplieron el año pasado. Así que desde enero empezamos a leer con detalle qué había que hacer para pedir la residencia permanente. Después de leer todas las instrucciones disponibles en la página oficial de la Home Office —algo así como el miniserio del interior aquí— descubrimos que sólo se trataba de llenar una planilla, anexar algunos documentos y listo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podíamos mandar todo por correo y sentarnos a esperar que los pasaportes nos llegaran de vuelta estampados —o no— con nuestro nuevo estatus de residentes permanentes. Pero como tenemos una agenda complicada de viajes este año decidimos utilizar el servicio expedito que, aunque cuesta más, te garantiza una respuesta inmediata y en persona. Así que hicimos nuestra cita, llenamos las planillas, fotocopiamos todos lo documentos —incluyendo cada una de las páginas de nuestros atestados pasaportes—, nos tomamos las fotos siguiendo todas las normas establecidas y nos fuimos a Sheffield que queda a cuatro horas de viaje en tren. Se dice fácil, pero cuando es un viaje que sabes que vas a hacer de regreso el mismo día la cosa se vuelve más pesada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos temprano a la ciudad, que resultó mucho más grande de lo que nos imaginábamos. Ubicamos el edificio donde teníamos que hacer los trámites. Nos comimos algo antes de entrar e hicimos un poco de tiempo para llegar a la hora exacta de nuestra cita, que era a la una y media. No era necesario, pero eso lo supimos cuando estábamos ya adentro y vimos que la gente iba entrando sin hacerle mucho caso a las horas preestablecidas. El procedimiento de entrada al edificio sigue el mismo protocolo de seguridad que se usa para entrar a cualquier embajada: detector de metales, apagado de celulares y revisión de líquidos. Lyo tuvo que tomarse un trago de la botella de agua que llevábamos para probar que no era un explosivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez adentro nos dieron un número, el 62, por el que nos llamarían a lo largo de toda la tarde. A mí me pareció un buen augurio, porque es mi año de nacimiento. Pagamos las dos mil libras que cuesta el trámite en persona y nos sentamos a esperar. Fue una espera larga, pero yo estaba segura de que íbamos a salir de ahí con nuestro permiso de residencia permanente. Cada vez que llamaban a alguien y le decían que no había ningún problema, que su petición había sido aprobada, yo le comentaba a Lyo por lo bajo que eso era exactamente  lo que nos iban a decir a nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Lyo, para algunas cosas, tiene un temperamento más fatalista que el mío. Y cada vez que llamaban a alguien para explicarle por qué le habían negado la visa —mucha gente estaba renovando visas y no pidiendo el permiso residencia— Lyo se ponía alerta y escuchaba todas y cada una de las explicaciones. Se estaba preparando para responder a cualquiera de las preguntas que le hicieran, incluso las preguntas más inesperadas como por qué viajaba tanto o cómo resolver una complicada ecuación para probar que en realidad se dedicaba a eso de las matemáticas.    &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora después de que nos dieron nuestro número una joven delgada y amable nos llamó para avisarnos que ella se encargaría de nuestro caso. Y luego se perdió entre los pasillos donde se alineaban las computadoras de los funcionarios que chequeaban cada solicitud. Cada tanto la veíamos levantarse, caminar con nuestros papeles de aquí para allá, y sentarse otra vez delante de una pantalla. Tres horas duró el suplicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperamos tres horas entre llantos de niños aburridos o hambrientos, rodeados de inmigrantes de todas partes del mundo que esperaban mirando la pantalla de la tele, que estaba puesta en el canal de noticias, o escuchando música con los audífonos clavados en las orejas o conversando bajito en su idioma materno. Esperamos tres horas en una torre de Babel en miniatura donde las madres se dedicaban a entretener a sus criaturas y los padres ordenaban papeles en carpetas ajadas y disparejas. Esperamos las tres horas más largas de nuestra vida hasta que escuchamos otra vez el número 62 y la misma joven delgada nos anunció sin más ceremonia que nuestra solicitud había sido aceptada y que estaban imprimiendo en nuestros pasaportes el permiso de residencia permanente. Yo respiré aliviada. Pero Lyo se quedó con todas las respuestas a todas las preguntas probables e improbables atragantadas entre el pecho y la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto de la espera fue breve. Menos de diez minutos. Cuando nos llamaron y nos entregaron finalmente nuestros pasaportes lo único que queríamos era salir corriendo. El funcionario nos dijo que verificáramos que todos los datos estaban correctos, pero estábamos tan contentos que en realidad sólo los verificamos después. Recogimos todos nuestros peroles, incluyendo los cerros de fotocopias que nunca nos pidieron, y salimos a una tarde soleada y fresca. Nos esperaban cuatro horas de viaje de regreso. Pero no lo sentimos. El regreso nos pareció un suspiro. Un largo suspiro de alivio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que aquí estamos, amiga, legalmente autorizados a vivir a perpetuidad en este reino. Y yo no puedo evitar sentir una alegría tristona o tal vez sea una tristeza regocijada. No sé. En todo caso es una mezcla agridulce. Como son mezclados siempre los sentimientos de todos los desterrados que en el mundo han sido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo aliviado,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-3951996066497808550?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/3951996066497808550/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/04/permiso-indefinido.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/3951996066497808550'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/3951996066497808550'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/04/permiso-indefinido.html' title='Permiso indefinido'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-xllWeTFPuKs/Tbbg3s36LCI/AAAAAAAADBw/vpZz0US9ze8/s72-c/a_botones.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-8207868176728218127</id><published>2011-04-15T13:21:00.004+01:00</published><updated>2011-04-15T13:57:53.828+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Traducciones'/><title type='text'>La primera persona (traducción)</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo meses esperando que me publiquen la traducción que hice de tres cuentos de &lt;a href="http://www.contemporarywriters.com/authors/?p=auth91"&gt;Ali Smith&lt;/a&gt; y nada que los publican. Pero hoy amanecí con esa forma boba de iluminación de quien descubre el agua tibia: yo misma puedo publicar mis traducciones, aquí en nuestro blog. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que si me tienes paciencia, aquí va el primer cuento. Es un texto que me gusta mucho y que tiene la particularidad de no mostrar el género de los protagonistas. Ese es, para quien traduce al español, el reto más difícil. Espero haberlo logrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;La primera persona&lt;/span&gt; / Ali Smith&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto, sin embargo, es un nuevo tú y un nuevo yo. En esta historia en particular somos una novedad, tú para mí, yo para ti, una novedad en el sentido antiguo del término. Por lo menos a mí me está haciendo sentir más bien mi lado más anciano. No me parece del todo seguro que el cuerpo pueda soportar una novedad tan resplandeciente cuando, como el mío, ya ha superado todas las novedades aceptables, las que están bien demarcadas, las que se supone que debemos pasar: los brillantes años de la adolescencia, los sabelotodos veinte, los  inexpertos treintaitantos, los repentinos deslumbramientos estremecedores de los cuarenta, etc. Pero esto. Esto es inesperado. Hoy me desperté y no estabas. Bajé y encontré la sala extrañamente vacía. Entonces vi que la mesa del comedor estaba afuera en la grama, en el sol, y tú estabas esperando por mí frente a ella con el desayuno listo a tu alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si puedo seguir haciendo esto, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bostezo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(No bostezas, en realidad, sino que dices la palabra bostezo. Luego me miras del otro lado de la mesa y sonríes. Todavía no me acostumbro a tu sonrisa y a que te sonrías conmigo. A veces cuando me sonríes tengo la imperiosa necesidad de mirar por encima del hombro para ver a quién le estás sonriendo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te lo estoy diciendo de verdad, te digo mientras me siento, no creo que haya suficiente espacio en mi vida. No creo tener ya la paciencia necesaria. Tengo mucha edad para esto. Ya no tengo edad para estar conociendo a los padres de alguien. Si tengo la edad en la que la gente está más bien teniendo hijos, ¡por Dios santo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién dijo nada sobre conocer a los padres? Todo lo que hice fue mover la mesa y hacer café, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo definitivamente demasiados años encima para tomarme todo el trabajo de andar conociendo a los amigos de infancia de alguien y todo eso, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, me dices, como quieras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como eso de irse de vacaciones y encontrarse en una casa llena de gente extraña, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, gracias, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabes lo que quiero decir, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, pues tienes suerte, me dices. No tengo padres. Ninguno. Nací sin padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perfecto, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tengo cientos de amigos, pero son de los que simplemente aceptarán tu presencia en mi vida sin necesidad de conocerte. Qué bueno, ¿no? Qué liberador, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demasiado bueno para ser verdad, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Va a ser igual de intimidante para mí conocer a tus amigos, me dices. Imagínate. Imagínate que sería como entrar en una biblioteca enorme, con altas ventanas, y paredes cubiertas de libros en estantes de madera, de libros verdaderamente antiguos, miles y miles de libros. Huele muy bien y todo, todos esos viejos libros y sus viejas páginas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usaste una vez la palabra antiguo y dos veces la palabra viejo en esa frase, te digo. No eres la perfección en persona, después de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es de lo más bonito y todo, me dices. Pero es un poco como que miro alrededor y sé que no he leído ninguno de esos libros. Y en cualquier momento puede que tenga que presentar un examen sobre todo lo que esos libros dicen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Infeliz edad y juventud, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me miras. Levantas una ceja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una cita, te digo. Viene de lo que nosotros los bibliotecarios llamamos biblioteca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son sólo diez años, me dices. No es tanto así. Bueno, quince. Ah, ya entiendo. Es como cuando te levantaste y me miraste y dijiste que yo era como un, ¿cómo es que se llama?, ¿cómo se llama la cosa esa con la que se juega hockey?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Puck”, te digo. Dije que era como tener a Puck en mi cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, un puck, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Exactamente lo mismo. Misma biblioteca, más o menos el mismo estante. Hockey sobre hielo. Puck. ¿A quién se le ocurre mencionar a Ariel, a fin de cuentas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo Persil non-bio o me da una urticaria que ni te cuento, me dices. Tengo una piel muy sensible. (*)  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo dices como si contaras un chiste doblemente irónico, con tantas ganas de reirte que me sorprendo preguntándome si te estás burlando de mí, si has estado burlándote de mí todo el tiempo, que en realidad tú sabes exactamente quién es quién y cómo y dónde, que en realidad sabes mucho más de lo que yo sé, sobre cualquier cosa, pero por alguna razón pretendes no saber, aunque no puedo imaginarme qué razón puede haber para que hagas eso. Eres la imagen de la perfecta inocencia. Te recuestas en la silla y la silla se levanta en dos patas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te vas a caer, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay manera, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estás mirando el cielo. Sigo tu mirada y veo que estás mirando el vuelo de los vencejos del verano que acaban de llegar del sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Esos son los pájaros que duermen volando?, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Guao!, me dices. ¿Y nunca se detienen? ¿Y siguen volando y volando, y tienen que hacer sus nidos en lo alto para no tocar el suelo y mantener el impulso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imagínate, me dices. Como una canción que no terminara nunca, como una música constante, siempre evolucionando, como si uno siguiera y siguiera escuchándola, incluso cuando estás durmiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te levantas, estiras los brazos en el aire, te doblas como un arco listo para una flecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tenemos nada en común tú y yo, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sip. Nada en común, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deberíamos terminar con esto de una vez, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te paras detrás de mi silla y me envuelves con tus brazos y después metes tus manos dentro de mi camisa, tus manos directamente sobre mi piel. Me abrazas fuerte por dentro de mis ropas, y si hay una biblioteca en cualquier lugar cerca de aquí es como si alguien le acabara de quitar el techo y los estantes se hubieran inundado de pronto de sol y todos los libros viejos recordaran en este mismo instante lo que significa estar envuelto en piel y tener un lomo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay manera, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Totalmente de acuerdo, dices detrás de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puedo sentir tu risa silenciosa desde el principio hasta el fin de mi espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabes que no eres la primera persona que me ha hecho sentir de esta manera, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, sin embargo, yo soy la primera persona hoy, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me has quitado de encima el techo y has convertido toda la biblioteca en un bosque. Cada libro es un árbol. Por encima de las copas de los árboles no hay nada más que pájaros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo se supone que voy a sobrevivir a esto, a esta intemperie en el bosque salvaje? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que te vi estabas comiéndote una manzana, te digo. Bueno casi la primera vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acuerdo, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estabas comiéndote una manzana como si no hubiera nada más que hacer en la vida, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay nada más, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un poco más tarde el mismo día. Estamos otra vez en la cama. Hemos decidido inventar una historia de cómo nos conocimos para que cuando finalmente tengamos que conocer los amigos de cada quien, alrededor de cualquier mesa en cualquier pub o restaurant o en el comedor de cualquier casa de los suburbios, vayamos sobre seguro. Pero el momento de la manzana, de que yo te vea casi por primera vez comiéndote una manzana, es verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue en la zona de embarque, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué quieres decir?, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el aeropuerto, me dices. Tú trabajabas ahí en esa época. Usabas un uniforme encantador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿La gente usa uniformes en la zona de embarque?, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, claro, me dices. Quiero decir, tú usabas uniforme. Un uniforme de lo más bonito. A mí me gustaba, pues.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tú estabas viajando alrededor del mundo, te digo. ¿Estabas viajando alrededor del mundo sin ninguna compañía?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba dándole la vuelta al mundo en un día, me dices. Quería saber si era posible hacerlo en un día. Y tú eras parte del personal de seguridad, de esos que chequean en máquinas con rayos equis el equipaje de mano y las chaquetas de la gente, para ver si no son terroristas. Y me pediste que me quitara mi chaqueta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando lo hiciste, vi que en lugar de brazo lo que tenías era una especie de violín, y donde debía estar tu mano lo que había era esa pieza enrollada de madera que está en un extremo de los violines…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo te vi cómo me mirabas, me dices, y miré mi brazo y mi mano y dije, maldita sea, otra vez lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces te pedí que me acompañaras a la sala de entrevistas, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo dije que en realidad no había ninguna necesidad de eso, es sólo que estoy pasando por algunos cambios, me dices. El cambio es necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mutatis, mutandis, te digo. Mutabilidad. Mutón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lobo vestido de cordero, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo a lo de mi edad, te digo. En mis tiempos las cosas eran diferentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué bueno. El cambio es bueno, me dices. Y entonces, obviamente, tuve que quitarme los zapatos para que los chequeara la máquina, la máquina especial que revisa los zapatos con rayos equis…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en vez de pies tenías… te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cascos, me dices. Unos cascos pequeñitos y bien formados, como los de un pony o un burrito o un pequeño chivo, o mejor como los de un… ¿cómo es que se llaman?, venados, como los de un venado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces te escolté hasta la sala de entrevistas y te pregunté si podrías ayudarme a llenar una planilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De lo más romántico, ¿no?, me dices. Nuestro primer encuentro fue de lo más romántico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nombre, te digo. Dirección. Edad. Nacionalidad. Ocupación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocupación: bailarín, me dices. He bailado y pateado por todo el mundo. Es una buena vida. Es lo que hace que luzca tan joven. Así que, listo, eso es lo que vamos a decirle a tus amigos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero qué le vamos a decir a mis amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos ellos van a querer conocer la larga e interesante vida que tuve antes de conocerte, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pones tu cabeza en mi pecho. Te instalas en mis brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuenta, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba en los primeros momentos eufóricos de un primer amor, te digo. Estaba pasando por esa erupción de energía y felicidad pura que es lo que te pasa cuando estás en medio del primer amor otra vez. Estaba silbando la melodía de ese primer amor, caminando por un camino campestre bordeado de verde pasto y flores silvestres, cuando me encontré al lado de una mujer muy vieja que cargaba en la espalda un hatajo de palos largos y pesados. Era de lo más pintoresco. Parecía como si estuviera en otro país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del tipo de países en los que no hay calefacción central, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, te digo. Y le digo a la mujer, ¿la puedo ayudar? Y ella se detiene y me dice ¿de verdad me quieres ayudar? Y yo digo que sí. Y entonces miro a donde mi mano izquierda había estado y veo que no hay nada ahí. Miro por debajo de la manga. Enrollo la manga hacia arriba. Mi brazo se termina en un muñón a la altura de la muñeca. Cambié de idea, le digo a la mujer. Me pregunto si le importaría devolverme mi mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era demasiado tarde, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace mucho, mucho tiempo, decía la mujer mientras se alejaba de la historia, mucho tiempo atrás, en mis mejores tiempos, yo era exactamente como tú eres ahora, ¿sabes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Regresa! le grité. ¡Devuélveme mi mano en este mismo instante!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su voz volvió a mí por encima del hatajo de palos que estaba cargando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es terrible, dijo. ¿Con qué vas a sostener el tenedor cuando te sientes a comer en compañía de gente educada? ¿Cómo podrá alguien ser capaz de saber si te has casado o no? ¿Cómo vas a poder tocar la guitarra otra vez, o incluso hacer ese sonido de clip-clop, con las dos mitades de un coco, como el que hacen los cascos de un caballo? Es una tragedia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La maldita mujer, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú, mujer maldita, le grito. No, me grita, yo no soy maldita. En realidad te hice un favor. Ahora, cuando te mires en el espejo, vas a ver a una persona totalmente nueva. Deberías agradecérmelo, en vez de comportarte como una persona idiota y malagradecida.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y tú qué hiciste?, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé ahí mirando cómo se iba. Miré el borde ensangrentado de mi manga al final de mi brazo y me sentí demasiado débil para hacer nada. Así que me senté en una enorme piedra que había a la orilla del camino. Me senté a escuchar el sonido de los pájaros del verano y a oler el perejil de monte y sabía que tenía que irme pronto a un hospital. Es decir, me gustaría tener la posibilidad de decir que me senté ahí, mirando el sitio en el que había estado mi mano y en la ausencia de esa sola mano de pronto comprendí cómo los personajes imaginarios deben añorar tener huesos. De pronto me di cuenta cómo los muertos, si es que pueden sentir algo, deben desear ser cualquier otra cosa menos muertos. Pero todo lo que pude sentir era el ultraje. Todo lo que sentía era la pérdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me besas en el centro del pecho. Buscas y sostienes mi mano izquierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ten cuidado, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuestas tu cabeza en mi pecho otra vez. Me sacudes despacio la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mano que te fue cortada, sin embargo, me dices, tuvo una vida muy feliz y satisfactoria. Como en todas las películas de bajo presupuesto, tu mano mantuvo las características de su cuerpo original. Podía tocar sonatas por sí misma. No sólo podía montar a caballo sino que también podía limpiarlos y acicalarlos de manera muy eficiente después. Era buena jugando póker, de lo más eficaz enviando mensajes de texto y navegando en la red, estaba siempre sumergida en las páginas de un buen libro. Andaba todo el tiempo metiéndose en los bolsillos y sacando sencillo cuando alguien lo pedía en la calle. Fue también un gigoló muy conocido; no era extraño que cruzara la ciudad a solas, en mitad de la noche, dejando un amante satisfecho y feliz en medio del sopor de después del amor, para ir a complacer a otro que estaba ya en ese momento esperando ansioso a sostener tu mano. También alcanzaste la fama tocando la batería. Tu fama recorrió el mundo entero. Y así fue como nos conocimos. Una noche, por casualidad, me contrataron para tocar mi brazo y hacer sonar mis patas en el mismo bar en el que tú estabas dirigiendo un grupo. Esa tarde, a las cuatro de la tarde, a la hora del ensayo, entré por la puerta de aquel bar…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estabas comiéndote una manzana, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y nos miramos, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que de esa manera nos conocimos, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sip, me dices. O si no, ¿qué tal si no tenemos historia? ¿Qué tal si no hay ninguna historia de cómo nos conocimos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Pasaste por delante de mi puerta. Yo estaba en la entrada leyendo mis emails. No estaba de buen humor, porque la noche anterior me había trasnochado y había terminado viendo un episodio de los años setenta de Cuentos de la Cripta; era un episodio que había visto hacía treinta años, cuando apenas estaba en la adolescencia, y que no se me había olvidado. Era sobre una joven que había perdido a sus padres en un accidente de tránsito. Vivía una vida de abandono y desamor y, luego de una lección de piano con una profesora más bien insoportable, cuando va caminando a la casa de su antipática abuela, la sigue un hombre siniestro. Alguien está asesinando jovencitas. Hay una gran cantidad de tomas de lagos drenados y de policías con perros que buscan un rastro entre pastizales altos. La próxima vez que la muchacha sale, el hombre está ahí de nuevo. Otra vez la sigue. Para librarse del hombre la joven pide ayuda a una dulce viejecita que se encuentra por casualidad. La viejita parece mucho más dulce que la misma abuela de la joven. Así que la joven se van con la dulce viejecita y atraviesan un terreno vacío hasta llegar a una casa rodante en la que la dulce viejecita ofrece preparar una taza de te. La joven se instala en el lugar. Se siente segura por primera vez. Entonces alguien más entra. Es el hombre siniestro. Todo el tiempo el hombre y la viejita han sido cómplices. Y ahí se termina la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace treinta años, esta historia que duraba unos treinta minutos me había aterrorizado. Treinta años después, la misma historia me ha hecho sentir rabia. Un personaje joven es sacrificado en un final horrible con el sólo propósito de construir una historia redonda. Había estado peleándome toda la noche en mi cabeza con la redondez y la tontería y el cinismo de la historia. Me había levantado tratando todavía de pensar en finales alternativos para la joven, otorgándole todavía un destino más abierto, un contorno más suave para todas las cosas que la rodeaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba llevando sol en la puerta de la casa, leyendo mis correos. Pasaste caminando. Me saludaste con la cabeza. Tenías un morral en la espalda, oblongo, más grande que tu espalda. Te escuché abrir una puerta en mi misma calle, un poco más arriba. No mucho tiempo después escuché a alguien tocando algo hermoso en algún instrumento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una música que yo conocía en mis huesos. Me arrastró. Cambió el aire. Entró en mi casa y transformó el cuarto en el que estaba en un lugar totalmente diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eras tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deduje detrás de qué puerta vivías. Me paré afuera. Algo nuevo me hacía valiente. Sabía que eras más joven que yo. Sabía que yo tenía más edad que tú. Toqué tu puerta. Tú respondiste. Estabas comiéndote una manzana.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La liberación absoluta, te digo ahora, en mi vieja cama contigo en mis brazos. Una historia sin historia. Sin adjetivos. Sin principio, sin medio, sin final. La libertad absoluta. El cielo absolutamente abierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin absolutos, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre nuestras cabezas, a través del tragaluz abierto en el techo inclinado de mi cuarto: hojas, nubes, azul, vencejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mitad de la tarde voy hasta el cuarto de atrás y te encuentro en la ventana aprovechando un rectángulo de sol. Estás leyendo un libro. Me miras y bajas el libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy tratando de ponerme un poco al día, me dices y guiñas un ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro, te digo. Finalmente entiendo. Te estoy imaginando. Estoy inventando todo esto. Tú no eres real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah, me dices. ¿Y qué tal si soy yo quien te está imaginando a ti?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú no eres la primera persona que me ha contado un cuento sin sentido, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estoy antes de la historia, me dices. Yo soy pre-historia, post-historia. Puro cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es ya de tarde. Estamos otra vez en la cama. Es casi vergonzoso irse a la cama con alguien tantas veces en un mismo día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú no eres la primera persona con la que me he acostado tantas veces en un mismo día, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espero que no, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No eres la primera persona con la que he sentido como si todo fuera nuevo, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No voy a ser la última, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No eres la primera persona que piensa que puede salvarme, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo nunca he tenido semejante pretensión, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No eres la primera persona que trata de echarme en los ojos una poción mágica para hacerme ver las cosas de una manera tan diferente, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Ah? me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces pones la cara de inocente que sueles poner cuando pretendes lucir inocente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No eres la primera persona con la que he tenido buenas conversaciones como ésta, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya sé, me dices. Has estado ahí, has hecho todo eso. Tienes mucha práctica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias, te digo. Y tú no vas a ser la primera persona en dejarme por alguien más o por algo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, pero tenemos bastante tiempo antes de que eso pase, si tenemos un poquito de suerte, me dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no eres la primera persona que, que, ah, que…, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…que te confunde? me dices. Bueno, tú no eres la primera persona en haber sido alguna vez herida de amor. No eres la primera persona que toca a mi puerta. No eres la primera persona por la que he apostado tan alto. No eres la primera persona a la que he tratado de impresionar con mi brillante representación de que en realidad nada me impresiona demasiado. No eres la primera persona que me hace reír. No eres la primera persona y punto. Pero eres la única persona en este momento. Y yo soy la única persona justo ahora. Eso es suficiente, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No eres la primera persona que me lanza un discurso como ese, te digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces nos morimos de la risa otra vez abrazándonos como por primera vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día pasa sin que nos demos cuenta. Es verano y está oscuro afuera. Pero no falta mucho, según parece, para que vuelva a aparecer la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando bajo para preparar té veo que la mesa del comedor está todavía afuera, sobre la grama, bañada por la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se ve como algo fuera de lugar. Se ve como algo inseguro, anormal. La mesa cambia el jardín y el jardín la cambia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sorprende, mientras la veo, que la mesa esté totalmente fuera de mi control. Quiero decir que hasta este momento creí que esa mesa me pertenecía. Ahora que la veo al aire libre ya sé que no. Por primera vez me doy cuenta de que tal vez nada me pertenece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si llueve esta noche la mesa no se va a dañar de inmediato. Pero si la dejamos ahí afuera por un tiempo suficiente se va a cuartear. Se va a partir en pedazos. Se va a manchar. Va a tener cantidad de grietas que las abispas y otras criaturas similares van a aprovechar para hacer sus nidos. Sus patas se van a ir enterrando en la grama y la grama va a ir subiendo por las patas. El monte la irá cubriendo. El frío y el calor la irán arruinando. La irá tapando un manto verdoso que la enterrará y brotarán matas encima de ella, se volverá vieja, será una ruina, un trasto destrozado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé qué voy a pensar mañana o pasado mañana. Pero esto es lo que pienso en este momento exacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso es lo mejor que le podía pasar a cualquier cosa que alguna vez yo haya imaginado que me pertenecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(*) Puck y Ariel son personajes de Shakespeare. El juego de palabras muestra una confusión entre Puck, el nombre propio del personaje de Sueño de una noche de verano y, puck, el disco que se usa para jugar Hockey sobre hielo, por un lado; y, por otro, la confusión entre el nombre de Ariel, personaje de La tempestad, con un detergente para lavar ropa que le hace la competencia a otro detergente muy popular en el Reino Unido, Persil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí el cuento de Ali Smith, con todo y su inevitable explicación. Los juegos de palabras son lo más difícil de traducir y en este caso no pude evitar la aclaratoria. También tuve que eliminar una línea porque carecía totalmente de sentido en español. Aún así, creo que el texto sobrevive bastante bien el paso de un idioma a otro.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una historia que me gusta por muchas cosas, pero sobre todo por lo que hace con el género. Aquí la historia es muchas historias, hay flecos y digresiones por todos lados. Este cuento no es como dicen los manuales que deben ser los cuentos. No va directo al grano, no ahorra, no entrega ningún blanco fijo porque no le interesa la tensión. Este es un cuento libre, como sus personajes sin género definido, sin nombre y sin edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espero que te haya gustado tanto como a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Va con un abrazo desvencijado como una mesa olvidada en un jardín,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-8207868176728218127?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/8207868176728218127/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/04/la-primera-persona-traduccion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/8207868176728218127'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/8207868176728218127'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/04/la-primera-persona-traduccion.html' title='La primera persona (traducción)'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-1144530459619954792</id><published>2011-04-07T15:34:00.002+01:00</published><updated>2011-04-07T15:38:56.269+01:00</updated><title type='text'>Distancia</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-S1NTHYZMP1k/TZ3McgX3BTI/AAAAAAAADBk/ZKaekeHZiPA/s1600/A_Poste_Guanare.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-S1NTHYZMP1k/TZ3McgX3BTI/AAAAAAAADBk/ZKaekeHZiPA/s400/A_Poste_Guanare.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5592851102362436914" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siento que te debo un balance de mi visita a la tierruca. Pero no sé por dónde empezar. No sé qué decir. Llevo ya cinco días buscando distracciones para no sentarme a escribir y veo en esa evasión un síntoma preocupante. Porque sé muy bien cómo me sentí en cada momento de esas dos semanas de encuentros y desencuentros, pero no estoy segura de tener la entereza de hacer inventario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leí las entradas que había escrito el año pasado, cuando fui y volví en junio.  Pensé que debía comparar de algún modo las dos experiencias. Escribí un primer borrador esta mañana que me pareció estirado y falso. Y ahora me siento a escribir por segunda vez, porque no estoy contenta con lo escrito. Pero también porque dudo, porque no sé dónde está ya el interés de lo que escribo, porque me fastidio tan rápido de mí misma que me quedo paralizada y sin ganas de seguir. Pero hay que decir algo, ¿no? Sino qué sentido tiene todo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que hay que decir es que Caracas me recibió con mejor ánimo esta vez. Creo que esa sensación se debe a que estuve en un encuentro académico en la universidad y eso siempre es reconfortante. Sobre todo cuando el evento es organizado por gente querida y admirada, y cuando es la mejor excusa posible para reencontrarse con amigos y colegas. Fueron tres días de risas y confidencias, de recuentos y de planes, de consultas y chismes, de carcajadas y sorpresas. Me encantó estar ahí y compartir con todo el mundo. Me gustó mucho sentir que todavía formo parte de una especie de comunidad que habla mi mismo idioma y que, a pesar de las diferencias sanas y necesarias, sigue en pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después vinieron dos días de reencuentros fuera de la universidad. Fue divertido bautizar mi libro con ustedes, en familia y en la Factoría de Sere, que es como la casa de todas nosotras. Hubiera querido tener más tiempo de hablar largo contigo, pero la verdad es que no siento ya que nos debemos largas conversas, porque es como si nunca hubiéramos dejado de conversar. Sentí como si acabara de dejarte en una esquina y te reencontrara al día siguiente para seguir en lo que estábamos, sin que el tiempo hubiera pasado por el medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un privilegio enorme reunirme con Mirtha Rivero el último día que pasé en Caracas. Nos pusimos al día en persona, aunque habíamos hablado ya largo por skype y hemos estado escribiéndonos emails desde que nos reencontramos hace unos meses gracias a facebook. Me encantó compartir con ella el pastel de chucho y la polvorosa de pollo entre risas y poses para las fotos.  Me llenó de orgullo la dedicatoria de su libro que le escribió a mi padre y me fascinó el rebozo amarillo encendido que me trajo de Chiapas y que tengo aquí enfrente, alegrándome el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sobre todo disfruté los días en casa de Gina, ese apartamento bendecido con una vista espectacular del Ávila, donde siempre me he sentido como en mi casa. Conversamos largo sobre las cosas de las que siempre hablamos: cosméticos y libros, amigos comunes y dramas personales, comidas y viajes. El último día Gina me enseñó a hacer una pizza que espero repetir este fin de semana para impresionar a Lyo. Espero que me quede tan rica como la que preparamos ese día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La semana que pasé en Guanare fue distinta, pero al mismo tiempo igual de cargada de emociones y reencuentros. Me quedé en casa de mi tía Kenya. Visité a mi papá y a mi madrina. Anduve todo Guanare con mi prima Yuruani, haciendo distintas diligencias, como sacar la licencia de manejar. Le tomé fotos a las casas en las que viví en mi pueblo natal, para ilustrar las entradas en las que hablo de ellas. Conversé largo con mi mamá y con las vecinas de mi tía. Pero, sobre todo, comí todos los platos que me antojé de pedir y que me prepararon sin quejarse mis tías de un lado y del otro de la familia: bagre engalletado, cachapas con queso de mano, arepas con crema de búfala, buñuelos con miel y frijoles con dulce… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez por eso, por esa acogida generosa y cálida, me dió mucha tristeza despedirme de todo el mundo. Pero esta vez no sentí que me despedía para siempre. Esta vez sé que voy a volver, o más bien que ya no importa si regreso o no. Porque la pertenencia es algo que no se elige. Uno carga encima la casa, el origen, como se cargan los huesos y la piel. Y no hay nada que se pueda hacer para evitarlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y al mismo tiempo, contradictoriamente, salí de la tierruca con la certeza de que ya no me voy a poder acostumbrar a vivir allá otra vez. Y ese fue uno de los comentarios que le hice a Lyo cuando le contaba mis impresiones del viaje. A pesar de la cercanía y del reconocimiento, es inevitable que vaya creciendo una distancia tal, que va a llegar un punto en el que no va a ser posible saltar al otro lado. Esta vez sentí la distancia en los zapatos, en la nariz, en el modo de mirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no me siento cómoda con ciertas actitudes, con el modo como me miran mis paisanos, ni siquiera con ciertos olores. Es como si los desórdenes y las inmundicias, los abandonos y los descuidos, se me hubieran convertido en afrentas personales. No tengo paciencia ya para las aguas negras en las aceras, para los peatones que se atraviesan de cualquier manera en medio de la calle, para la basura sin recoger colgada en bolsas plásticas, para las vallas inmensas de propaganda política que anuncian obras nunca terminadas, para los terrenos baldíos y las casas derruidas, para la miseria en todas sus formas visibles e invisibles. Se me acabó la tolerancia frente a las mediocridades y el argumento de que las cosas han sido siempre así y así seguirán siendo ya no me funciona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, amiga, que este viaje me dejó una certeza que va más allá de la distancia que produce un océano entero. Ya no me siento bien en la tierruca, aunque esté rodeada de la gente que más quiero. Y si vuelvo, cuando vuelva, porque habrá que volver, sé que voy a sentirme cada vez más ajena y que esa ajenidad tiene sólo una ventaja clara: voy a tener cada vez más ganas de volver a casa. Y ésta es ya, sin remedio, mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo sin distancia,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-1144530459619954792?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/1144530459619954792/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/04/distancia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1144530459619954792'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1144530459619954792'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/04/distancia.html' title='Distancia'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-S1NTHYZMP1k/TZ3McgX3BTI/AAAAAAAADBk/ZKaekeHZiPA/s72-c/A_Poste_Guanare.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-3517461271946457711</id><published>2011-03-12T13:54:00.000Z</published><updated>2011-03-12T13:55:48.771Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Día a día'/><title type='text'>Tsunami del alma</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer estaba sentada traduciendo el fragmento de un texto de Margaret Atwood que se llama —qué coincidencia— “Malas noticias” cuando me dio hambre y bajé a prepararme algo de comer y escuché en la radio la noticia del terremoto y el tsunami en Japón. No quise ver las imágenes en ese momento, pero las voces en la radio sonaban de verdad preocupantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la noche me senté frente a la tele y me quedé paralizada y horrorizada mirando aquella ola negra que arrasaba todo. Uno se queda en vilo ante una cosa como esa. No es posible ni siquiera imaginar el sufrimiento y la angustia de la gente que estaba ahí, en ese momento, tratando de escapar o rindiéndose ante un fenómeno de la naturaleza superior a cualquier esfuerzo humano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy las noticias están llenas de fechas y cifras, de cálculos acerca de la gravedad de la explosión de una planta nuclear. Todos hablan de los esfuerzos de rescate y de coordinar el trabajo pendiente que implicará volver a poner todo en marcha en ese país de la eficiencia llevada al extremo. Pero no hay ningún número que pueda dar cuenta de un sufrimiento que tiene dimensiones de catástrofe. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras se me salían las lágrimas viendo el drama que avanzaba con esa ola negra no pude evitar recordar el deslave de Vargas, que también tuve que ver en la pantalla de un televisor, en el apartamento helado en el que vivíamos en Londres. Y no hay diferencia entre la angustia que sientes por los tuyos y la que sientes por cualquier otro ser humano, donde quiera que esté, que sufra una catástrofe como esa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anoche nevó y hoy amaneció todo helado. Una capa blanquísima cubre todas las cosas, porque el invierno no se quiere ir. Y hay una paz y un silencio alrededor, como si no pasara nada en ninguna parte. Pero yo sigo con el radio prendido escuchando las noticias, ahora mismo mientras te escribo. Como si ese estar pendiente fuera una forma de solidaridad. Como si tratar de estar enterada de la última noticia enviara al universo una señal: estamos aquí, seguimos vivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo blanco y negro,&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-3517461271946457711?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/3517461271946457711/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/03/tsunami-del-alma.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/3517461271946457711'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/3517461271946457711'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/03/tsunami-del-alma.html' title='Tsunami del alma'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-5631173470529650701</id><published>2011-02-26T12:55:00.002Z</published><updated>2011-02-26T13:15:37.618Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Día a día'/><title type='text'>Pendiente</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-i6YDyvnzzI4/TWj87Mw7B2I/AAAAAAAADBY/UpVLDkE2XsQ/s1600/a_cielo_feb11.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-i6YDyvnzzI4/TWj87Mw7B2I/AAAAAAAADBY/UpVLDkE2XsQ/s400/a_cielo_feb11.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5577986232467261282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No ha terminado febrero y ya hemos tenido, en una sola semana, dos días primaverales. Hace sol y los termómetros suben a quince grados al menos por unas horas durante el día. Abro las ventanas de la casa para que entre el aire y el ruido de la calle. Escucho a los niños y a los perros, a los carros que pasan y a los pájaros que hacen nidos en los techos. Todo vuelve. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos días he estado enfrentándome a la idea de volver a la tierruca. Faltan apenas un poco más de dos semanas y me he estado distrayendo con compras de cosas que necesito: medias livianas, un sueter que tape pero que no abrigue, cremas para protegerme del sol, encargos de mi mamá, regalitos para las amigas. Pero en medio de ese trajín de preparación sé que escondo una especie de susto. Tengo y no tengo ganas de volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para prepararme he estado escuchando en mi iPod la radio de la tierruca. He escuchado noticias y entrevistas. En las mañanas oigo los reportes del impensable tráfico de Caracas y hasta he soportado por más de media hora a la vez a Marta Colomina. Y cuando apago el radio respiro hondo. Qué lejano se me hace ya ese mundo y, al mismo tiempo, lo entiendo tan bien que no puedo negar mi cercanía, mi pertenencia. Tal vez lo peor del exilio es esta ambivalencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No he vivido el tiempo suficiente afuera como para sentir que ya no pertenezco. Y he estado viajando demasiadas veces a la tierruca como para desentenderme del todo. Y la verdad es que no quiero desentenderme. Quiero seguir pendiente. Extraña palabra esa: pendiente. Es estar colgada y al mismo tiempo atenta. Así me siento con respecto a la tierruca: colgada como un sentenciado a la horca; atenta como quien escucha voces lejanas que cada vez le dicen menos, que ya intenta descifrar sin éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este día soleado y tibio, la tierruca se me hace más cercana. El azul del cielo, nítido y brillante, es exacto al nuestro. Y se me hace un nudo en la garganta cuando mido la distancia. Lo lejos que me estoy yendo aunque se acerque la hora de volver. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que va a llegar un día en el que ya no voy a entender nada y no voy a querer entender. Va a llegar un día en que las cosas que le preocupan a todos allá se van a volver para mí insignificantes. Sé que he tratado de retrasar ese día, como cuando mantenemos viva la memoria de alguien que amamos y que nos ha dejado, sólo para sentirnos menos culpables con su ausencia, con nuestra ausencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero también sé, por dolorosa experiencia, que llega un día en que esa memoria se desvanece y el sentimiento de pérdida se acaba. Todo vacío se llena, tarde o temprano. Y mi vacío de raíces, de pertenencia, se me está acabando, se me está llenando con otras cosas. Con deseos de lo que está por venir. Tal vez por eso este viaje se me hace tan duro. Porque siento que es mi viaje de despedida. Voy a la tierruca a decir adiós. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo colgado, pendiente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-5631173470529650701?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/5631173470529650701/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/02/pendiente.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/5631173470529650701'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/5631173470529650701'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/02/pendiente.html' title='Pendiente'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-i6YDyvnzzI4/TWj87Mw7B2I/AAAAAAAADBY/UpVLDkE2XsQ/s72-c/a_cielo_feb11.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-2124156901357209107</id><published>2011-02-19T14:30:00.001Z</published><updated>2011-02-19T14:32:20.865Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Citas'/><title type='text'>León el Africano</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana, mientras desayunaba, contemplando el cielo blanco que crecía afuera y considerando la inclemencia del termómetro que apenas llegaba a los cinco grados, tocó la puerta el cartero. Me trajo un paquete de libros que me envió desde Barcelona mi amiga María Teresa. Un soplo de brisita cálida, un rayito de sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los libros está uno de Amin Maalouf. Una novela que se llama &lt;span style="font-style:italic;"&gt;León el Africano&lt;/span&gt;. No puedo resistir el impulso de copiarte las primeras líneas. La novela de Maalouf empieza así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;A mí, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, a mí, Juan León de Médicis, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un papa, me llaman hoy el Africano, pero ni de África ni de Europa ni de Arabia soy. Me llaman también el Granadino, el Fesí, el Zayyati, pero no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis muñecas han sabido a veces de las caricias de la seda y a veces de las injurias de la lana, del oro de los príncipes y de las cadenas de los esclavos. Mis dedos han levantado mil velos, mis labios han sonrojado a mil vírgenes, mis ojos han visto agonizar ciudades y caer imperios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de Dios y de la tierra, y a ellos retornaré un día no lejano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tú permanecerás después de mí, hijo mío. Y guardarás mi recuerdo. Y leerás mis libros. Y entonces volverás a ver esta escena: tu padre, ataviado a la napolitana, en esta galera que lo devuelve a la costa africana, garrapateando como mercader que hace balance al final de un largo periplo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pero no es esto, en cierto modo, lo que estoy haciendo: qué he ganado, qué he perdido, qué he de decirle al supremo Acreedor? Me ha prestado cuarenta años que he ido dispersando a merced de los viajes: mi sabiduría ha vivido en Roma, mi pasión en El Cairo, mi angustia en Fez, y en Granada vive aún mi inocencia.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí el inicio de León el Africano, de Amin Maalouf.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy me voy a embarcar en ese viaje. Tal vez leyendo me sienta menos sola, mientras navego entre culturas e idiomas, con ese León sin patria y sin raíces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo africano!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-2124156901357209107?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/2124156901357209107/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/02/leon-el-africano.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2124156901357209107'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2124156901357209107'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/02/leon-el-africano.html' title='León el Africano'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-6917860439426162542</id><published>2011-02-10T13:47:00.002Z</published><updated>2011-02-10T13:51:00.850Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Libros'/><title type='text'>De perros y ranas</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer me avisaron que mi libro &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Narrar en Dictadura&lt;/span&gt;, el que ganó la Bienal Ramos Sucre de Ensayo en el 2009, acaba de ser editado por la editorial del Estado en Caracas. Nunca jamás debe haber habido sobre la faz de la tierra una editorial con un nombre más horroroso: “El Perro y la Rana”. Solamente por eso habría razones suficientes para quejarse si un libro de uno sale en una editorial como esa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tengo muchas otras razones para sentirme incómoda, frustrada y hasta furiosa con esta edición. Para empezar, nadie me preguntó nunca si quería que mi libro saliera bajo el sello de la revolución bolivariana. Pero, además, nadie tuvo la decencia de enviarme el montaje final para que hiciera correcciones y le diera el visto bueno. Así que no tengo idea de cómo luce, qué letra tiene, qué portada le pusieron. No sé si respetaron la dedicatoria que escribí en memoria de mi hermana Rebeca. Ni siquiera sé si salió con mi nombre completo. En fin, amiga, no es del todo una buena noticia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana me metí en la página de la editorial de nombre impronunciable y me horroricé de entrada ante el despliegue de propaganda típico de todas las empresas gubernamentales. Como no han actualizado la página desde diciembre, los libros nuevos no salen, así que al menos sigo sin estar en el catálogo. Pero me di un paseo por los libros que han editado hasta el año pasado y la verdad es que da lástima. Aparte de los libros de Monte Ávila, que se siguen editando bajo el nuevo sello, y de los libros para niños y los de poesía, todo lo demás es burda propaganda política. Y en esa compañía va a estar mi pobre obrita premiada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo un consuelo, sin embargo, y es que el libro habla de narradores en dictadura. De autores que, a su manera y en su campo, rompieron con la tradición precedente y ampliaron el horizonte de los cuentos que nos contamos a nosotros mismos para seguir adelante. Que es como decir que se rebelaron contra el autoritarismo y contra toda forma abierta o velada de antidemocracia. Entre esos libros que analizo está una novela de Úslar Pietri —que no es precisamente santo de mi devoción, todo hay que decirlo— donde cuenta las peripecias del tirano Aguirre. Yo hice un resumen de esa representación en unas líneas que fueron citadas recientemente, y algo fuera de contexto, en &lt;a href="http://alekboyd.blogspot.com/2011/02/encuentro-raquel-rivas-rojas.html"&gt;el blog de un colega&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un fragmento en el que se analiza la novela &lt;span style="font-style:italic;"&gt;El camino de El Dorado &lt;/span&gt;(1948), mi texto dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;El tirano y la multitud amenazante que lo rodea se configuran así como los dos lados de un mismo drama histórico. Drama en el que el letrado sólo puede ser amanuense o bufón de corte. (…) La fuerza de los hechos consumados está por encima de la capacidad de los agentes y, fundamentalmente, del letrado que intente alterarlos. Desde este relato del desvarío de la historia, el letrado parece surgir lavado de culpas. La tiranía, tanto de la multitud como de su más temible producto, el caudillo irredento, no puede ser contrarrestada con la letra. Al caudillo sólo puede vencerlo la naturaleza implacable —la fuerza de los hechos— o la traición de las masas, que es como un cataclismo natural, como una avalancha indetenible. De ahí que Aguirre esté condenado desde el principio a la derrota y que ésta sea producto de la base misma sobre la cual se sustenta su liderazgo, la condición insostenible de su empresa. A fin de cuentas, lo que Aguirre realiza es una ficción de revolución de la que nadie está enterado hasta muy avanzada la aventura, y son estas ficciones de revolución las que parecen ponerse aquí en escena, en una vuelta de tuerca que permite observar, por su reverso trágico, las incursiones atrabiliarias de los caudillos espontáneos. Siempre temerosos de sus pies de barro, atentos al murmullo de los traidores que amenazan su precaria estabilidad, luchando incansables contra sus propios delirios. Porque si en un primer momento esta ficción presenta al tirano como una fuerza natural indetenible, hacia el final del relato su caída resultará tan inevitable como lo fue, en un principio, su emergencia.&lt;br /&gt;Lo que me interesa tal vez destacar aquí con más énfasis es el hecho de que (…) en ningún caso la intervención del letrado puede desviar el curso de esta fuerza telúrica. Lo único que el letrado puede hacer es recuperar esta historia como lección en negativo. El archivo, aquí, es el lugar de los fracasos, de los extravíos de la norma, de las propuestas fallidas, de los recorridos circulares y alucinados. Y son estos extravíos los que permiten construir una lección en negativo. La función del letrado sería reconstruir ese pasado para mostrar, desde la luz de la razón, desde la distancia del evaluador desapasionado, los excesos de un poder que el letrado no puede alterar. Pero al que puede intervenir como amanuense, en un tiempo otro, en el que la función didáctica le permite construir una posición de autonomía y distanciamiento, que al mismo tiempo implica una clara legitimación de la voz que enuncia. Denunciar los extravíos del poder en la historia se vuelve equivalente a la denuncia de los excesos del poder en el presente.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez algo de esto valga también para mi pobre libro. Tal vez, dentro de muchos años, cuando algún estudiante de literatura desempolve mi texto para ver qué estábamos diciendo en los inicios de este triste siglo nuestro, encuentre en esta cita una clave. Una clave de lectura de un período en el que un poder arbitrario lo acaparaba todo y los que escribíamos teníamos pocas opciones. Pero también un período en el que, por querer abarcarlo todo, las instituciones del régimen publicaban incluso textos —como el mío, como tantos otros— animados por un impulso libertario y democrático. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que mi libro sea, pues, una espinita en el zapato. Un hueso duro de roer para el perro. Y una estaca en la que la tal rana se ensarte, como dice la canción, que habla más bien de un sapo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo sin sapos ni perros ni ranas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-6917860439426162542?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/6917860439426162542/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/02/de-perros-y-ranas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6917860439426162542'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/6917860439426162542'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/02/de-perros-y-ranas.html' title='De perros y ranas'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-599093431250032329</id><published>2011-02-08T13:44:00.004Z</published><updated>2011-02-08T13:49:46.271Z</updated><title type='text'>Batallas perdidas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TVFI7ZwdhKI/AAAAAAAADAo/X3JEqaR6jQ0/s1600/a_arboles_rotos.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TVFI7ZwdhKI/AAAAAAAADAo/X3JEqaR6jQ0/s400/a_arboles_rotos.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5571314399397643426" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí va la cita que te quedé debiendo ayer. Es del Capítulo V de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;La piel del tambor&lt;/span&gt;, de Arturo Pérez-Reverte (Barcelona, Random House, 1995). Quien habla es una monja, Gris Marsala, que trabaja restaurando una iglesia que parece a punto de ser demolida. Una iglesia en la que han ocurrido un par de muertes sospechosas. Su interlocutor es el protagonista, el padre Quart, que investiga las muertes por órdenes de Roma. La escena sucede en Sevilla:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;—Cada uno tiene su propio tipo de fe —dijo por fin—. Algo muy necesario en este siglo que agoniza con tan malos modos, ¿no le parece?... Todas las revoluciones fueron hechas y se perdieron. Las barricadas están desiertas, y los héroes solidarios se han convertido en solitarios que se agarran a lo que pueden para sobrevivir —los ojos claros lo observaron, inquisitivos—. ¿No se sintió nunca como uno de esos peones de ajedrez pasados, que se olvidan en un rincón del tablero y oyen apagarse a su espalda el rumor de la batalla mientras intentan mantenerse erguidos, preguntándose si queda en pie un rey al que seguir sirviendo?&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí la monja Gris de Pérez-Reverte. Tal vez, a simple vista, no tenga mucho que ver con mi estado de ánimo de estos días. Pero sí tiene. Se trata de la falta de fe, de la ausencia de batallas que ganar o perder. Y se trata de la soledad y el olvido. De eso se trata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La foto es de los árboles rotos que encontré ayer caminando por el parque. Están podando los árboles que no sobrevivieron el invierno y a lo largo del camino hay montones de ramas apiladas. Cadáveres de guerreros que perdieron la batalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo solitario,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-599093431250032329?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/599093431250032329/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/02/batallas-perdidas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/599093431250032329'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/599093431250032329'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/02/batallas-perdidas.html' title='Batallas perdidas'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TVFI7ZwdhKI/AAAAAAAADAo/X3JEqaR6jQ0/s72-c/a_arboles_rotos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-2095907480397104726</id><published>2011-02-07T18:48:00.004Z</published><updated>2012-01-26T11:26:39.944Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ciudades'/><title type='text'>De Londres y sus alrededores</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TVA_GxrYsgI/AAAAAAAADAc/rlAO820nbuM/s1600/a_grafiti_londres11.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TVA_GxrYsgI/AAAAAAAADAc/rlAO820nbuM/s400/a_grafiti_londres11.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5571022124704379394" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que llegué de Londres he estado con intención de escribirte para contarte mis experiencias en la capital, pero la verdad es que me ha costado sentarme, porque no sé muy bien cuál es el balance de esta visita. Desde el punto de vista personal, de contacto con la gente y con la ciudad, fue un viaje productivo y enriquecedor. Pero desde el punto de vista académico quedé en una especie de limbo del que no logro salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con excepción de la noche del martes, me quedé desde el domingo hasta el jueves en casa de mi amiga Elisa Sampson Vera Tudela. Compartí con ella y su familia las actividades diarias que implican alimentar, bañar, vestir, organizar y entretener a cuatro niños. Todos ellos inteligentísimos, hiperactivos y curiosos. Disfruté los viajes de ida y vuelta de Cambridge a Londres, a pesar del estrés de las horas pico y de los cambios de tren, metro y autobús. Y fue un gusto enorme asistir a las clases regulares de Elisa, en las que los estudiantes hablaban sobre literatura latinoamericana con una pasión tal vez digna de mejores causas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que me quedé en Londres aproveché para conocer la nueva estación internacional de St. Pancras. Caminé por mi viejo vecindario, como hago siempre que voy para allá. (De ahí es la foto que aparece arriba: un grafiti que se podría traducir como "Cuidado: Dios"). Almorcé en uno de mis restaurantes favoritos, Hare &amp; Tortoise,  llenísimo de gente, con decoración renovada, pero siempre con unos platos inmensos de noodles que me recuerdan los domingos relajados de hace diez años. Fui a la Tate Modern a ver la exposición de Gabriel Orozco, un mexicano que hace extrañas cosas con objetos encontrados. Y me metí en el cine en Leicester Square a ver una película, porque no encontré entradas a buen precio para ver ese día Los Miserables, que estoy con ganas de ver desde hace siglos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero más allá de los paseos y las actividades extras, en realidad fui a Londres a dar una charla sobre un trabajo que estoy armando alrededor de la novela histórica venezolana del siglo XXI. Hablé de las mismas novelas que trabajé con ustedes en Mérida en junio del año pasado: Falke, de Federico Vegas; El pasajero de Truman, de Francisco Suniaga; y Rocanegras, de Fedosy Santaella. Tuve un público atento y entusiasta, pero me quedé con la sensación que siempre me atropella cuando hablo de literatura venezolana fuera de Venezuela: una profunda impresión de malentendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cómo explicar esto, o más bien la explicación es tan larga y tan complicada que no sé por dónde empezar a darle vueltas. Tal vez lo primero sea que sigo inconforme y en abierta rebelión contra la costumbre que hay en este país de estudiar los idiomas extranjeros ¡¡EN INGLÉS!! No me conformo, no me acostumbro y me niego a dar mi brazo a torcer. Así que, de entrada, tengo que pedir permiso para hablar de la literatura venezolana en español y eso me predispone con la audiencia. La mayoría de la gente no ha escuchado hablar jamás a una venezolana y no importa con cuánta determinación me proponga hablar lento, es imposible, no puedo hablar despacio y la gente se pierde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero más allá de la barrera del idioma, está esa sensación de que, no importa lo que digas, siempre explicas de más o explicas de menos. Nunca sabes realmente qué es lo que la gente conoce o debería saber o espera que le digas. Esa sensación no me asalta cuando hablo de mi trabajo en la tierruca, por razones obvias, supongo. Pero aquí tengo que explicar tantas cosas antes de empezar a decir lo que creo que es medianamente importante, que cuando me doy cuenta se ha terminado el tiempo que tenía para hablar, la gente cabecea y bosteza, y ya no puedo decir nada más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces vienen las preguntas y la sensación de extrañeza y malentendido se multiplica. Esta vez hubo preguntas interesantes, es la verdad. Pero igual, son preguntas que indican la distancia enorme entre este público y el tipo de público al que estoy acostumbrada. Que es más beligerante, está mejor informado, y no necesita que le expliques quién fue Juan Vicente Gómez. Y por eso he vuelto con una mezcla de inconformidad y vacío de esta experiencia. He vuelto a convencerme de que este no es mi lugar. Que no es aquí donde puedo trabajar, enseñando o haciendo investigación. Que tengo, de una vez por todas, que dedicarme a otra cosa.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero uno no puede evitar funcionar con una especie de inercia y es tan difícil desaprender. Así que ya estoy planeando la ponencia que voy a presentar en Caracas el mes que viene y armando un capítulo sobre literatura venezolana en el exilio que tengo que escribir antes de junio. También ofrecí dar un curso en el King´s en algún momento del otoño. En fin, amiga, soy una especie de sacerdote sin fe. Un oficiante de una religión extinta. Un soldado que no cree en la guerra. Creo que Pérez Reverte lo dice mejor en una de sus crónicas, pero no tengo ganas de levantarme a buscar citas, así que por pura falta de entusiasmo dejo esta historia hasta aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo más bien a secas,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-2095907480397104726?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/2095907480397104726/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/02/de-londres-y-sus-alrededores.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2095907480397104726'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2095907480397104726'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/02/de-londres-y-sus-alrededores.html' title='De Londres y sus alrededores'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TVA_GxrYsgI/AAAAAAAADAc/rlAO820nbuM/s72-c/a_grafiti_londres11.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-7603428382026542000</id><published>2011-01-25T12:18:00.005Z</published><updated>2012-02-06T14:15:50.236Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas'/><title type='text'>El cuerpo en la nieve</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TT7BduzCdqI/AAAAAAAAC_8/rDhT2ogd1g8/s1600/a_nieve.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TT7BduzCdqI/AAAAAAAAC_8/rDhT2ogd1g8/s400/a_nieve.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566098905998980770" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía días con ganas de contarte esta historia, pero como el caso no se resolvía estaba esperando a que tuviera una especie de cierre, al menos parcial. No sé por qué he estado con ganas de contarte esto. Tal vez porque se trata de un cuerpo en la nieve, como en mi cuento de diciembre y muestra una de esas coincidencias siniestras entre la realidad y la ficción. Tal vez porque me parece que la historia es una especie de metáfora de las diferencias —y también de las inquietantes similitudes— entre el primer mundo y nuestro mundito de cuarta categoría, donde impera la violencia y la desigualdad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viernes 17 de diciembre de 2010, una joven desapareció de su casa en el centro de Bristol, al suroeste de Gran Bretaña. Se llamaba Joanna Yeates y tenía 25 años. Su novio, que vivía con ella en un apartamento de la calle Canynge, en el centro de Bristol, reportó su desaparición al regresar de un fin de semana afuera. Comenzó la búsqueda y por semanas, durante las navidades y el fin de año, los noticieros y los periódicos no hacían más que dar reportes sobre la desaparición de la joven, que era paisajista y trabajaba en una firma de arquitectos. La mañana del 25 de diciembre una pareja que paseaba al perro, encontró su cuerpo al borde del camino, cubierto de nieve. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo unas horas de angustia hasta que la policía confirmó que el cuerpo era de la joven desaparecida y que había muerto estrangulada. Para ese momento ya cualquier ser humano de este reino que hubiera leído la prensa, escuchado la radio o visto la tele al menos por un rato, se había enterado del caso. La cara sonriente de Joanna había aparecido en todos los periódicos día tras día. Sus ojos azules, su pelo clarísimo, su piel casi transparente, todo indicaba que era la personificación de la inocencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los voceros del equipo de policías que se encargaron del caso aparecieron en todos los noticieros pidiendo información. También aparecieron los padres de la joven pidiendo ayuda a quien supiera algo. Se hizo una reconstrucción de las últimas horas de Joanna, a partir de las pistas que dieron las cámaras que filman en las calles y los lugares públicos, las 24 horas del día, cada movimiento de cada ser que pasa por cualquier calle de este país. No había otra noticia más importante. Parecía que en esas semanas nadie más había muerto en el reino, no había ningún otro caso que resolver. Sólo el caso de Joanna Yeates.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es posible que debido a esa visibilidad la policía haya sido más eficiente de lo que acostumbra. Tal vez en realidad son eficientes en todos los casos, pero los medios han hecho de éste un asunto central. Como sea, no cabe duda que resolver este crimen en apenas un poco más de un mes es un mérito indiscutible. Algo que nuestras corruptas y limitadas policías no podrían lograr ni que se lo propusieran. Y no se puede menos que reconocer que esa forma de eficiencia produce una especie de tranquilidad. Al menos para los sectores a los que la solución de ese crimen en particular les envía una señal directa: cero tolerancia cuando la víctima es uno-de-los-nuestros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta semana arrestaron y pasaron a juicio, finalmente, al presunto asesino de Joanna Yeates. Se trata de un ingeniero holandés de 32 años, llamado Vincent Tabak, que vivía en el apartamento de al lado de Joanna y ha estado trabajando en este país durante los últimos tres años. Un vecino, pues, parece ser el responsable de la muerte de esta joven; lo que explicaría por qué no había ninguna puerta forzada en el apartamento, ningún signo de resistencia o de lucha, nada que explicara la súbita desaparición. Los motivos no se conocen todavía. La policía asegura que Joanna no fue asaltada sexualmente, lo que al menos por ahora anula el tema más escabroso. Pero queda en pie el drama espantoso que este caso revela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es ahí donde resulta intrigante la relevancia que los medios le han dado a la historia de Joanna Yeates. No conozco las estadísticas del crimen en el Reino Unido, pero es seguro que entre el 17 de diciembre de 2010 y el día de hoy, ésta no es la única mujer que ha desaparecido o que ha sido encontrada muerta. No debe ser, con seguridad, el único crimen inexplicable del último mes. Pero es un crimen que contiene un pesado mensaje que puede ser contado en los medios con la estructura de un cuento con moraleja —morality tale, como se dice en inglés. Una moraleja que disemina una vez más la historia de la indefensa caperucita que cruza el bosque acechada por el lobo. La aceptación resignada de esa forma horrible de desigualdad que es la vulnerabilidad de un género entero. Toda mujer sola es una víctima potencial y la solución no es otra que encerrarla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que se conociera la identidad del presunto asesino, la policía de Bristol había estado recomendando a las mujeres de esa —y por extensión de cualquier otra— ciudad que no caminaran solas de noche por la calle. Los medios han debatido sobre esa recomendación, más bien tímidamente, porque aquí hay que cumplir con el precepto de poner en cuestión toda afirmación que huela ligeramente a sexismo. Y, sin embargo, las mujeres solas que caminan de noche por la calle, las destinatarias de este mensaje, han recibido una vez más su advertencia. Que no se quejen si, por desoír los sanos consejos de los medios y la policía, terminan estranguladas a la orilla de un camino, con medio metro de nieve encima. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ahora que se sabe que el crimen fue cometido por un vecino, un inofensivo conocido, la moraleja de la historia es ligeramente diferente. Y justamente por eso, me imagino, los medios han dejado de interesarse en el caso. Ayer, la noticia de la primera aparición ante un tribunal del presunto asesino de Joanna Yeates se cruzó con otra noticia que puede funcionar como su exacto complemento: ¡solamente en Escocia, durante el último mes, se denunciaron ante las autoridades más de 150 hechos de violencia doméstica al día! Un porcentaje altísimo de esos actos violentos fueron perpetrados por hombres contra mujeres. Así que no es sólo en la calle y a oscuras donde las mujeres pueden ser víctimas. En la propia casa, a plena luz del día, la vida de toda mujer corre peligro en este lado del mundo, como en todas partes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya ves, amiga, los males humanos no se terminan en las fronteras de nuestros paisitos violentos y anárquicos. Aquí estamos también esperando a los lobos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo abismado,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-7603428382026542000?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/7603428382026542000/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/01/el-cuerpo-en-la-nieve.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7603428382026542000'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7603428382026542000'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/01/el-cuerpo-en-la-nieve.html' title='El cuerpo en la nieve'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TT7BduzCdqI/AAAAAAAAC_8/rDhT2ogd1g8/s72-c/a_nieve.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-2883854382431033371</id><published>2011-01-18T16:33:00.004Z</published><updated>2011-01-18T16:45:55.552Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vida cotidiana'/><title type='text'>Conversa sin ton ni son</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TTXBFzzXEhI/AAAAAAAAC_w/sFW7uNsn_T4/s1600/a_luna.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TTXBFzzXEhI/AAAAAAAAC_w/sFW7uNsn_T4/s400/a_luna.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5563565220235252242" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy estoy con ganas de escribirte una de esas viejas cartas en las que te ponía al día de todas mis cosas al mismo tiempo, sin mucho orden y sin pensar demasiado qué tiene que ver con qué. Una de esas cartas largas y desordenadas que se parecen tanto a una conversación con café y cigarros en la alta noche, como tú dices. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero, el clima, porque no se puede comenzar en este lado del mundo una conversación sin mencionar el clima. Como puedes ver en la foto de arriba (con una hermosa luna diurna) tenemos cielos despejados en estos días. Los vientos del norte se han apiadado de nosotros y nos han dejado en paz por unos días. La nieve y el hielo se derritieron ya casi por completo y tenemos tres o cuatro horas de sol cada día. Sólo quedan montoncitos mustios de hielo en alguna esquina, esperando que la lluvia los termine de disolver. Por eso me reconcilié con el parque y ayer hice mi primera larga caminata del año, a paso redoblado, sin nieve, escuchando la pista sonora de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Glee&lt;/span&gt; y disfrutando el aire todavía helado. Como es debido, pues.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a estos días en que sale el sol al menos unas horas, aunque llueva después y antes, he estado con buen ánimo, haciendo planes. Ya está todo listo para mi viaje a la tierruca. No voy a Mérida esta vez. Tendremos que vernos en Caracas. Ojalá puedas acercarte. Siempre es bueno tener una excusa para viajar, ¿no? También estoy planeando viaje para visitar a mis hermanas en verano, así que este fin de semana ha estado todo lleno de fechas y consultas trianguladas entre mis hermanas, mis sobrinos y mi mamá. Espero que todo salga como lo estamos planeando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Planear un viaje es divertido, imaginarlo, construir itinerarios para deshacerlos después, manejar todas las opciones, incluso aburrirte de antemano en las diez horas de vuelo es divertido. Pero viajar en sí, no tanto. Sobre todo si el viaje implica cruzar el Atlántico. Ya sé que no me toca quejarme. Al menos no en este momento en que estoy en la etapa más divertida. Cuando vuelva, cansada y furiosa con los males de la tierruca o con el incordio de las aduanas gringas, ya me quejaré. Con razón o sin ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparte de planear viajes, pensando desde ya que el año que viene no quiero viajar, estoy también ejercitando mi músculo académico. Además de la ponencia que voy a presentar en Caracas, que ya está medio armada, estoy haciendo apuntes para una charla que voy a dar en el King’s College. Creo que ya te conté sobre eso. Estoy dándole los toques finales a esa charla que espero que se convierta pronto en un artículo. Así que mi escritorio está otra vez lleno de libros y papeles —lo había limpiado para comenzar el año, pero no duró mucho vacío— y yo estoy contenta porque no he olvidado el oficio. Como dicen, es como montar bicicleta, una vez que lo aprendes no se te olvida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mundo académico puede parecerle aburrido a la gente que no lo conoce por dentro. Y tal vez lo es. Somos bichos insufribles, que creemos saberlo todo —al menos en nuestras respectivas parcelitas de saber— y que para colmo pretendemos que los demás se interesen en lo que hacemos. Pero la verdad es que yo me divierto horrores preparando una charla, un curso, un artículo. O tal vez es ahora que me estoy dando cuenta de eso, porque casi lo estoy haciendo por amor al arte. Es como cuando uno cocina por gusto y no por obligación o por rutina. La rutina le quita la gracia al asunto, pero cuando presentas tu trabajo de investigación y le dices a un grupo de gente “esto es lo que estoy pensando y estas son las herramientas con las que lo pienso y así es como llegué a esta conclusión” es un lujo enorme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuera de nuestro mundo, poca gente sabe que dar-clases es lo menos importante que hace un académico. Lo que nos gusta a los que nos gusta este trabajo no es dar clases, lo que nos gusta es que nos paguen por pensar, por inventar teorías, por reimaginar el mundo. Y claro, nos gusta mostrar lo que estamos pensando. Y nos gusta pensar con los demás. Así que ya ves, amiga, me estoy reconciliando en estos días con el lado divertido de mi oficio. Aunque no sé hasta cuándo voy a seguir considerando el mundo académico como “mi oficio”. Si sigo desempleada, ¿será que puedo seguir considerándome una “profesora”? La nuestra es una de esas profesiones que se define por su ejercicio, como ser músico o ser escritor. Si no tocas un instrumento regularmente, en público, aunque tengas un saber, ¿sigues siendo músico? Es posible que no. Pero desaprender no es fácil, así que aquí sigo ejerciendo de profesora virtual, imaginándome que mi carrera académica está viva todavía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hablando de pensar con los demás, te quería contar que terminé de leer hace unos días &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Blanco nocturno&lt;/span&gt;, de Piglia. Qué envidia, amiga. Es como descubrir a Onetti otra vez. Y sabes lo mucho que me gusta Onetti. Siempre que me preguntan cuál es mi escritor favorito —en medio de una de esas conversaciones medio inútiles con gente que uno apenas conoce, gente que sabe que enseñas literatura y quiere ser amable contigo— digo que Onetti, y nombro a continuación algunas de sus novelas o cuentos y hago un comentario sobre lo fácil que resultaría traducirlo, porque es universal y eterno, etcétera. Es una respuesta que fabriqué hace tiempo, sólo para evitar tomar una decisión de última hora cuando me preguntan una cosa tan abominable como esa y que para mí es simplemente imposible de responder. Bueno, pues ahora me voy a cambiar a Piglia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No que yo no haya admirado y leído a Piglia con la boca abierta antes. Es que ahora lo voy a convertir en mi respuesta por defecto a toda pregunta impertinente sobre que autor me gusta más. Y mi libro favorito hasta nuevo aviso: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Blanco nocturno&lt;/span&gt;. Es tanta mi pasión que me leí las primeras páginas en PDF y, por no esperar, compré el libro electrónico. Lo empecé a leer varias veces pero no quería terminarlo. Así que hice lo que hago con los libros que quiero leer con calmita sin que se me acaben: lo fui leyendo dos veces, es decir, cada cincuenta páginas o así volvía para atrás y releía. La verdad es que un par de veces me salté la relectura obligada, porque quería saber qué pasaba después. Aun así, me duró más de un mes y tiene escasas doscientas páginas. Pero todo se acaba, ¿no? Es una lástima que Piglia no escriba larguísimas novelas de 700 páginas como las que escriben los gringos o los británicos. ¡Sería un lujo enorme! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asunto es que ahora necesito el libro en papel. Porque aunque leer en el lector electrónico es comodísimo y liviano, y tiene miles de ventajas de las que ya hemos conversado, cuando un libro te parece imprescindible y lo vas a andar ponderando por ahí como El-libro-que-más-te-gusta, no te queda otra que tenerlo en papel. Así que me ya me tocará comprarlo otra vez. ¿No será esa la trampa del libro electrónico? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablando de aparatos varios, te cuento que nuestra última adquisición es un iPod &lt;span style="font-style:italic;"&gt;touch&lt;/span&gt;. Bueno, más bien un par de ellos. Nos llegaron de regalo de navidad de parte de los papás de Lyo y hay que decir que un perolito de esos le cambia los hábitos hasta al ser más resistente a las novedades tecnológicas. No es ninguna novedad lo del iPod en sí, pero éste no es un iPod común y corriente, sino una mini computadora con la que —si tienes WiFi— puedes hacer casi cualquiera de las cosas que harías con una laptop. Escribir es lo más incómodo, pero todo lo demás está, literalmente, al alcance de los dedos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto ya bajé los apps de lectura y tengo unos cuantos libros ya en mis bibliotecas virtuales (sí, el plural es necesario aquí). Me ha costado acostumbrarme a leer en una pantallita tan chiquita y sólo lo hago cuando viajo en autobús o estoy esperando alguna cosa. Por ejemplo, me leí un cuento de Margaret Atwood —¡en algún momento debo empezar a responder que ésa es mi escritora favorita!— mientras esperaba que me atendiera el dentista la semana pasada. Lo consideré todo un logro, porque no me distrajo el tamaño del perol y me gustó tanto el cuento que ahora lo quiero en papel. Es decir, ¡vuelta a empezar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no todo son libros y viajes, amiga. Si así fuera, la vida sería más bien de película. Y no lo es. También están las cosas de todos los días. Por ejemplo, desde hace una semana me he estado obligando a hacer dieta. Ya sé que ése es el propósito de todo el mundo los primeros días de cada año. Y que sin falta un par de meses después la mayoría termina abandonando los buenos propósitos y manda la dieta a donde no le pegue el sol. No sé si esta vez la voluntad me va a durar, pero lo estoy intentando. Durante mucho tiempo mantuve la voluntad de hacer dieta, porque tengo una especie de disposición genética a engordar, pero la perdí en algún lugar del camino. Creo que cuando murió Rebeca. Porque cada vez que tengo unas ganas enormes de comerme algo que me gusta, y que no puedo comer si estoy a dieta, me acuerdo del gusto con que mi hermana comía y del sacrificio inmenso que era para ella mantener a raya los kilos. Y me enfurece que no haya disfrutado todas las tortas, todas las empanadas, todos los tequeños de los que se antojó en la vida …y la voluntad se me pone chiquitica. Pero ya es hora. No puedo seguir acumulando kilos de más. Así que estoy otra vez a pan y agua, amiga, hasta nuevo aviso. O más bien, hasta que viaje a la tierruca. Aunque retome el castigo al regreso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, ya son la una y media de la mañana en este lado del mundo. Creo que es hora de que trate de dormir. (Estoy solita, porque Lyo viene esta noche en camino desde Londres —en un tren nocturno, de esos que tienen camas para dormir mientras el tren avanza en el medio de la noche— y por eso estoy con la compu en la cama escribiendo. Gussi está mirándome fijo para que lo acompañe a comer… es una de sus manías de media noche). Te subiré esta entrada mañana porque hoy no doy más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo enorme y desde ya estoy anticipando las conversas que tendremos en marzo,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-2883854382431033371?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/2883854382431033371/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/01/conversa-sin-ton-ni-son.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2883854382431033371'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2883854382431033371'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/01/conversa-sin-ton-ni-son.html' title='Conversa sin ton ni son'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TTXBFzzXEhI/AAAAAAAAC_w/sFW7uNsn_T4/s72-c/a_luna.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-2700548775682129693</id><published>2011-01-12T13:07:00.000Z</published><updated>2011-01-12T13:09:06.415Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cumpleaños'/><title type='text'>49</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí me tienes, un año más vieja, un año más sabia. Un año menos triste. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este día de mi cumpleaños 49 el sol no ha salido todavía y ya es la una de la tarde. Lyo me va a hornear mi torta de zanahorias en un rato, mi mamá llamó temprano para felicitarme desde Mérida, mi gato duerme en su silla favorita sin enterarse de nada, tres amigas ya me han felicitado por Facebook.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No vamos a salir. Está frío afuera. No tengo ningunas ganas de escribir. Voy a pasar el día leyendo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando cuarenta y nueve abrazos,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-2700548775682129693?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/2700548775682129693/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/01/49.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2700548775682129693'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2700548775682129693'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/01/49.html' title='49'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-5601728788532461100</id><published>2011-01-03T18:46:00.002Z</published><updated>2011-01-03T19:24:37.356Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Día a día'/><title type='text'>Aquí vamos 2011</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TSIaEwaQ5iI/AAAAAAAAC_A/TjlhTtwuaGA/s1600/a_puente_11.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TSIaEwaQ5iI/AAAAAAAAC_A/TjlhTtwuaGA/s400/a_puente_11.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5558033559145473570" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía días juntando ganas para sentarme a escribirte en este blog nuestro y nada que lo conseguía. Hoy, para agarrar impulso, me puse a leer las entradas del 2010 y me entusiasmé con sólo ver la cantidad inmensa de temas que se me fueron apareciendo a lo largo de los meses. Me parece increíble que haya escrito en este blog sobre tantas cosas diversas, cuando en mi memoria sólo tengo el recuerdo de una especie de sostenida queja monotemática.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no todo ha sido queja. He hablado de política y de literatura, de curiosidades locales y de vivencias varias, de aviones y de volcanes, de trenes y de comida. He recordado mis casas y me he quejado, claro, sobre todo del clima. Pero, en comparación con las entradas del año pasado, creo que se nota que me adapto, que me acostumbro, que me siento más en casa. En una palabra, que estoy cumpliendo con el ciclo normal de todo expatriado y que pronto —quiera o no— voy a estar del otro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé qué hay en ese otro lado. No sé si me voy a sentir mejor. Pero estoy segura de que el desarraigo se va a volver otra cosa. Si no va a ser una sensación de pertenecer del todo, al menos podrá sentirse como una especie de acomodo parcial o de tregua indefinida. Como sea, tengo la sensación de que del otro lado habrá una especie de paz. Y en ese punto me he preguntado varias veces si valdrá la pena que siga escribiendo este blog cuando la razón misma de escribirlo —la novedad del desarraigo— se vuelva otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la verdad es que no tenía una respuesta. Hasta ayer que hablé con Serenella. Cuando me preguntó qué estaba haciendo y le dije que, aparte de escribir, no estaba haciendo nada más, ni tenía muchos planes para el año que comienza además de seguir escribiendo, ella pareció extrañarse. Al cabo de un rato me preguntó otra vez qué más estaba haciendo y yo no tuve nada más que contarle. Pero no me sentí mal. Al contrario, sentí que estaba justo en el lugar en el que quería estar y andando a la velocidad en la que me siento más cómoda: lentamente. No tengo apuros ni ganas de acumular angustias. Y entiendo que a la gente le sorprenda mi falta de noticias, porque para todos los efectos podría decirse que no-estoy-haciendo-nada. Y, aún así, está este blog y esas cientos de entradas (ya van 225) que hablan de lo que me pasa o veo pasar día a día, que no es poco.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;He hecho muchos planes en los últimos tres años que no se han cumplido, así que tomé la decisión a fines del año viejo de no hacer ninguna promesa de año nuevo. Sin embargo, me gustaría hacerte o hacernos una promesa al menos. La promesa de seguir escribiendo en este blog nuestro, tenga o no tenga ganas. Porque paseando la vista por las entradas de todo el año viejo me he dado cuenta de que tal vez esto es lo único que va a quedar de este tiempo en el que he estado más bien en el limbo. Este blog, y su hermano menor, el de &lt;a href="hthttp://cuentosdelacalderaeste.blogspot.com/"&gt;Cuentos de la Caldera Este&lt;/a&gt;, son ahora mi manera de estar en el mundo y de dejar huella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me preocupa demasiado que sea poca cosa. Es lo que hay, como dicen los españoles. Y eso basta o debería bastar hasta nuevo aviso. Así que aquí vamos 2011... y te pasaremos todo por escrito!  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo sin pretensiones,&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-5601728788532461100?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/5601728788532461100/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/01/aqui-vamos-2011.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/5601728788532461100'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/5601728788532461100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2011/01/aqui-vamos-2011.html' title='Aquí vamos 2011'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TSIaEwaQ5iI/AAAAAAAAC_A/TjlhTtwuaGA/s72-c/a_puente_11.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-5419818460519290990</id><published>2010-12-21T22:00:00.003Z</published><updated>2010-12-21T22:02:52.318Z</updated><title type='text'>¡Feliz Solsticio de Invierno!</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TREj-19MZXI/AAAAAAAAC7Q/9q6bcFK7Vlc/s1600/A_rio2010.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TREj-19MZXI/AAAAAAAAC7Q/9q6bcFK7Vlc/s400/A_rio2010.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5553259378067137906" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con esta foto tomada hoy en el parque, te envío mis mejores deseos en el día más corto del año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Feliz Solsticio de Invierno!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-5419818460519290990?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/5419818460519290990/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/12/feliz-solsticio-de-invierno.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/5419818460519290990'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/5419818460519290990'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/12/feliz-solsticio-de-invierno.html' title='¡Feliz Solsticio de Invierno!'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TREj-19MZXI/AAAAAAAAC7Q/9q6bcFK7Vlc/s72-c/A_rio2010.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-4306153244876238689</id><published>2010-12-15T16:39:00.004Z</published><updated>2011-07-29T10:44:52.057+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Recordar las casas'/><title type='text'>Recordar las casas 5</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba esperando que consiguieras dónde vivir y que la memoria de estar damnificada se te borrara un poco, para seguir con mi cuento de las casas. No me voy a extender mucho más, de todos modos. Quiero cerrar la memoria de las primeras casas en las que viví con estas tres casas en las que todavía formaba parte de una familia —la casa de la California Norte, el apartamento de Terrazas del Club Hípico y la segunda casa de Barquisimeto. Las demás, las casas en las que estuve sola o acompañada, buscando algo que no sé si encontré, las dejo para más adelante. Cuando encuentre el modo de contarte un tiempo que tú ya conoces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que sería a mediados de 1975 cuando nos mudamos a Caracas. Durante unos dos años vivimos en una casa en la California Norte que era de José Agustín Catalá. Eran los tiempos de las vacas gordas del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez y a mi papá le dieron un cargo alto en el Ministerio de Agricultura y Cría. Creo que esa fue la época en la que se encargó de los módulos de Apure. Viajaba mucho y tal vez por eso la vigilancia sobre nosotras se aflojó un poco y al mismo tiempo se volvió obsesiva cuando comenzamos a ser más díscolas de lo que se esperaba de nosotras. Habíamos entrado de lleno en la adolescencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque había algunos pecados veniales, como fumar o beber, en realidad había un sólo pecado capital: tener novio. Fumar y beber era algo que hacíamos por contrariar a los mayores o por parecernos a ellos, y era sin duda considerado una afrenta, pero tener novio en la adolescencia era mucho más que un pecado o una afrenta: era una terrible desgracia. Por ese pecado capital nos persiguieron y acosaron durante años. Tal vez por eso para mí esos años están marcados por una sensación de encierro en la casa y libertad en la calle. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue el tiempo en el que descubrí que me estaba convirtiendo en una gente grande y ya no quería que nadie me diera órdenes. El típico momento en el que juras que no vas a parecerte nunca a tus padres y que vas a ser ante todo una persona íntegra y que vas a actuar toda la vida de acuerdo a dos o tres principios simples. Era ese tiempo en el que los matices de grises resultan inconcebibles. El tiempo del todo-o-nada, de cuando-sea-grande-van-a-ver. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa estaba en la avenida Berlín. Tenía un jardincito enfrente y la cerca baja de lajas de piedra, característica de las casas construidas en esa zona entre los años cincuenta y sesenta. Era de dos pisos y bastante grande. Después de la casa del cerro, creo que es la casa más grande en la que vivió la familia completa. En la planta baja, al entrar, había una especie de recibidor desde el que se veía la sala y el comedor. En ese lugar de entrada montábamos el arbolito y el nacimiento en diciembre, pero el resto del tiempo era un espacio más bien inútil. A la derecha había una pared curva forrada en madera contraenchapada que daba a la puerta del escritorio de mi papá. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ése debe haber sido el escritorio más grande y mejor iluminado que tuvimos. Aunque era formalmente la oficina de mi papá, recuerdo haberlo usado muchas veces para hacer tareas y para leer. En la casa de mis padres no hubo nunca muchos libros, pero había una colección de los típicos tomos empastados que todo adeco que se respetara debía tener al alcance de la mano: ¡las obras completas de Andrés Eloy Blanco y de Rómulo Gallegos! Desde esa magra herencia cultural había comenzado yo a interesarme en la lectura y ya empezaba a acumular mis propios libros. Pero mis lecturas favoritas habían sido, años atrás, los suplementos de comiquitas. Había leído Sussy, secretos del corazón, con tanto entusiasmo como había leído los suplementos de todos los superhéroes habidos y por haber, además de Archie y las increíbles historias del monje loco, que tenía unos dibujos en sepia que paraban los pelos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo más interesante que pasó en esa oficina no tenía nada que ver con la lectura. A los catorce años tuve un noviecito que me visitaba en las noches, cuando todo el mundo estaba durmiendo. Y  a través de las rejas de esa inmensa ventana nos dábamos unos largos besos que, por supuesto, nunca pasaron de ahí. Una de esas noches llegó mi papá a estacionarse con el inmenso carro que le habían dado en el ministerio y al vernos siguió de largo. Al día siguiente se armó el drama del siglo. Yo no había cumplido ni quince años y se suponía que no estaba en edad de tener novio. Me castigaron, me encerraron, me amenazaron, y aún así las visitas por la ventana del estudio de mi papá se mantuvieron por mucho más tiempo de lo que todos en la casa imaginaban. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al lado del escritorio había un bañito pequeño que sólo usaban las visitas. Más allá estaba el comedor haciendo una forma de ele con la sala y en el ángulo entre la sala y el comedor estaba la cocina. La sala daba a una puerta de vidrio que comunicaba con un patio de cemento. Al final del patio había un jardincito que tendría apenas un metro de ancho y ocupaba todo el fondo de pared a pared. De ese jardín sólo recuerdo una frondosa mata de amapolas que se enredaba en una especie de pérgola. En ese jardín enterré un lorito que se me murió de hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una de las tantas culpas que cargo en la vida. He tratado de disculparme a mí misma pensando que no había podido salvarlo, pero la verdad es que el pobre loro se murió por simple y llano descuido mío. Los pájaros pequeños tienen un estómago tan minúsculo que, para que no se mueran de hambre, tienen que ser alimentados todo el tiempo, como los bebés. Yo cumplí con mi tarea los primeros días, pero en algún momento se dio una de esas salidas multitudinarias en las que nos íbamos en cambote al cine o a pasear por el Centro Comercial El Marqués, que quedaba a unas cuadras de la casa, y me olvidé del loro. Cuando regresé estaba muerto. Se había muerto de hambre. Lo enterré en el patio y lloré de culpa como si hubiera asesinado a un niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El patio se comunicaba por detrás con la cocina. No recuerdo con detalle cómo era la cocina, pero tenía una forma cuadrada y había espacio para un pantry donde desayunábamos y merendábamos. Recuerdo ese pantry como el lugar en el que se dieron las noticias más duras y se compartieron los momentos más íntimos de una época que aparece en mi memoria como una batalla campal, confusa y llena de gente. Porque en esa casa vivieron con nosotros por un tiempo mis tíos Miguelín y Mayuya con sus dos hijas, Jaqueline y Carolina. Y antes, o después, ya no me acuerdo, vivió con nosotros la hermana menor de mi mamá, Cynthia, que en realidad se llama Cristina y que nunca quiso que le dijéramos tía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás del comedor había una puerta que daba al garage. En ese espacio, que alguna vez estuvo abierto, pero que fue cerrado por alguno de los inquilinos anteriores, mi mamá montó una guardería. Ella estaba empeñada en usar ese espacio vacío para montar un negocio propio. Pintamos las paredes con motivos infantiles y pusimos algunos muebles que ahora no recuerdo. Esa guardería nunca funcionó en realidad, porque sólo cuidamos a un pobre niñito que dejaban en la mañana y regresaban a buscar en la tarde, a veces en la noche. Me acuerdo cómo nos turnábamos para atenderlo y que en algún momento mi mamá se sintió culpable o algo así, porque se dio cuenta de que a ese niño lo estábamos criando nosotras y no la gente que debía ser la responsable de cuidarlo. Así que le entregó el niño a sus padres y hasta ahí llegó la guardería. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después ese lugar, que era y no era el garaje, se dedicó a otras cosas, pero eso ya no me acuerdo bien. Me parece que en algún momento se volvió un taller donde mi mamá se dedicó a la pintura y en otra época hubo ahí peroles de hacer cerámica y hasta un horno, pesadísimo, para cocer las tazas y platos que mi mamá hacía. Pero es posible que esté mezclando recuerdos de otras casas, porque todos parecen caber en ese lugar vacío que era el garaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre la sala y el comedor había un espacio, al pie de la escalera, donde pusimos un aparato de sonido. No recuerdo si venía de la casa anterior, pero me parece que no. Creo que era un aparato nuevo. Porque me acuerdo de la novedad de las cornetas estereo y, sobre todo, me acuerdo de unos audífonos, pesadotes y enormes, que uno se ponía para escuchar la música y se transportaba a otro mundo. Ese lugar de la casa me viene a la memoria así: yo estoy acostada sobre un cuero de vaca, blanco y negro, que servía de alfombra; tengo los audífionos puestos; estoy oyendo la banda sonora de la película Juan Salvador Gaviota y el perro que teníamos en esa casa, que se llamaba Nevado, está acostado en la alfombra conmigo y tiene su cabeza sobre mi barriga. Es uno de los recuerdos más perfectos que tengo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La parte de arriba de la casa tenía un estar amplio donde veíamos la tele y dos cuartos a la derecha, donde dormíamos nosotras y dos cuartos a la izquierda, al final de un pasillo, donde estaba el cuarto de mis padres y el cuarto de huéspedes. Creo que en ese pasillo había un baño y había otro del lado de los cuartos de nosotras. Nuestros dos cuartos se comunicaban a través de una abertura en la pared que no llegaba a ser una puerta, sino que era más bien un umbral. Así que esa parte de la casa era un ir y venir, un entrar y salir, que no paraba. En esos dos cuartos aprendimos a afeitarnos las piernas, a hacernos peinados, a pintarnos las uñas, a maquillarnos, perfumarnos y emperifollarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teníamos también una puerta que se abría al balcón que daba al frente de la casa. Creo que desde ese tiempo me quedó el gusto por los balcones que conservo hasta hoy. ¡Me encantan los balcones! Pero no los balcones cerrados que son un remedo de balcón, sino los balcones abiertos a los elementos, los balcones en los que uno puede sentir que está afuera, donde te mojas si llueve o te achicharras si hace sol. Los balcones en los que puedes escuchar el ruido de la calle, en los que se pueden venir a refugiar los pájaros, en los que puedes tener matas, tender ropa, asomarte al mundo y fumarte un cigarro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el balcón de esa casa fumábamos y conversábamos. Sobre todo cuando vivieron con nosotras mis primas, Jackeline y Carolina. Desde ese balcón hablábamos con los amigos de la cuadra para ponernos de acuerdo para ir al cine, a pesar de que a mi mamá siempre le pareció de muy mal gusto eso de andarse gritando desde el balcón a la calle o viceversa. Aún así, ese era para nosotras el lugar en el que no estábamos ni en la calle ni en la casa. Una frontera porosa y amable, permisiva y hasta alcahueta. Recuerdo haberme sentado muchas veces en ese balcón, sola, con un cigarro y un cuaderno, a escribir un diario que nunca le mostré a nadie y que terminé botando a la basura unos años después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y eran sin duda tiempos de escribir diarios. La casa de la California es para mí el lugar en el que aprendí a tomar decisiones, a ensayar a ser una adulta aunque supiera que todavía no lo era. Es la casa en la que las hijas declaramos una guerra sin cuartel a unos padres que apenas podían entender lo que estaba pasando, porque sus niñas habían crecido demasiado pronto. Esa casa es para mí el lugar de una batalla eterna y el sitio en el que tomé las decisiones que me parecían las más importantes de la vida. Ahí cumplí quince años, dejé de peinarme, decidí que no quería tener hijos, que ya no creía en Dios y que el matrimonio era una convención inútil, que sólo servía para complacer a los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegamos a Caracas yo tenía trece años y me tocaba empezar tercer año de bachillerato. A todas nos inscribieron en un colegio de monjas que estaba en los Dos Caminos. Creo que se llamaba María Inmaculada. Cuando pasé a cuarto año, tenía que decidir si estudiaba Ciencias o Humanidades. Elegí Humanidades y me tuvieron que cambiar de colegio. Me inscribieron en el Cristo Rey de Altamira y ahí terminé mi bachillerato. Ese cambio implicó que perdiera el beneficio de que mi mamá me hiciera transporte puerta a puerta al entrar y salir del colegio. Como una especie de castigo por ser la disidente de la familia, me inscribieron en el transporte del colegio, un horroroso autobús amarillo que venía a buscarme a la puerta de la casa a las cinco de la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante dos años me levanté a las cuatro y media. Era la única persona que estaba levantada en la casa a esa hora y, aunque a veces podía parecer un castigo horroroso, en realidad en esas madrugadas me gustaba sentirme dueña de aquella casa dormida. Mientras me arreglaba y desayunaba sin hacer ruido, el mundo parecía haber aceptado que yo tenía un lugar en el mundo, una especie de responsabilidad que sólo a mí me tocaba. Y eso parecía ser suficiente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respeté el horario del transporte al pie de la letra durante el primer año. Pero cuando empecé a cursar quinto año me atreví a agarrar un autobús normal y corriente, en la Avenida Francisco de Miranda, que me dejaba frente al Unicentro El Marqués. De ahí caminaba hasta la casa sintiendo que me adueñaba por primera vez de la ciudad, de sus calles, de su ritmo. En esos paseos clandestinos, porque no se suponía que debía regresar sola a la casa, aprendí a tomar poco a poco las riendas de mi propia vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerca de la casa había una biblioteca pública, la Biblioteca Paul Harris, en la que pasé horas con mi amiga de entonces, Efigenia Sideris, o con los funcionarios que trabajaban en la biblioteca que estaban siempre con ánimo de conversar, supongo que por puro y simple aburrimiento. Entre los empleados de la biblioteca estaba Eduardo Liendo, que en ese tiempo no era ni remotamente el escritor famoso que es ahora, y sólo había publicado una novelita que nadie había leído: El mago de la cara de vidrio. Pero el que se convirtió en mi amigo por muchos años fue Gerardo Becerra. Era uno de esos tipos barbudos, miembro orgulloso de lo que —supe después— llamaban la izquierda erótica, porque su deporte favorito era andar detrás de las carajitas. Muchos años más tarde, cuando decidí dejar definitivamente de depender de mis padres, Gerardo me alquilaría una habitación en el apartamento que él compartía con su pareja de entonces, una chilena que se llamaba Marta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero estoy ya muy lejos de la casa de la California Norte. Y la razón es que ya para ese tiempo me interesaba mucho más la calle que la casa y mis recuerdos de esa época me sacan una y otra vez a la calle. Todavía hoy puedo recordar de memoria cada casa y cada negocio que había en el trayecto de la casa al CC El Marqués. Me acuerdo cómo eran todos los pasillos del Centro Comercial, las salas de cine y mi tienda favorita, una rosticería donde comprábamos las empanadas argentinas —¿o eran chilenas?— más ricas que he comido en la vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También recuerdo el camino del colegio, que estaba en la sexta transversal de Altamira, a la Avenida Francisco de Miranda. Un camino que he hecho a pie muchísimas veces después y que siempre he recorrido con una sensación de libertad y desafío, en homenaje al tiempo en el que empecé a definir mi futuro y tenía una fe inquebrantable en mí misma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la distancia, esa niña que fui entre los trece y los quince años me parece hoy ingenua. De una ingenuidad conmovedora, eso sí. Pero no puedo evitar sentir una pizca de simpatía por esa persona esperanzada y emprendedora que fui. Estuve siempre muy orgullosa de las opciones que tomé en la vida, y hasta hace poco hubiera contado con gusto las aventuras y los riesgos que corrí. Ahora ya no estoy tan segura, amiga. Ahora todo se me desdibuja y más bien me parece que no era necesario tanto afán ni tanta furia, para llegar al final a esto. A este destierro helado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que mejor dejo este cuento hasta aquí antes de que me arrepienta siquiera de haber querido contártelo y borre de un golpe de tecla todo lo que llevo escrito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo nostálgico,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-4306153244876238689?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/4306153244876238689/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/12/recordar-las-casas6.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4306153244876238689'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4306153244876238689'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/12/recordar-las-casas6.html' title='Recordar las casas 5'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-4202853028356140961</id><published>2010-12-06T18:09:00.002Z</published><updated>2010-12-06T18:20:50.687Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Día a día'/><title type='text'>Tiranías de hielo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TP0nayR6dKI/AAAAAAAAC7E/LAac0NZq9uA/s1600/a_camino_nieve_2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TP0nayR6dKI/AAAAAAAAC7E/LAac0NZq9uA/s400/a_camino_nieve_2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5547633657117308066" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguimos sepultados bajo nieve. Hoy cayó una nevada menuda, indecisa entre agua y nieve, que dejó sin embargo un par de centímetros más de copos blancos sobre lo que ya se había acumulado. Como no tengo nada más que hacer en estos días aparte de leer y mirar por la ventana, he estado observando el comportamiento de los vecinos ante el avance de la nieve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece haber una especie de código implícito relacionado con el asunto de apalear la nieve de los frentes de las casas. En principio lo lógico sería que cada quien apaleara la nieve que le corresponde, es decir, la que se acumula enfrente de su casa, porque es un espacio claramente delimitado. Visto así es de lo más simple. Pero todo se complica cuando comienzan a aparecer las excepciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si tienes una vecina casi inválida, o demasiado viejita, te toca quitarle la nieve de enfrente, por puro sentido común y solidaridad elemental. La mayoría de los vecinos lo hace sin esperar nada a cambio y creo que ese es el lado loable del asunto. Los vecinos se ayudan entre sí y todo el mundo siente que está contribuyendo con su granito de arena, hoy por ti mañana por mí, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ese código de ayuda a los desvalidos se complica cuando aparecen los vecinos que trabajan más de la cuenta, los que van más allá de lo que razonablemente se espera de ellos, y se convierten en una especie de guardianes del bien público. Esos son los vecinos que esperan con la pala en la mano a que deje de nevar y de inmediato salen a la acera y se dedican a limpiar no sólo su frente sino el frente de la vecina que está demasiado gorda para fajarse con una pala, el frente de la vecina que tiene ya más de ochenta años, el frente de la otra vecina que trabaja en el día y no tiene tiempo para eso. Pero cuando llega al frente de mi vecino de la izquierda, se para y se devuelve, dejando una especie de frontera en la nieve que no es más que una forma de exclusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El punto es que Peter, mi vecino del lado izquierdo, no usa mucho su entrada del frente, porque él y su familia tienen un par de carros estacionados atrás y entran y salen por el patio. Así que muy rara vez se enteran de que la nieve está alta del lado de acá y la verdad es que no creo que les importe mucho. Por lo tanto, no la limpian. Y creo que están en su derecho, porque la casa del vecino está en el vértice de un ángulo de la plaza, lo que implica que sólo ellos tendrían en principio que pasar por su frente. Ellos y el cartero, si es que llega en medio de la nieve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al lado de Peter vivimos nosotros y si queremos salir sólo tenemos que usar la acera que bordea la plaza por la derecha en vez de la de la izquierda y asunto resuelto. Es por eso que Lyo ha estado limpiando nuestro frente y el de la vecina de la derecha, Susan, que apenas se puede mover dentro de su casa. Y del mismo modo que el vecino exagerado que limpia todo un lado de la plaza, Lyo también ha estado poniendo en evidencia, sin querer, la dejadez del vecino que le importa un pepino que su frente se llene de nieve. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el tema del despeje de la nieve no termina ahí. Esta tarde, cuando terminó de nevar, vi venir desde el fondo de la plaza a un vecino que no había visto antes. Venía limpiando con una pala nueva, luminosa y escarlata. Hacía alarde del ímpetu típico de la gente que ha estado mucho tiempo encerrada y necesita estirar las piernas y mover los brazos. Yo lo oía venir con su pala, haciendo el sonido típico que hacen las palas al mover la nieve, como si levantaran arena: squashh, squashh…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me asomé en la ventana para ver, una vez más, cómo el vecino se detenía en el límite imaginario que todos habíamos construido entre la eficiencia y la desidia. En algún momento el vecino levantó la cabeza y me vio. Yo no me moví. A fin de cuentas estoy en mi casa, mirando por mi ventana. No creo que eso tenga nada de malo. Lo vi dudar. Lo vi hacer una pausa. Y, para mi sorpresa, lo vi seguir acercándose, squashh, squashh, squashh, squashh, hasta que llegó a la puerta de Peter. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí me empezó a dar vergüenza y me quité de la ventana pensando que, ahora que Lyo no está, me iba a tocar a mí pedirle la pala a la vecina para hacer mi parte: nobleza obliga. Pero seguí oyendo la pala sonar contra la nieve, pasar frente a mi casa y seguir por todo el resto de la acera hasta el final de la plaza. No podía creer que el vecino se hubiera tomado la molestia de apalear el frente de todas y cada una de las casas del vecindario. Abrí la puerta y me asomé para estar segura de que lo que estaba oyendo era cierto. En efecto, casi al borde ya de la calle el vecino al que le debemos las aceras limpias de hoy venía de regreso con puñados se sal a terminar su obra. Se le veía sonriente, orgulloso y decidido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquí es donde viene el punto retorcido de la historia. Hacer un favor simple, que implica apenas un esfuerzo mínimo, no requiere ningún otro reconocimiento más allá de unas bien sentidas gracias. Pero ¿qué tipo de reconocimiento espera el que ayuda de más, el que hace un despliegue de esfuerzo que va más allá de toda convención? No puedo evitar suponer que lo que espera va más allá de lo habitual. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo caso, tengo el presentimiento de que el vecino que hoy limpió todas las aceras que bordean la plaza se siente poderoso y digno. Y por descarte siente que sus vecinos están en deuda con él. Una deuda que no podrán pagar con ninguna forma de agradecimiento, sino tal vez sólo con un esfuerzo igual. Así que me temo que en los próximos días veremos a distintos vecinos tratando de devolver el favor. Porque esa será la única manera de que todos los demás saldemos una deuda que preferimos no tener sobre nuestras conciencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nieve produce tiranías sutiles, amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cariños,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-4202853028356140961?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/4202853028356140961/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/12/tiranias-nevadas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4202853028356140961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/4202853028356140961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/12/tiranias-nevadas.html' title='Tiranías de hielo'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TP0nayR6dKI/AAAAAAAAC7E/LAac0NZq9uA/s72-c/a_camino_nieve_2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-2954430808570695614</id><published>2010-11-28T13:22:00.002Z</published><updated>2011-10-04T13:52:59.478+01:00</updated><title type='text'>¡Nevados!</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TPJX7oOsW_I/AAAAAAAAC4E/pzUkhAoTwUc/s1600/a_niene_nov10.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TPJX7oOsW_I/AAAAAAAAC4E/pzUkhAoTwUc/s400/a_niene_nov10.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5544590773169445874" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el viernes estamos bajo nieve en el reino. Y como siempre que se acumulan tres o cuatro centímetros de nieve, todo es un caos. Los noticieros pasan horas mostrando imágenes de gente varada en las carreteras y los pronósticos del tiempo por venir están todos llenos de “warnings”, signos de admiración y anuncios de la catástrofe que está por venir. Sin embargo, aquí en el pueblito en el que vivo la gente se toma la nevada con mucha más gracia y cierta dignidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los niñitos sacan a relucir todos los peroles que sirven para deslizarse en la nieve y desde el viernes no han parado de lanzarse por una mínima pendiente que hay en el parque que está atrás de la casa. Uno de nuestros vecinos, un señor retirado, alto y fuerte como un soldado antiguo, parece esperar el instante mismo en que deja de nevar para salir con su pala a quitar la nieve de la acera que bordea la plaza de enfrente. Hoy reclutó a dos niñas, que supongo que son sus nietas, y estrenaron una pala nueva, roja y reluciente, que en un santiamén dejó libre el paso para los potenciales peatones del vecindario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer fuimos a caminar al parque y aunque había caído ya algo de nieve —no tanto como hoy— la gente estaba como siempre paseando sus perros, caminando a la orilla del río y disfrutando del paisaje. Los árboles se veían hermosos, totalmente blancos, y había una luz entre dorada y azul que parecía de cuento de hadas. Lamenté no haberme llevado la cámara para registrar el acontecimiento. Cuando regresamos a la casa nuestro termómetro había bajado de cero y un par de horas después estábamos a menos cinco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos planeado ir hoy al cine, pero Lyo me mandó un mensajito desde la ciudad para decirme que mejor no me moviera de la casa, porque Edimburgo es un caos total. Sé que en la tierruca todo el mundo está en alerta por las lluvias y ha habido muertos y cantidad de gente ha perdido su casa, ¡incluyéndote! Por eso no tengo derecho a quejarme de estar simplemente encerrada, a salvo en casita y con la calefacción prendida. Pero no es que no me den ganas de quejarme, es sólo que me da más bien pena. Así que me trago la queja y lo dejo hasta aquí…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo helado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-2954430808570695614?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/2954430808570695614/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/11/nevados.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2954430808570695614'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2954430808570695614'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/11/nevados.html' title='¡Nevados!'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TPJX7oOsW_I/AAAAAAAAC4E/pzUkhAoTwUc/s72-c/a_niene_nov10.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-7945027523919691030</id><published>2010-11-18T17:10:00.004Z</published><updated>2010-11-18T17:47:23.099Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Día a día'/><title type='text'>Miércoles de susto</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TOVgs4UUmZI/AAAAAAAAC34/T5nReZZpIBI/s1600/A_cielo_nov10.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TOVgs4UUmZI/AAAAAAAAC34/T5nReZZpIBI/s400/A_cielo_nov10.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5540941240697395602" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque estés pasando por tantas angustias y me dé hasta pena contarte mis pequeñas tribulaciones de exiliada, me animo a escribirte pensando que todo el mundo necesita distraerse de sus propios dramas con los dramas ajenos, por triviales que sean. Así que aquí va mi cuento del día de ayer, que quiero dejar registrado en nuestro blog porque parece que lo hubiera inventado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo empezó con un ventarrón. Hacía tanto viento ayer que pensé que era mejor no salir. Pero era miércoles y tenía varios libros esperándome en la biblioteca y varias semanas ya faltando a mi rutina de los miércoles, que me había ayudado tanto a centrarme. Como sabes, los miércoles me paso la tarde en la biblioteca nacional —NLS, en sus siglas en inglés. Es una rutina que me ayuda a dividir en dos la semana, a respirar cada tanto un aire distinto al de mi estudio, a destrabarme las ideas dormidas de tanto encierro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que a mediodía, cuando salió un rayito de sol apenas en el horizonte, me enfundé en mi abrigo de invierno y me decidí a enfrentar el ventarrón y la lluvia, el frío y la oscuridad. La primera señal de que algo podía no salir tan bien fue que al llegar a la esquina y mirar a cielo abierto me di cuenta de que había dejado mis lentes. Aunque veo bien todo lo que está a menos de tres metros delante de mí, de ahí para allá el mundo se me borra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré mi reloj y decidí que iba a ser mucho más grave que el autobús me dejara. Como te he contado otras veces, aquí los autobuses tienen un horario y lo cumplen como pueden. Casi siempre llegan después de la hora, pero cuando les da por ponerse puntuales utilizan la ley más antigua de la puntualidad británica: llegar antes. Así que si mi medio de transporte se adelantaba un par de minutos, me quedaría varada y sin miércoles de biblioteca. Porque no hay nada que odie más que perder un autobús. Cuando eso pasa, prefiero devolverme a la casa y dejar todo de ese tamaño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras esperaba el autobús, resignada a pasar el día mirando sólo las brumas en el horizonte, llegó la segunda señal. Estaba escuchando en mi iPod una canción que hablaba de andar por la vida sin defensas, sin excusas, sin ayuda, cuando se me acercó una señora de lo más amable, de esas con las que me cruzo en el parque cuando camino, para preguntarme algo que sólo entendí cuando me extendió la mano para mostrarme ¡mi llave de la casa! Se me había caído en la acera mientras venía hacia la parada dudando si debía regresar o no a buscar mis lentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Traté de no sumar dos más dos y de seguir el consejo de la canción: helpless, defenceless, me dije. Ese es el modo. Dejar que todo venga sin oponer resistencia.  Doblarse sin partirse, como el bambú. Pura filosofía zen, pues. En realidad consideré lo de la llave un buen signo, una señal de que todo iba a salir bien por el resto del día, porque una buena vecina se había apiadado de mí y me había devuelto la buena suerte que tal vez me hubiera abandonado por las siguientes ocho o diez horas si no. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me parece necesario aclararte, a estas alturas, que soy de esa gente que cree a medias en esos signos inciertos que se supone que sirven para advertirnos de los peligros que están por venir. Pero tal vez a los demás lectores de este blog les parezca un dato válido. Aunque haya aprendido, una y otra vez, por dolorosa experiencia, que nada nunca te avisa cuando viene lo peor, lo realmente terrible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que me monté en mi autobús confiadísima. Había incluso uno que otro rayito de sol, escueto y triste, pero sol al fin, cuando llegamos a las afueras de la ciudad. Pero ya cerca de la parada en la que me bajo, al final de Princess Street, el ventarrón había arreciado y la lluvia caía menuda, de esa manera horizontal en la que se desplaza aquí la lluvia, burlando los paraguas y los impermeables, por muy buenos que sean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo esa lluvia helada caminé hasta la biblioteca. Fui por todo el camino pensando que no tenía dinero en efectivo y que si quería tomarme un tecito y comerme algo en el café de la NLS tenía que pasar por un cajero. Pero después me distraje y, empeñada en llegar rápido para evitar congelarme, pasé de largo por dos cajeros y me enfilé en volandas al lugar donde estaría a salvo del tiempo inclemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ya había abierto el locker para guardar mi abrigo, mis guantes, mi gorro, mi bufanda y mi cartera, me acordé del cajero. Volví a ponerme encima todos los implementos que me protegen del invierno y salí de nuevo a la calle a desandar, casi trotando, la media cuadra que me separaba del cajero más cercano. Era eso o quedarme sin almuerzo. Lo hice sin pensar. Tampoco quise ver en este revés ninguna señal adversa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tecito caliente me recompensó de todas las inclemencias y al subir a la sala y sentarme frente a mis libros, el universo todo volvió a estar en su sitio. Ya lo sabes, para mí las bibliotecas son los lugares en los que el mundo se ordena, todo cobra sentido, y me siento en paz. Como si estuviera en un templo que ha olvidado sus dioses pero mantiene viva una especie de reverberación, un fulgor que alimenta el alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leí por horas, concentrada y feliz. Tomé notas, se me ocurrieron un par de buenas ideas. Cada tanto miraba por las claraboyas a ver qué tan oscuro se iba poniendo el cielo. Esa es una de las cosas que me gustan de la biblioteca nacional de Escocia, que en el piso de arriba hay cuatro o cinco inmensas claraboyas que te permiten, si no mirar el cielo directamente, al menos presentir su claridad o darte cuenta de que el sol está por ocultarse. En estos días de otoño, a las cinco de la tarde ya es noche cerrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí salir apenas pasadas las cinco, porque si seguía lloviendo afuera me iba a congelar un poco menos mientras más temprano regresara. Por el camino hacia la parada se me ocurrió que podía ser una buena idea acercarme a un abasto que está cerca de Princess Street, para comprar algo para cenar. Llegué al abasto después de un largo rodeo, porque nunca me acuerdo en qué esquina está y porque, estando sin lentes, tenía que acercarme a tres metros de los letreros para saber exactamente qué tienda era cuál. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de hacer las compras me sentí de lo más satisfecha de mi decisión. Sólo me había tomado media hora y en apenas un rato estaría en mi casa, preparándome una cenita caliente y rica. Regresé a la parada con esta idea estimulante en mi estómago y mi bolsa de la compra un poco más pesada que de costumbre. Había aprovechado para comprarle a Lyo unos quesos, un humus de pimentones y un paté de salmón. Al cruzar la calle vi un autobús 28 llegando justo al mismo tiempo que yo. Pensé que aquella coincidencia era una materialización de mi buena suerte, la maravillosa suerte que me había acompañado durante todo el día. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subí al autobús contentísima. Afuera quedaba la lluvia, el viento helado, la oscuridad. Elegí un asiento a la derecha, puse la bolsa en el piso y abrí el libro que cargo en la cartera en estos días: Soldados de Salamina, de Javier Cercas. Me instalé a leer con una sensación de misión cumplida, de día bien aprovechado, de merecer recompensa por mantener el esfuerzo de vivir como se debe. Me dejé atrapar por la historia que Cercas sabe contar tan bien. Se me ocurrieron un par de buenas ideas, tomé notas en las páginas blancas que hay detrás del libro. De vez en cuando miraba hacia afuera. Oscuridad, luces borrosas. Y seguía leyendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es verdad que a veces pierdo el sentido del tiempo. Sobre todo cuando leo. Pero me he aprendido el camino a casa por los giros y cruces que hace el autobús y casi puedo saber por dónde voy, sin mirar hacia afuera, en cada momento del trayecto. Como era el autobús 28, es decir, el que da la vuelta más larga para llegar al pueblito en el que vivo, sabía que iba a tardar más que la habitual media hora del trayecto que hago cuando uso el autobús 27, que es el que pasa directo frente a mi casa, sin desviarse por ninguna parte. Pero de pronto miré el reloj y me di cuenta de que llevaba más de cuarenta minutos en aquel camino sin llegar a ninguna parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré por la ventana y no reconocí nada de lo que vi. Traté de leer los letreros que aparecían  cada tanto al borde de la carretera. Imposible. Sin lentes no leo ningún letrero a menos que esté pegado a mi nariz. Cegata y todo, sabía que no estaba en un lugar conocido y entré en pánico. Me levanté en una parada, después de una inmensa redoma, y le pregunté al conductor con un hilo de voz si ese autobús no pasaba por East Calder. Me dijo que no. Le insistí. Le dije que si ese no era el 28. Me dijo que no, que ese era el 20. ¡Me había montado en el bus que no era!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respiré hondo. El chofer se apiadó de mí al ver mi cara de angustia y consultó un cuadro que tenía enfrente, una especie de tabla de rutas y horarios, y me dijo que si me bajaba y cruzaba la calle podía agarrar el 28 del otro lado y regresar a mis predios. Corrí a mi asiento, agarré la inmensa bolsa con los ingredientes de mi preciosa cena, que parecía ahora tan remota, y salí del autobús agradecida y atolondrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cruzar la calle y llegar a la parada de enfrente traté de entender dónde estaba.  Pero no había mucho en qué apoyarse. Era una de esas paradas olvidadas de todo y de todos, sin cartelera con las rutas de autobuses, sin nombre y sin anuncios. Una parada parecida a las del más remoto rincón del tercer mundo, si en los rincones remotos del tercer mundo hubiera paradas. Y para colmo había un señor fumando que me miró de una manera sospechosísima y me hizo imaginar que lo peor estaba por venir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo lógico era que confiara en la información que me había dado el chofer del otro autobús y que esperara, pacientemente, a que llegara el 28. Pero yo estaba ya al borde de un ataque de nervios. Me entró la angustia de estar en el medio de la nada, sin referencias de ningún tipo, sin control sobre lo que sucedía a mi alrededor y al lado de un personaje que parecía salido de una película de terror. Mi primera reacción fue escribirle un mensajito de texto a Lyo, que a todas éstas estaba en una cena protocolar con las autoridades universitarias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, nunca respondió. Esperé tres minutos que parecieron tres horas.  El viento sonaba con vocación de huracán. La bolsa con la compra me pesaba en una mano que se me congelaba rápidamente a pesar del abrigo de los guantes. Me imaginé que pasaban horas y no llegaba ningún autobús. Me imaginé que Lyo salía de su cena a media noche y sólo entonces miraba el mensaje en el celular y cuando me respondía mi teléfono ya no tenía pilas, o respondía la contestadora, porque el hombre que fumaba en la parada ya había hecho conmigo lo que tenía que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el pánico del mundo cabe en tres minutos, amiga. Así que para espantar el miedo o al menos para sentir que estaba haciendo algo, que podía controlar de algún modo la situación, caminé hasta la inmensa redoma que estaba a media cuadra de la parada. Las redomas aquí tienen letreros y si me ponía enfrente de uno podía saber dónde diablos estaba. El letrero no me dijo mucho, aunque supe que estaba cerca de Bathgate, un pueblo que queda a media hora de mi pueblito. Crucé la calle otra vez y caminé hacia un edificio bajo que estaba enfrente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una estación de bomberos. Desde ahí llamé a un taxi. En este país, a menos que estés en el centro mismo de una ciudad muy transitada, no puedes sacar el dedo y parar un taxi. Tienes que llamar para reservar uno, incluso si estás en el medio de la calle. Expliqué dónde estaba, con mucha dificultad porque el viento se colaba en la conversación y yo no oía ni me oían. Finalmente, cuando logramos entendernos, la operadora me dijo que el taxi tardaría entre treinta y cuarenta minutos. ¡Casi me desmayo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Media hora, sin embargo, era preferible que esperar hasta el infinito. Comparado con el tiempo eterno que se extendía delante de mí, media hora no era nada, así que le dije a la mujer que esperaría. Me quedé parada frente a la estación de bomberos, que estaba cerrada a cal y canto y con apenas un par de luces encendidas afuera. Miré pasar los carros por la inmensa redoma que estaba, para mí, en el medio de la nada. Sentí un intenso pánico. Como cuando estás a punto de ahogarte, como cuando estás al borde de una revelación devastadora, como cuando alguien que amas te dice: tenemos que hablar. Se me revolvió el estómago y sentí llegar un desvanecimiento que tuve que auyentar con todas mis fuerzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en ese momento vi un autobús saliendo de la parada en la que había estado agonizando por tres minutos eternos. ¡Era un 27! Mi autobús más querido. Me devolví casi corriendo. El autobús se fue sin mí, por supuesto, pero ya sabía que estaba en la ruta correcta y no me importó qué tanto más tendría que esperar. Respiré profundo. Ya no iba a desmayarme. Saqué de la bolsa un yogurt de durazno que había comprado y me lo comí con calma. No habían pasado ni diez minutos cuando apareció un 28, perfecto y flamante, vacío y entusiasta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subí. Pagué el doble de lo que hubiera costado el pasaje, porque no tenía sencillo. Me senté en un asiento mullido y tibio. Llamé para cancelar el taxi que había pedido y después me dejé llorar en silencio absoluto por un rato, como una niña perdida o abandonada o encontrada mucho tiempo después de haberse perdido. Me puse en las orejas mis audífonos y en todo el trayecto de regreso, mientras esperaba ver entre las brumas algún edificio o calle que me resultara familiar, estuve escuchando una canción que hablaba de la necesidad regresar a casa y de la angustia de no conocer el camino de regreso a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegué al centro comercial, supe que estaba a salvo y que sólo faltaban quince minutos para llegar a mi pueblito. Entonces me di cuenta de que todo ese tiempo en que estuve perdida sin estarlo lo único que quería era encontrar algo que me resultara familiar. Sentirme en el sitio en el que sé dónde está cada cosa y qué hay en cada cuadra. Lo que quería era volver a mi espacio. Y así me sentí cuando me bajé del autobús, cuando caminé las tres cuadras que van de la parada del 28 a mi casa, helada pero contenta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasadas las ocho de la noche, cuando finalmente abrí la puerta con la llave que una buena vecina había tenido la amabilidad de devolverme, entendí que lo importante ya no era que me había perdido sino que acababa de reconocer mi pertenencia. Después de tantos años de sentirme fuera de lugar, de mirar alrededor sin aceptar como mías las calles o las casas, había descubierto que mi lugar era éste. No sólo esta casa, sino este pueblito perdido de nombre extraño, con su calle principal y sus dos semáforos, su abasto y su farmacia, su oficina postal y su pub, su cementerio antiguo y sus dos iglesias de piedra. Ya no me sentía una extranjera perdida en un lugar ajeno. Estaba, por fin, en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espero que hayas tenido la paciencia de acompañarme hasta aquí en el recuento tortuoso de este miércoles de susto. Y que mi historia te haya distraído un rato de tus preocupaciones. Tal vez es verdad que lo único que necesitamos es distancia para descubrir lo que realmente cuenta. Tal vez sólo es necesario perderse, en el medio de una noche helada, para que todo vuelva a tener sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te acompaño,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-7945027523919691030?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/7945027523919691030/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/11/miercoles-de-susto.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7945027523919691030'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7945027523919691030'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/11/miercoles-de-susto.html' title='Miércoles de susto'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TOVgs4UUmZI/AAAAAAAAC34/T5nReZZpIBI/s72-c/A_cielo_nov10.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-1947175243167713118</id><published>2010-11-10T17:21:00.002Z</published><updated>2010-11-10T17:26:57.252Z</updated><title type='text'>Mudanzas y desarraigos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TNrU_QROC8I/AAAAAAAAC3s/f1awQ4AEhnE/s1600/A_patio_nov10.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TNrU_QROC8I/AAAAAAAAC3s/f1awQ4AEhnE/s400/A_patio_nov10.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5537972874969484226" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supe que estás buscando casa. Qué cosa horrible es buscar donde vivir o, mejor dicho, quedarse sin un lugar donde vivir. Comparto contigo la angustia y la sensación de orfandad que se le viene a uno encima cuando hay que pasar por ese cambio abrupto que implica deshacerse de hábitos que nos ha costado construir, abandonar la tibieza de lo cotidiano, destruir el equilibrio precario del día a día. Te acompaño en la angustia y en la espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comparto también, por otro lado, la sensación de aventura y de riesgo, la apertura hacia el qué vendrá, hacia lo inesperado y lo posible. Porque esas dos cosas entran juntas y revueltas en el desarraigo. Y toda mudanza es un desarraigo, un pequeño exilio. Cada vez que metemos en cajas y en maletas nuestros bártulos y levantamos vuelo y desbaratamos el nido estamos de algún modo desterrándonos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cada destierro nos quita de encima una piel vieja y nos obliga a construirnos una nueva piel. Tal vez por eso, nosotras, que nos hemos desarraigado tantas veces, vivimos a la intemperie. Porque no nos hemos dado tiempo de crear corazas. Porque con cada nuevo despojo y con cada nueva piel aprendemos lo que vale ser vulnerable: ser capaz de empezar siempre otra vez, sabiendo cómo será todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero: la tristeza. Dejar el lugar del hábito da susto, da furia, pero sobre todo da un dolor hondo. Pero después va llegando, poco a poco, una vez que se encuentra el nuevo espacio, la aventura de reconocer los objetos viejos en los nuevos espacios, experimentar con los lugares en los que caben o no las cosas, cocinar la primera comida con la incomodidad de no saber dónde está nada. Reconstruir las rutinas cotidianas, aprenderse de memoria las calles nuevas, asimilar los olores sorpresivos, los ruidos que al principio parecen ajenos y después se van a volver sonidos de fondo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque después del destierro nos espera siempre un nuevo arraigo. Y en ese nuevo espacio que vamos armando habrá un lugar para lo que hemos sido al lado del lugar en el que va a entrar la vida que está por venir. Y habrá un tiempo de desajustes y de sentirse como fuera de lugar. Sobre todo en las mañanas, cuando despertamos sin saber dónde estamos. Y en las tardecitas, cuando al mirar por la ventana no reconocemos el árbol que asoma detrás de un techo. Pero en medio de esos dos sustos el día a día va a reconocer su cauce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, de tristeza en tristeza, de susto en susto, de incomodidad en incomodidad, iremos domesticando el nuevo espacio hasta hacerlo nuestro. O hasta que el espacio nuevo nos acoja y podamos volver sentirnos en casa. Porque llega el día —siempre llega el día— en que al prepararnos una taza de café descubrimos que ya podemos alargar la mano para agarrar el azúcar y el azúcar siempre está ahí, como están la silla y la mesa y los libros y la ropa en el closet. Llega el día en el que, al mirar por la ventana, sentimos que el vecindario nos pertenece y que todo ha cobrado ya un aire familiar y hasta monótono.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espero, amiga, que la búsqueda te sea leve. Y que mientras buscas no te desesperes. Porque hay un futuro en ese lugar nuevo que te espera del otro lado de la angustia. Y esperar por el futuro es tal vez la única forma de fe que todavía nos queda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo grande como una casa,&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-1947175243167713118?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/1947175243167713118/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/11/mudanzas-y-desarraigos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1947175243167713118'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1947175243167713118'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/11/mudanzas-y-desarraigos.html' title='Mudanzas y desarraigos'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TNrU_QROC8I/AAAAAAAAC3s/f1awQ4AEhnE/s72-c/A_patio_nov10.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-1222079305380711199</id><published>2010-11-05T13:49:00.003Z</published><updated>2011-10-04T13:35:05.675+01:00</updated><title type='text'>La no existencia</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TNrKbwbiwYI/AAAAAAAAC3g/4rUhefi6FF0/s1600/A_arboles_oto%25C3%25B1o.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TNrKbwbiwYI/AAAAAAAAC3g/4rUhefi6FF0/s400/A_arboles_oto%25C3%25B1o.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5537961270011150722" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He estado sin nada que reportar en estos días. Es como si el tiempo se hubiera detenido en las mismas veinticuatro horas que pasan y vuelven a pasar sin que nada nuevo suceda. Me levanto, desayuno, trabajo un rato frente a la compu después de mirar las noticias en algunos periódicos online, almuerzo, vuelvo a la compu, salgo a caminar al parque si el tiempo lo permite, vuelvo a la compu, ceno frente al televisor, veo la tele hasta que me fastidio, me baño, me acuesto a leer y, a eso de la una, apago la luz y me duermo. Y así todos los días lo mismo. Sin que nada cambie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso no hay nada que contar. Y al mismo tiempo tendría tantas cosas que contarte si tuviera ganas, si pensara que vale la pena, que hace alguna diferencia. Pero en estos días me he sentido como olvidada del mundo. Es como si hubiera dejado de existir y la disolución de la propia existencia no es algo fácil de explicar o narrar. Y, sin embargo, podría decir —junto con el personaje de Dublinesca de Vila-Matas— que es tan cómodo no ser, no estar, que ahora lo que me da pánico es que suceda algo que me saque de esta rutina en la que me he instalado a no existir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un rato me voy a levantar para ir a caminar al parque, si no llueve. Tal vez vayamos al cine esta tarde o mañana, si no hace mucho frío. Tal vez en un par de horas encuentre el modo de traducir de manera correcta una frase de un cuento de Ali Smith, que suena muy bien en inglés pero que en español trastabillea. Es posible que en unos días encuentre un buen tema para el cuento de este mes o que me decida por fin a reescribir un manuscrito que no me convence y que me está esperando desde hace semanas sobre el escritorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más, amiga. La no existencia de quien no tiene fe. Sólo eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo hueco,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-1222079305380711199?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/1222079305380711199/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/11/la-no-existencia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1222079305380711199'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1222079305380711199'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/11/la-no-existencia.html' title='La no existencia'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TNrKbwbiwYI/AAAAAAAAC3g/4rUhefi6FF0/s72-c/A_arboles_oto%25C3%25B1o.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-9011216036359111912</id><published>2010-10-21T16:04:00.004+01:00</published><updated>2010-10-21T16:19:33.003+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Temas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Libros'/><title type='text'>Sobre la espera</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TMBYKEa7EAI/AAAAAAAAC1s/FK3Y1l60hHk/s1600/a_charco.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TMBYKEa7EAI/AAAAAAAAC1s/FK3Y1l60hHk/s400/a_charco.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5530517272419569666" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos días de soles mezquinos, en los que me cuesta parir la mitad de una idea y apenas me siento a escribir las ganas se me van, me dedico más bien a leer como si una cosa pudiera sustituir la otra. Y a veces parece como si así fuera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy leyendo varias cosas a la vez, como siempre. Me quedan un poco más de cien páginas de &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Sumario&lt;/span&gt;, la novela de Federico Vegas que me trajo de Caracas Marcela. Y estoy tratando ahora de no avanzar muy rápido, para que me dure al menos por esta semana esa sensación de cercanía con la tierruca que me produce la sabrosa manera de narrar de Vegas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer terminé de leer &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Perder teorías&lt;/span&gt;, de Enrique Vila-Matas, uno de los libros más perfectos que he leído. Tiene sólo 64 páginas y una foto. Cuenta una historia mínima, que en realidad no es más que una excusa para un ensayo en el que al mismo tiempo se establecen y se desmoronan los caminos que deberá recorrer la novela del siglo veintiuno. Pensar sobre sí misma, parece decir Vila-Matas, es lo que le queda a la novela. Y también una trama mínima construida sobre la errancia y la espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gusta el tema de la espera, que me he encontrado varias veces en distintos textos en estos días. Como en la novela &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Basura&lt;/span&gt;, de Héctor Abad Faciolince, que me llegó en el mismo paquete en el que recibí el libro de Vila-Matas, junto con &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;En otro orden de cosas&lt;/span&gt;, de Fogwill, y &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Soldados de Salamina&lt;/span&gt;, de Javier Cercas. Gracias a mi amiga María Teresa, que vive en Barcelona cerca de una librería —¿se puede vivir en Barcelona lejos de una librería?— tengo estos libros frescos delante de mí y trato de leerlos todos al mismo tiempo, mezclando las tramas y los autores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero te hablaba del tema de la espera. En el texto de Vila-Matas se elabora una teoría de la espera, o más bien, una contemplación o consideración de la espera como motivo de la existencia del escritor. Dice Vila-Matas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;…sentí que había comenzado a convertirme en un esperador. ¿No era lo que en realidad había sido siempre? / Si lo pensaba bien, mi vida podía ser descrita como una sucesión de expectativas. En realidad, siempre había sido un esperador. Y nunca había perdido de vista que Kafka nos descubrió que la espera es la condición esencial del ser humano. (…) “La alegría no es la conformidad alborozada con lo que ocurre en la vida, sino con el hecho de vivir”, ha escrito Fernando Savater. Lo mismo puede decirse de la espera, que no está conforme con nada salvo con el hecho de aguardar. La alegría, al igual que la espera, hay que entenderla como afirmación del presente, sin nostalgia del pasado ni temor al futuro.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una variante de la espera es el deambular, el vagar sin rumbo. Esa idea aparece en &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Sumario&lt;/span&gt;, como una revelación repentina. Dice el narrador de la novela de Federico Vegas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Ese continuo deambular nos va convirtiendo en coleccionistas de sensaciones inexplicables, semejantes a los sueños y sus insólitas ilaciones, y así nuestra escritura se aprovecha de lo rezagado y lo inmundo, de lo inconfesable y lo incongruente. Los fracasos y las vagancias me habían preparado para esta tarea; sólo me hacía falta (…) dar tumbos por veinticinco años más, hasta aceptar cuál era el tema que la vida me tenía asignado.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa idea de celebrar el presente de la espera y la validez del deambular sin propósito aparente me ha acompañado en estos días. Leo y espero. Espero que las ideas que tengo se dignen a convertirse en frases que se puedan leer. Hago garabatos en papeles sueltos, dibujo proyecciones con flechas que suben y bajan, elaboro tramas que se me disuelven antes de cuajar. Escucho las voces de los vecinos que conversan en la plaza de enfrente. Leo, tomo notas. Miro el extraño cielo lleno de nubes que hay afuera y los cinco grados que marca el termómetro que está del lado de allá de la ventana. Y espero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay un libro esperándome del otro lado de esta vagancia sin rumbo. Lo escribo como una afirmación, pero en mi cabeza resuena como una pregunta. ¿Hay un libro…? No me queda más que esperar que así sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, sigo leyendo. Imaginando una forma de felicidad que se parezca a la del epígrafe de &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Basura&lt;/span&gt;, la novela de Abad Faciolince. Es una cita de Elias Canetti:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Cómo se imagina él la felicidad: una vida entera leyendo tranquilamente y escribiendo sin enseñarle nunca a nadie una palabra de lo escrito, sin publicar una palabra. Dejar a lápiz todo lo que ha anotado; no cambiar nada, como si lo que ha escrito no tuviera destino alguno, como el curso natural de una vida que no sirve a ningún fin que haga más angosto el mundo, pero una vida que es totalmente ella misma y que se va anotando como quien anda o respira.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo escrito como quien respira,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-9011216036359111912?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/9011216036359111912/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/10/esperas-y-lecturas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/9011216036359111912'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/9011216036359111912'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/10/esperas-y-lecturas.html' title='Sobre la espera'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TMBYKEa7EAI/AAAAAAAAC1s/FK3Y1l60hHk/s72-c/a_charco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-7401434763921831669</id><published>2010-10-18T17:30:00.008+01:00</published><updated>2010-10-19T15:24:17.493+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poemas'/><title type='text'>De casas y árboles</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TL2ptmchwDI/AAAAAAAAC1g/jU0or_n-KpY/s1600/a_casa.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TL2ptmchwDI/AAAAAAAAC1g/jU0or_n-KpY/s400/a_casa.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5529762518360244274" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es lunes y después de limpiar la casa me quedo sin ánimo de hacer otra cosa que contemplar la obra. Miro las pelusas minúsculas que quedan todavía en el piso y las levanto con minuciosa saña. Persigo al gato recogiendo las motas de pelo que se empeña en dejar en la alfombra pulcra. Me preparo un té y me lo tomo despacio, viendo como el cielo se aclara poco a poco después de un día de lluvia empecinada. Y me obligo a sentarme en la compu a copiarte un poema de nuestra amiga Gina, que me dio permiso hace ya varios días de publicarlo aquí. Para acompañar las casas de las que hemos estado hablando. La foto es también de Gina...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Las casas mueren/&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Gina Saraceni&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las casas mueren cuando se vuelven árboles,&lt;br /&gt;cuando una mancha vegetal las recubre&lt;br /&gt;y las convierte en jardines verticales.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Brotan raíces de sus ventanas&lt;br /&gt;venas que aferran el cielo hasta&lt;br /&gt;sentir cómo se expande y se desangra&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La casa muere con el verano en la garganta.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Hubo luz, un tiempo, en esa casa.&lt;br /&gt;Hubo vidrios limpios que acogían una&lt;br /&gt;mano temerosa que el viento los quebrara.&lt;br /&gt;Hubo niños oliendo a pinos y a olivares&lt;br /&gt;y una puerta grande donde entraba&lt;br /&gt;todo el pasado y su memoria.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Los muertos regresan a la casa rosada.&lt;br /&gt;Entran por sus grietas y quedan atascados&lt;br /&gt;por tanta soledad que los atrapa.&lt;br /&gt;Puede que la casa hable un lenguaje&lt;br /&gt;incomprensible y cada noche&lt;br /&gt;cuente el relato de su vida.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Puede que aquí el tiempo se detenga&lt;br /&gt;y sea posible creer en el regreso del verano.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Tiembla la casa al son de las campanas.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Todo se mueve en su cuerpo de piedra,&lt;br /&gt;hasta la hoja más pequeña que brota&lt;br /&gt;del costado y espera otra madrugada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;No hay dónde agarrarse para&lt;br /&gt;seguir de pie ante la casa;&lt;br /&gt;para no caer delante de sus ruinas&lt;br /&gt;y volverse una planta más que la recorre.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;No se puede mirar tanto pasado&lt;br /&gt;sin sentir que la lengua se hace agua&lt;br /&gt;y gotea en el hueco vertical de sus abismos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;No se puede mirar en ese abismo&lt;br /&gt;sin pensar que alguna vez&lt;br /&gt;alguien fue feliz en esta casa&lt;br /&gt;alguien aferrado al canto de los grillos.   &lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí el poema de este lunes de casa limpia y largas miradas por la ventana...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Va con un abrazo nublado,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-7401434763921831669?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/7401434763921831669/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/10/de-casas-y-arboles.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7401434763921831669'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7401434763921831669'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/10/de-casas-y-arboles.html' title='De casas y árboles'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TL2ptmchwDI/AAAAAAAAC1g/jU0or_n-KpY/s72-c/a_casa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-2744505626047746321</id><published>2010-10-14T15:47:00.001+01:00</published><updated>2010-10-18T17:48:49.531+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Noticias'/><title type='text'>Los 33 encandilados</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TLx6UUijBwI/AAAAAAAAC1E/RWR9OWGAflE/s1600/hojas_03.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TLx6UUijBwI/AAAAAAAAC1E/RWR9OWGAflE/s400/hojas_03.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5529428932033709826" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo no conmoverse con el rescate de los mineros chilenos de Copiapó? Hasta la flemática BBC, en su programación de cable, estuvo encadenada por las más de veinte horas que duró el rescate. No sólo la BBC, sino también otras emisoras de noticias, mantuvieron en el lugar una cámara en vivo, y a un pobre reportero que a ratos ya no sabía ni qué decir, durante las lentísimas horas en las que salieron los mineros uno a uno. Y a pesar de ese abuso mediático yo no pude evitar conmoverme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No por la presencia del presidente chileno, haciendo proselitismo político, ni por el protocolo agobiante al que fueron sometidos todos y cada uno de los rescatados al entrar y salir de la cápsula famosa, sino por la entereza de esos hombres tratando de dominar los nervios, adaptarse al encandilamiento, navegar sobre la confusión y la abrumadora avalancha de órdenes, abrazos e instrucciones que recibían al salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero uno tampoco puede pasar por encima de todas las preguntas que este caso deja abiertas. Más allá del heroismo de todos los involucrados en el rescate y del aguante sobrehumano de los mineros mismos, que ya de por sí son razones para aparecer en la prensa ¿cuál es la razón de esta desmedida atención mediática? ¿Será que el mundo en general, y los chilenos en particular, necesitan desesperadamente de buenas noticias? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del terremoto y del sunami de hace apenas unos meses, para los chilenos éste es sin duda uno de esos eventos reunificadores y esperanzadores, que devuelve la fe en el ser humano y en el futuro. Pero no deja de resultar desproporcionado el despliegue de los medios internacionales. ¿Qué necesidad tenía la BBC, o las cadenas alemanas, japonesas o de cualquier otro extremo del mundo de encadenarse por dos días a transmitir minuto a minuto la suerte de los mineros chilenos? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tengo respuesta, amiga. Los resortes que mueven el espectáculo de las noticias internacionales me deja cada vez más pasmada. Sobre todo porque cada vez que busco noticias de la tierruca en la prensa o en cualquier otro medio local me encuentro con un vacío absoluto. El mundo no existe para los medios británicos a menos que haya una guerra o una lamentable catástrofe. Ni qué hablar de América Latina, un territorio que sólo aparece de manera esporádica en documentales ambientalistas o en momentos de tragedias inimaginables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero para compensar esa ausencia, digo yo, hemos pasado dos días viendo a treinta y tres hombres, confundidos y encandilados, salir de las entrañas de la tierra en una remota mina en el medio del desierto de Atacama. Ojalá la atención global se mantenga igual de solícita cuando esos mismos mineros demanden compensación a la empresa que —de manera irresponsable— mantuvo abierta una mina que sabían insegura y a punto de colapsar.  O cuando el gobierno chileno tenga que responder por no haber fiscalizado como es debido no sólo ésta sino todas las empresas mineras del país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya lo dijo el último minero en salir: esto no debe repetirse. Ojalá el circo mediático sirva al menos para que ese deseo genuino se cumpla. Mientras tanto, yo me permito conmoverme mirando las fotos, leyendo las declaraciones, viendo en la tele la alegría de la gente en las calles. Sólo por hoy. Sólo porque la alegría, como los bostezos, es contagiosa…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo hondo y ancho como el de un minero chileno,&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-2744505626047746321?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/2744505626047746321/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/10/los-33-encandilados.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2744505626047746321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/2744505626047746321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/10/los-33-encandilados.html' title='Los 33 encandilados'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TLx6UUijBwI/AAAAAAAAC1E/RWR9OWGAflE/s72-c/hojas_03.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-7598601426033626971</id><published>2010-10-11T16:25:00.007+01:00</published><updated>2011-10-04T13:17:32.533+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas'/><title type='text'>De cómo NO conocí a dos premios Nobel</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TLx6xflmbvI/AAAAAAAAC1M/8tyqKmmn5iM/s1600/a_nudo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TLx6xflmbvI/AAAAAAAAC1M/8tyqKmmn5iM/s400/a_nudo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5529429433215512306" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He estado leyendo en la prensa todas las reseñas de la vida de Vargas Llosa, en estos días en que la celebridad máxima acaba de alcanzarlo. Dicen los periódicos que ahora sí está a la par con García Márquez, después de años de sonadas rivalidades. Y yo, que no soy precisamente amiga de la gente que anda por ahí haciendo gala de las celebridades que conoce y llamándolas por su nombre de pila, no puedo evitar recordar que he visto con mis propios ojos, delante de mí, en carne y hueso, a estos dos premiadísimos autores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A García Márquez lo vi en La Habana. Era el año 1994. Lo sé porque acabo de consultar mi CV y ahí aparece que ese año estuve en un Congreso en Casa de las Américas, presentando una ponencia sobre Cristina Peri Rossi. El congreso, que había sido interesante por muchas cosas que no tenían que ver con las ponencias que leímos y escuchamos, se había terminado y en la noche final se iban a anunciar los ganadores del premio que Casa de las Américas otorga todos los años a escritores, poetas, ensayistas y demás. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde temprano se rumoraba que el Gabo, como se supone que le debe decir todo el mundo, iba a estar en el público, o más bien departiendo con el público. Se llegó incluso a afirmar que el mismísimo Fidel aparecería sin ser anunciado de antemano. Así que teníamos que emperifollarnos para la noche de los anuncios y mantener los ojos bien abiertos para no perdernos a ninguna celebridad. Conmigo estaban María Julia y Eleonora, con quienes viajé a unos cuantos congresos por esa época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar al auditorio donde se realizaría el evento nos encontramos de frente, casi en la puerta, con el primer premio Nobel que habíamos visto en la vida. El Gabo conversaba de lo más animado con un sujeto que sería seguramente sureño, por los gestos exagerados y la falta de respeto absoluta por el espacio personal que desplegaba. Parecía querer evitar que el Gabo desviara por un segundo la atención de lo que le estaba diciendo. El escritor llevaba una chaqueta que recuerdo marrón sobre una camisa tal vez blanca. Usaba unos pantalones azules, probablemente jeans, y unos mocasines de cuero que habían tenido mejores días. Recuerdo que me sorprendió su cabeza totalmente blanca, de una forma casi exacta a la cabeza grande y roma de mi papá. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotras nos quedamos paralizadas. Parecíamos adolescentes frente a una estrella de rock. Salúdalo tú, yo no tú, no tú… En fin, que mientras dudábamos y nos moríamos de la pena, el Gabo dio media vuelta y se instaló a conversar con unas señoras sonrientes que vinieron a rescatarlo del sureño egoísta. Tengo la impresión de que, por el rabillo del ojo, el Gabo nos había estado observando y se divirtió al presenciar, una vez más, la conmoción que producía su sola presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante mucho tiempo después de ese encuentro frustrado yo ensayé una y otra vez el diálogo que hubiera querido tener con el autor de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;El otoño del patriarca&lt;/span&gt;, uno de mis libros favoritos. Ya no me acuerdo del diálogo imaginario completo, pero sí recuerdo que entre otras cosas le hubiera dicho que yo era venezolana y que en Venezuela todos lo considerábamos nuestro escritor, nuestro premio Nóbel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguno de esos impulsos adolescentes me nubló el entendimiento cuando vi a Vargas Llosa por primera y única vez. Sería el año 1999 o, tal vez, 1998. Yo estaba haciendo mi tesis doctoral y todos los días caminaba desde mi casa hasta la British Library. Era mi lugar de trabajo, mi espacio para pensar y para aprender. Era el lugar en el que podía ver, en primeras ediciones, casi todas las novelas de los años cuarenta con las que estaba trabajando. Después de años pasando gran parte de la semana en ese templo del saber, ya me sentía como en mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa época había una rutina que todos los usuarios debían seguir sin falta. Al llegar, había que bajar al nivel donde estaban los acomodadores y dejar ahí abrigos, bolsos y cualquier cosa prohibida. A cambio le daban a uno una fichita con un número y una bolsa plástica transparente por si necesitaba guardar algo. Al salir se repetía el mismo proceso a la inversa. Uno entregaba su número y le devolvían sus pertenencias. Te puedes imaginar que en las horas pico se hacían unas colas gigantescas y mientras uno daba vueltas en círculos hasta que le tocara su turno no quedaba otra que distraerse mirando a los demás. Ese sistema lo cambiaron y ahora uno guarda directamente sus peroles en lockers, sin tanto protocolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el nuevo sistema disolvió un ritual social que era de lo más entretenido. En esos minutos de ordenada cola se igualaba todo el mundo. No había privilegios y tal vez por eso a mí me parecía un lugar de lo más democrático. Sobre todo en los fríos meses de invierno, porque al despojarnos de abrigos, guantes, gorros y bufandas, todos parecíamos más vulnerables. Y fue en esa cola que me encontré al hoy flamante premio Nobel. Le había visto desde atrás la cabeza entrecana y el perfil aguileño —como se dice. Era un tipo alto, con el apenas disimulado aire arrogante de los que conocen su lugar en el mundo. Me parecía conocido pero no lograba ubicarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando entregó sus pertenencias con un gesto —digamos— adusto, me pareció notar que estaba muy lejos de mostrar la misma vulnerabilidad del resto de los mortales, que nos sentíamos desprotegidos al entregar nuestras pertenencias a totales extraños. Entonces me imaginé que sería un &lt;span style="font-style:italic;"&gt;professor&lt;/span&gt;, es decir, uno de esos seres casi míticos que existen en las universidades británicas para escarnio del resto de los mortales. Pinta no le faltaba al hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, después de recibir su ficha y su bolsita plástica, me pareció que se tardaba más de la cuenta en la escalera que subía a las salas. Cuando había dado tres o cuatro pasos hacia arriba se detuvo como dudando y miró a su alrededor con aire majestuoso. Fue en ese momento que supe quién era. Sólo un latinoamericano famoso, sorprendido de la falta de reconocimiento que otorga a todos por igual la inhóspita ciudad de Londres, hubiera hecho aquel gesto. Sólo un ego bien alimentado se podía atrever a exigir reconocimiento en medio de una manada imparable de estudiantes e investigadores que sólo querían refugiarse lo más pronto posible en sus mullidos asientos en las salas de lectura con calefacción. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez el escritor estaba genuinamente esperando a alguien o tratando de ubicarse en el laberinto de pasillos y escaleras y yo le atribuí una arrogancia de la que no era en absoluto culpable. Como sea, esta vez no tuve el menor impulso de saludar al autor que tendría, diez o más años después, una celebridad a la altura de sus ambiciones. Al contrario, le pasé por al lado y no me digné a otorgarle ni siquiera una rápida mirada de incredulidad. Sin embargo, por pura curiosidad antropológica, busqué en los ficheros de la British Library, para ver cuántos de sus libros estaban en la magna casa de estudios. Estaban, por supuesto, todos. En primeras y sucesivas ediciones y en varios idiomas. Algo que, con seguridad, ya había averiguado con satisfacción el futuro premio Nobel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuánto valdrían hoy dos libros firmados por esas dos figuras o un par de simples autógrafos en papel de servilleta? No creo que sea necesario hacerse esa pregunta. Hay que tener un talante novelero, del que yo carezco, para andar por la vida coleccionando celebridades. Pero no pude evitar echarte aquí mi cuento después de leer varios textos esta semana sobre los excelsos galardonados. El cuento de cómo no conocí —pero estuve en presencia de— los dos únicos premios nóbeles latinoamericanos  de literatura vivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No creo que vaya a releer a Varguitas. No soy precisamente admiradora de su prosa totalizante, de sus universos abarcadores ni de sus personajes acartonados, aunque haya disfrutado &lt;span style="font-style:italic;"&gt;La tía Julia y el escribidor&lt;/span&gt;, tal vez el único de sus libros realmente entretenido. Pero he estado leyendo algunos de sus ensayos y sus textos periodísticos, con los que me siento menos incómoda. Tal vez por ahí me reconcilie con esa imagen arrogante que me tropecé una vez en Londres. No que sea necesario, de todos modos. Bastantes lectores le sobran ya al encumbrado autor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espero que la suerte te libre de los relectores del susodicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un abrazo,&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-7598601426033626971?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/7598601426033626971/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/10/de-como-no-conoci-dos-premios-nobel.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7598601426033626971'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7598601426033626971'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/10/de-como-no-conoci-dos-premios-nobel.html' title='De cómo NO conocí a dos premios Nobel'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TLx6xflmbvI/AAAAAAAAC1M/8tyqKmmn5iM/s72-c/a_nudo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-1331560502098689039</id><published>2010-10-04T17:47:00.005+01:00</published><updated>2012-01-26T11:35:49.090Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Aniversario'/><title type='text'>Seis años</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TLx7S4k1tsI/AAAAAAAAC1U/3tE3ZPBOco0/s1600/hojas_04.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TLx7S4k1tsI/AAAAAAAAC1U/3tE3ZPBOco0/s400/hojas_04.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5529430006858888898" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy he iniciado el día con un ritual que he repetido todos los 4 de octubre desde hace seis años. Encendí una vela delante del retrato de mi hermana y traté de recordarla de la mejor manera posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En años anteriores este ritual terminaba siempre con una tristeza terca y dura que me era difícil soportar. Pero esta mañana me di cuenta de que la tristeza, más tarde o más temprano, termina retrocediendo, para dar paso a una especie de paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que hoy, en vez de sentarme a llorar frente a la imagen de mi hermana, decidí recuperar algunos recuerdos que me permitieran mantenerla viva en mi memoria y, en lugar de lamentar su muerte, decidí celebrar su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acordé de las veces que viajamos juntas. Sobre todo de aquella vez que fuimos a Apure a quedarnos en carpa en el medio de la sabana. Antes de agarrar rumbo a lo desconocido teníamos que dormir en San Fernando y no se nos ocurrió mejor idea que aceptar la sugerencia de mi papá —apureño por los cuatro costados— de quedarnos en un hotel del que nos dió todas las señas. Nunca encontramos el famoso hotel, que debió desaparecer años atrás. Y después de horas de deambular, cuando ya se había hecho de noche, decidimos quedarnos en el primer hotel que encontramos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras nuestros respectivos maridos resolvían lo de las habitaciones, Rebeca se asomó a la camioneta donde yo los esperaba, acompañando a Patricia, que tenía apenas unos dos años y estaba dormida. Rebeca venía doblada de la risa. Yo no entendía de qué se reía y cuando ella trataba de hablar y reirse al mismo tiempo era imposible entender nada. Al final logré descifrar que se reía del nombre del hotel. Por más que intento no me puedo acordar del nombre, pero sí me acuerdo que Rebeca estuvo años contando el cuento de aquel lugar, que parecía más bien un burdel de ínfima categoría. Se llamaba algo así como “El Matadero”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También me acordé de cuando fuimos al matrimonio de Yndhibeth, una prima nuestra que se casaba en el templo votivo de la virgen de Coromoto. No sé si has estado ahí, pero eso es mucho más que una iglesia, es un lugar gigantesco, hecho para albergar multitudes. Veníamos tarde, porque salir con Rebeca era un ejercicio de paciencia, a última hora siempre se tenía que devolver a buscar algo que se le había quedado y siempre miraba el reloj con toda calma y anunciaba que todavía teníamos tiempo, aunque lleváramos media hora de atraso. Cuando llegamos, vimos que la boda había empezado y entramos apuradas a la iglesia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo andaba con una cámara y quería tomar fotos antes de que la ceremonia se terminara, así que me adelanté, con mi cámara en la mano, y un par de veces intenté enfocar a los novios. Pero estábamos lejísimo y no era posible, así que seguí caminando casi hasta llegar al altar. Cuando pudimos ver con claridad a los novios nos dimos cuenta de que no eran ellos. Rebeca no se pudo contener y lanzó una carcajada inmensa que retumbó en la bóveda del templo con un eco casi siniestro. La carcajada nos dio todavía más risa y tuvimos que salir por una de las puertas laterales casi corriendo, para no interrumpir más la boda ajena. Pero los familiares de los novios desconocidos con seguridad estuvieron escuchando nuestras carcajadas por un buen rato hasta que logramos calmarnos. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Con esos recuerdos de mi hermana riéndose he pasado este día, sorprendida de sentir que de verdad, con el tiempo, el dolor se cura. Aunque queden en pie la nostalgia y una aguda sensación de vacío, que tal vez no se acabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo menos triste que antes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-1331560502098689039?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/1331560502098689039/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/10/seis-anos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1331560502098689039'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1331560502098689039'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/10/seis-anos.html' title='Seis años'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TLx7S4k1tsI/AAAAAAAAC1U/3tE3ZPBOco0/s72-c/hojas_04.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-1881724907911572133</id><published>2010-09-29T14:42:00.003+01:00</published><updated>2010-09-29T14:48:42.361+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Recordar las casas'/><title type='text'>Recordar las casas 4</title><content type='html'>Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo con mi cuento de las casas. Antes de contarte de la primera casa en la que vivimos en Barquisimeto, tal vez debería escribir una entrada sobre las muchas casas que en Guanare eran como nuestras, por el tiempo que pasábamos ahí y porque me acuerdo de sus detalles como si hubiera vivido en ellas. Las casas de mi madrina Alcira, de José Gómez, de doña Reina Martínez, de la señora Beatriz y el señor Marcos Rodríguez, la de mi tía Nereida… y hasta la residencia del gobernador, donde entrábamos como Pedro por su casa. Pero creo que ese cuento es muy largo y lo voy a dejar para más adelante.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera casa en la que vivimos en Barquisimeto quedaba en la urbanización Los Leones. Creo que nos mudamos a esa zona de la ciudad porque ahí vivía una de las hijas de mi madrina Alcira con su esposo y ellos ayudaron a mis padres a encontrar esa casa. Yo no recuerdo haber ido a Barquisimeto nunca antes y cuando llegué, con el escaso equipaje de mi año en el internado en Boconó, me sentí rarísima en aquella casa asoleada y amplia. Tal vez en ese momento dejé de pertenecer a mi familia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, creo recordar la casa bastante bien. Era de dos pisos. Tenía un pequeño jardín adelante con grama y sin cercas de ningún tipo. En ese tiempo la gente no se encerraba tanto como ahora. La puerta de entrada tenía al lado una jardinera llena de matas. Al entrar, directamente frente a la puerta, estaba un pequeño despacho donde mi papá instaló su escritorio, sus trofeos y sus libros. Al lado había un pequeño bañito para las visitas. A la derecha estaba la sala amplia, con ventanales del piso al techo que daban al patio de atrás. Para esa sala se compraron los dos sofás marrones, modernos y mullidos que sobrevivieron durante años a todas nuestras mudanzas.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del otro lado estaba el comedor, en un espacio idéntico al de la sala. También tenía unas ventanas del piso al techo y una puerta de vidrio que daba al patio. Los muebles del comedor también eran nuevos, livianos y prácticos. Creo que por primera vez tuvimos una mesa de comedor de vidrio, que parecía como sostenida en el aire por una pata de metal apenas visible. El comedor tenía seis sillas de metal cromado con asientos de esterilla. A mí me parecía todo muy moderno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cocina estaba justo detrás del estudio. No recuerdo los detalles de los muebles de la cocina, pero recuerdo que era empotrada y tal vez marrón o beige. Aunque no era totalmente nueva, como la que teníamos en la casa del cerro, creo que tenía el mismo estilo del resto de la casa. Más allá de la cocina había un cuarto de servicio y un pasillito que daba tanto al patio de atrás como al de adelante. Había una especie de entrada de servicio cerrada con una reja que recuerdo azul. Ahí estaban los potes de basura y se guardaban cosas de limpieza y herramientas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El comedor y la sala estaban divididos por una escalera de base de hierro y escalones de madera. A mí me parecía una escalera muy elegante. Y me acuerdo que al llegar a la casa fue una de las cosas que más me impresionó, además de los muebles nuevos. Durante el tiempo que vivimos ahí recuerdo haberme sentado en esos escalones más de una vez. A veces para escaparme del ruido que hacían las visitas, a veces para escuchar discretamente lo que se hablaba abajo sin ser vista. Era el lugar perfecto para espiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arriba había una sala de estar que daba a un balcón. No sé por qué la puerta del balcón se abría poco. Supongo que porque el calor de Barquisimeto no permite que uno ande afuera mucho tiempo. O tal vez porque había que estar pendiente de no dejar la puerta abierta. No sé. El caso es que no recuerdo que usáramos mucho ese balcón. Pero me acuerdo de sus baldosas pálidas y del residuo blanco que le quedaba a uno en las manos, los brazos o la ropa si uno se recostaba del pretil para mirar hacia afuera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la salita de estar se amontonaban las sillas reclinables que habían estado en la terraza de la casa del cerro. Las sillas eran demasiado grandes para el espacio de esa pequeña sala, pero ahí estaban, frente a un televisor que, por primera vez, recuerdo que se convirtió en el centro de convivencia de la familia. Cuando vivíamos en Guanare teníamos un televisor en blanco y negro, pero sólo se veían el canal ocho y —creo— el cinco. Aparte de las comiquitas que pasaban en la tarde nada nos parecía interesante. Aunque si podíamos ver la lucha libre, tarde en la noche, era como un día de fiesta. Pero eso solamente pasaba cuando mis padres estaban afuera y las muchachas que nos cuidaban aceptaban romper las reglas sólo por esa vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta casa de Barquisimeto se veían más canales y adoptamos la costumbre de ver series de televisión y telenovelas. No me acuerdo cuáles, pero me acuerdo de haber pasado horas en ese lugar, viendo distintas series americanas. Tal vez en esa época veíamos Hawaii 5-0, Columbo, Koyak y alguna otra película de guerra o del lejano oeste, que eran las preferidas de mi papá. Supongo que veíamos también Sábado Sensacional, con Amador Bendayán, y los infaltables concursos de Miss Venezuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alrededor de la salita de arriba se distribuían los cuartos, dos a cada lado. Creo que había un baño a la izquierda y que dentro del cuarto principal había un tercer baño. Pero no estoy segura de eso. Lo que sí recuerdo es que mantuvimos la distribución de los cuartos y seguimos durmiendo como antes, mi hermana mayor con mi hermana menor y las dos del medio juntas. El cuarto que sobraba era usado como cuarto de huéspedes y por un tiempo durmieron ahí mis primos Pedro e Indalecia, porque Pedro estaba haciendo una pasantía, o algo así, en Barquisimeto y se acababa de casar con su mujer. Hasta que por una razón que no recuerdo se pelearon con mi papá o con mi mamá y se fueron furiosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el patio de atrás tuvimos un perro, Happy, que nos trajimos cachorrito de Guanare. Nos lo había regalado la señora Gladis de Parra y era hijo de un casar de mucuchíes que ella había tenido por años. Mi mamá, por supuesto, no quería más perros. Pero todo el mundo en la casa quería uno y había un patio tan grande que al final terminamos convenciéndola de que el perro no molestaría para nada. Yo me sentía responsable del perro y lo cuidaba lo mejor que podía cuidar a un animal una niña de doce o trece años. Era mi consentido y me acuerdo que me sentía el centro de la atención cuando salía a pasearlo, porque era inmenso, parecía un oso polar, y yo era todavía una flacuchenta desgarbada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel inmenso animal parecía que podía salir corriendo en cualquier momento, levantándome del suelo como una barajita, si quisiera. Pero me hacía caso y conmigo se portaba bien. Con el resto de la gente era una fiera. Más de una vez se escapó del patio y le dió sustos mortales a los carteros, heladeros y demás vendedores ambulantes. Cuando había visitas, teníamos que encerrarlo o amarrarlo porque ladraba sin parar durante horas. Por suerte, el patio de atrás estaba dividido en dos partes, una que estaba cubierta de ladrillos y quedaba a nivel de la planta baja de la casa, y otra que quedaba un metro más abajo, cubierta de grama y rodeada de una cerca con enredaderas muy tupidas. En ese patio de abajo Happy pasaba el día. Yo lo acompañaba todo lo que podía, pero la verdad es que a veces el pobre perro se quedaba solito por días y se distraía ladrándole a todo el que pasaba por detrás de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuvimos también un pato que se llamaba Charlie. No me acordaba del pato, pero mi hermana Renée me lo recordó en estos días, cuando supo que estaba escribiendo sobre la casa de Los Leones. El pato fue un regalo para ella y desde el principio se pensó que era macho. Pero en algún momento puso un huevo y se supo que el tal pato era en realidad una pata. Me acuerdo del patico caminando detrás de nosotras, en fila india, como hubiera hecho en su estado natural. Me acuerdo que olía a pan con leche y que se dejaba hacer cariño largo rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparte de las mascotas, una de las cosas que más recuerdo de esa casa es la libertad con la que seguíamos entrando y saliendo, como en Guanare. A Ruth y a mí nos habían regalado en diciembre unas bicicletas, de esas con manubrio alto, asiento alargado y frenos en los pedales, y nos dedicábamos a pasear por la urbanización Los Leones durante todo el tiempo que nos quedaba libre. De una de esas bicicletas se cayó Renée, mientras trataba de aprender a andar sin rueditas, y se fracturó un brazo. Yo siempre me sentí culpable de ese accidente, porque se suponía que yo debía sostenerla por detrás. Pero, por suerte, ella no se acuerda ya de mi responsabilidad en el asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerca de la casa había unas canchas de tenis y ahí nos íbamos en bici a ver jugar a los muchachos. Supongo que fue ahí que mi hermana Rebeca conoció a Luis y fue alrededor de esas canchas que se enamoraron y comenzaron una relación que mis padres aceptaron sólo a regañadientes muchos años después. Era la primera vez —y tal vez la única— que mi hermana mayor hacía algo que no estaba de acuerdo con lo que mis padres querían. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rebeca era una niña ejemplar. La mejor estudiante, la que jamás se portaba mal. No lloraba, no se quejaba, no se enfermaba nunca. Apenas le dió hepatitis una vez y, en lugar de sentirse mal por estar enferma, creo que mi hermana se sentía mal por poner a todo el mundo a correr con su enfermedad. Ella era el ejemplo a seguir. Y cuando las boletas con nuestras notas llegaban a la casa, todo eran elogios para mi hermana mayor y para el resto, quejas y reclamos del tipo, “¿por qué no puedes estudiar y sacar buenas notas como tu hermana?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez por eso los amores con un joven que, a los ojos de mis padres, sólo jugaba tenis y andaba de vago por la vida, era lo más imperdonable que mi hermana podía hacer con su existencia. Pero su única rebeldía en la vida sería la definitiva. Por eso la casa de Los Leones es el lugar en el que para mí comenzó la adolescencia. Porque ahí mi hermana mayor, dechado de virtudes, comenzó a tomar las riendas de su vida, es decir, a desobedecer a sus mayores. Y creo que nosotras seguimos después, portándonos cada una peor que la anterior. Hasta el punto de que mi hermana menor ya no tuvo que portarse mal, porque no había ya ninguna barrera que romper cuando le llegó su turno.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa casa, después de mucha resistencia y conciliábulos y altas y bajas, mis padres aceptaron que Rebeca recibiera a su novio. Porque a pesar de que sabía que estaba haciendo algo que sus papás no querían que hiciera, ella quería hacerlo, de todos modos, siguiendo las reglas. Esas visitas yo las recuerdo todavía como una de las cosas que más vergüenza ajena me han producido en la vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La visita debía durar un tiempo exacto, medido por reloj. Los novios debían sentarse en la sala y alguien debía estar, si no presente ahí en la sala con ellos, al menos en el comedor o en la cocina y asomar cada tanto la cabeza con el pretexto de ofrecer café o agua o jugo o algún postre. No eran ofrecimientos amables. Era más bien una manera de anunciar la permanente vigilancia y no me extrañaría que más de una vez, aunque el invitado hubiera dicho que sí, que quería un cafecito, la bebida no llegara nunca. Cuando el tiempo de la visita se cumplía mi mamá hacía un ruido ostentoso desde la cocina o el comedor y los novios sabían que tenían que empezar a despedirse. Si la despedida duraba mucho mi mamá salía furiosa señalando el reloj y apurándolos sin misericordia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cuánto esfuerzo se invirtió en esos años en frustrar algo que resultaría a fin de cuentas inevitable! Mi hermana terminó casándose con su único novio de la adolescencia y yo aprendí una lección definitiva. Jamás le diría a mis padres que tenía novio y nunca aceptaría que reglamentaran mis visitas, mis relaciones con otra gente, mis elecciones de vida. Yo tenía trece años y ya había decidido que dejaría de vivir con mis padres en la primera oportunidad que tuviera. Tres casas después lo cumpliría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De resto, no recuerdo mucho más de esa casa. Para mí ese año en Barquisimeto resultó de una nulidad absoluta. En mi vida no parecía suceder nada, porque yo ya no me sentía una niña pero estaba lejos de ser una adulta, así que estaba en un limbo horroroso. Todo le pasaba a los demás, no a mí. Tal vez por eso no me acuerdo demasiado de la tristeza de irnos, aunque mi mamá hubiera decidido regalar nuestras mascotas a los vecinos de al lado. La tristeza por haber perdido a mi perro parecía compensarse con la promesa de la capital, donde la vida —finalmente— comenzaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Caracas viví con mis padres en una casa en la California Norte y en un apartamento en Terrazas del Club Hípico. Después ellos se mudaron de nuevo a Barquisimeto y yo me quedé en Caracas, estudiando en la universidad. Estamos ya cerca del tiempo en que nosotras nos conocimos. Pero faltan dos casas, por las que te voy a pasear otro día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un abrazo,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-1881724907911572133?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/1881724907911572133/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/09/recordar-las-casas-4.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1881724907911572133'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/1881724907911572133'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/09/recordar-las-casas-4.html' title='Recordar las casas 4'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-7412966406576392135</id><published>2010-09-27T18:33:00.002+01:00</published><updated>2010-09-27T18:36:39.409+01:00</updated><title type='text'>¡Somos mayoría!</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TKDWHPbm-gI/AAAAAAAACzg/1rc8mWjuuDY/s1600/a_flor.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TKDWHPbm-gI/AAAAAAAACzg/1rc8mWjuuDY/s400/a_flor.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5521648563045988866" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ayer he estado pegada a la computadora, escuchando la radio y leyendo la prensa de la tierruca para conocer el resultado de las elecciones parlamentarias. Cuando te escribo esto, a las seis y media de la tarde —hora de aquí— todavía faltan cifras. Pero hay algo que ya está clarísimo: oficialmente, la oposición a Chávez, si se cuentan los votos uno por uno, es mayoría. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mayoría escatimada y disimulada, que ningún funcionario del gobierno que quiera seguir estando en las buenas con el jefe puede aceptar. Pero mayoría al fin. Y eso es lo que cuenta. Que uno a uno los venezolanos le están diciendo a Chávez que el tiempo de cambiar se acerca y quien va a tener que salir en volandas ahora es él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sábado  pasado mi hermana Rebeca, si estuviera viva, hubiera cumplido cincuenta años. He estado dándole vueltas a algo que pudiera decirte que no haya dicho ya en este blog. Y hoy lo encontré. Si mi hermana estuviera viva estaría en este momento, con su dedo manchado de tinta, encantada de los resultados de estas elecciones. Yo la hubiera llamado para preguntarle qué le parece todo y ella me hubiera echado los cuentos de cómo votó, de qué pasó en Barquisimeto, de las cuentas que no dan porque el gobierno cambió las leyes electorales para que los porcentajes jugaran a su favor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que esa es la mejor manera de recordar hoy a mi hermana. Imaginármela feliz!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya vendrán días en los que nos quejaremos de los políticos. Pero hoy se me antoja más bien celebrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te mando un abrazo entusiasmado,&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-7412966406576392135?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/7412966406576392135/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/09/somos-mayoria.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7412966406576392135'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/7412966406576392135'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/09/somos-mayoria.html' title='¡Somos mayoría!'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TKDWHPbm-gI/AAAAAAAACzg/1rc8mWjuuDY/s72-c/a_flor.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-962365089482236853</id><published>2010-09-23T15:43:00.004+01:00</published><updated>2010-09-23T18:06:18.443+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tiempo'/><title type='text'>Equinoccio de otoño</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TJttwXNDv2I/AAAAAAAACy8/GRdk1rrHt_s/s1600/a_heno_2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TJttwXNDv2I/AAAAAAAACy8/GRdk1rrHt_s/s400/a_heno_2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5520126445902610274" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lyo me recordó esta mañana que hoy es el equinoccio de otoño. A partir de ahora los días van a ser más cortos y las noches más largas. En los campos alrededor del pueblito en el que vivimos ya se recogieron las cosechas y se están preparando los campos para la siembra que debe retoñar la próxima primavera. El polo norte se prepara, pues, para los duros meses de invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los días amanecen grises y no provoca salir de la cama, ni asomar la nariz más allá de la puerta, aunque el termómetro todavía oscila entre los quince y los veinte grados. Tal vez por eso el otoño es el tiempo de las indecisiones y de las dudas. Un tiempo en el que los errores de cálculo se perdonan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca sabes si vale la pena aventurarte al mundo exterior y si lo haces no sabes jamás qué ponerte. No es necesario prender la calefacción todavía, pero hay tardes en las que no entiendes por qué estás muerta de frío y cuando te levantas a prepartarte un tecito para calentarte los huesos te das cuenta de que las ventanas han estado abiertas todo el día, como si siguiera siendo verano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abres el closet y decides que ya es hora de guardar las franelas blancas que usaste en el verano, los vestiditos sin mangas, los pantalones a media pierna, los suéteres delgaditos que no abrigan. Sacas las ropas gruesas de la maleta donde guardas lo que no usas todo el año. Lavas las bufandas y emprendes la cacería de los pares de guantes que están guardados en los sitios más inesperados de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el otoño, pues. El entretiempo en el que se te permite descuidarte por unas semanas, para que no te agarre del todo desprevenida la llegada inclemente del invierno. Pero sabes que ya no te queda mucho tiempo más para airear los abrigos y habilitar el edredón más grueso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allá en la tierruca, sin embargo, la única diferencia debe ser que ahora el sol cae realmente a plomo. Vertical sobre todas las cabezas. Y es posible decir que es mediodía -cuando es mediodía- con sólo ver la sombra neta que proyectan las cosas sobre el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero imaginar ese sol no compensa cuando te escribo frente a una ventana que recorta un cielo gris donde no cabe otra nube.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aún así te escribo sin ton ni son para contarte del inicio del otoño. Y para mandarte otra vez un abrazo... equinoccial!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;r&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8356164340588412654-962365089482236853?l=notasparaeliza.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/feeds/962365089482236853/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/09/equinoccio-de-otono.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/962365089482236853'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8356164340588412654/posts/default/962365089482236853'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://notasparaeliza.blogspot.com/2010/09/equinoccio-de-otono.html' title='Equinoccio de otoño'/><author><name>Raquel Rivas Rojas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09549994661993602136</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-DrYard2pCoU/Tzk8mbIfhqI/AAAAAAAAD4g/ShqxjL6ojW4/s220/RRR_2012.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TJttwXNDv2I/AAAAAAAACy8/GRdk1rrHt_s/s72-c/a_heno_2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8356164340588412654.post-533851225314329726</id><published>2010-09-22T12:50:00.005+01:00</published><updated>2010-09-23T18:12:11.334+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poemas'/><title type='text'>Mapa de nunca</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TJuKWNmtXEI/AAAAAAAACzI/v4PwN-KfFwo/s1600/a_mapa.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_uyIUanK1ar8/TJuKWNmtXEI/AAAAAAAACzI/v4PwN-KfFwo/s400/a_mapa.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5520157882486447170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amiga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana amanecí con ganas de saber de la tierruca y escuché la radio. Escuché las noticias, las entrevistas, los preparativos para las elecciones del domingo. Y volví a sentir la tierruca como un territorio ajeno, un “mapa de nunca” como diría Cortázar, hecho de papel y de voces que vienen de lejos, pero todavía convocando una nostalgia. Como una foto vieja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La semana pasada recibí un libro de Cortázar que estaba esperando desde hacía días. Son los &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Papeles inesperados&lt;/span&gt; que publicó Alfaguara en el 2009, con algunos de sus muchos textos póstumos. Hace tiempo que no leía a Cortázar y leerlo de nuevo me recordó a ese ser que fui cuando lo leía: un bicho pedante y ambicioso, exigente y autista, distraído de todo lo que no me afectaba a mí en particular. Como todos los jóvenes, supongo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos dos sentimientos se me juntaron hoy y me obligué a sentarme a escribirte esta nota, a pesar de la lluvia y de la falta de sol, a cuatro manos con Cortázar, de quien te copio un poema que habla de la lejanía en la 
